Especial Verde

Vida útil para el plástico inútil

La limpieza de las playas en la temporada 2018-2019 dejó 3,8 toneladas de residuos. De ellos, más de una tonelada es plástico. Gran parte de esa basura está en un depósito en Quilicura esperando un destino. A continuación, algunas ideas: iniciativas que están haciendo algo útil y bien diseñado con plástico desechado.


Anteojos Karün: todo entra por la vista

Thomas Kimber recuerda que cuando estaba en segundo año de Ingeniería Comercial, sus profesores le enseñaban que el objetivo de las empresas es maximizar el retorno a los accionistas y que la economía se basa en el egoísmo del ser humano. En las pruebas, él respondía que no estaba de acuerdo con eso. Como lo estaba pasando mal, decidió dejar la universidad y emprender, convencido de que podía demostrar que era posible un modelo diferente de empresa y de sociedad. Inspirado por su madre fotógrafa, quien lo llevó varias veces el sur, puso su foco en la naturaleza.

“Ha sido un camino súper largo y duro. Estuve al borde la quiebra tres veces, sin plata ni para pagar los sueldos, y hospitalizado por estrés”, cuenta. Después de experimentar el éxito y el fracaso, hoy está disfrutando el presente con sus anteojos Karün (“ser naturaleza”, en mapudungun). “Quise incursionar en la industria de la moda porque es la tercera más contaminante. Los anteojos es lo primero que ves de la gente, entonces el mensaje es inmediato”, dice. Kimber agrega que su motivación es que la gente reflexione sobre “cómo sería el mundo si todos entendiéramos que somos naturaleza”. Karün tiene dos líneas de anteojos: una con madera nativa de la Patagonia y otra con redes de pesca reutilizadas. Esta última línea se llama Pacific y los desechos fueron recogidos en el estuario de Reloncaví, en Cochamó. Ahí vive Pedro Rubio (52), recolector que trabaja con Karün.

Hace quince años, Pedro empezó a recolectar latas de bebidas que vendía a una fábrica de chatarra de Puerto Montt y palos que le servían para hacer fuego en la casa. Desde hace tres años recorre el borde costero y recolecta las redes en desuso de las salmoneras y los mitilicultores. Lo hace para ayudar al emprendimiento de Rosa, su mujer, que quiere abrir un local para vender sus empanadas veganas y de chocolate rellenas con frambuesa y pétalos de rosa. Pero también lo motiva la idea de limpiar el lugar donde vive. “Esto es la cara de Dios, lo último que nos queda en el planeta. Hay que cuidarlo”, dice.

www.karunworld.com

 

Sustentabla: una tabla de surf sostenible

Cuenta la arquitecta Daniela Larrea que el paisaje en isla Mocha, en la Región del Biobío, es impresionante: bosque nativo, aves endémicas, lagunas sobre los cerros y playas paradisíacas. Pero todo eso se ve opacado por un problema grave: las corrientes marinas arrastran hasta sus costas muchos residuos plásticos.

Esa realidad la inspiró a ella y a sus amigos de montañismo Sara Pinochet y Nicolás Valdivieso a hacer algo para reducir la basura plástica. Así nació el año pasado Sustentabla, una startup que convierte los residuos en pellets reutilizables, materia prima para fabricar tablas de surf.

La tabla de surf de Sustentabla es 100% de plástico recolectado en la limpieza de las playas de isla Chañaral, Chañaral de Aceituno e isla Mocha. Cada una ocupa 5,5 kilos de plástico reciclado. “La limpieza de las playas son clave para dar a entender el problema de los plásticos en el medioambiente y en los océanos. Cuando la gente se involucra, recoge y ve con sus propios ojos el estado de los residuos, logra registrar de por vida este gran problema”, dice Daniela.

A diferencia de una tabla corriente, la “surftentabla” no necesita de fibra de vidrio o resina, “evitando el proceso de lijado que es tan contaminante y tóxico para la persona y el ambiente”, explica Daniela. Agrega que al ser de plástico es más resistente que una tabla convencional, pero también un poco más pesada, y las terminaciones no quedan perfectas como una tradicional. “Hay que privilegiar su mayor ventaja: que es una tabla 100% reciclable. Si le sucede algo, nosotros nos encargamos de recibirla y reciclarla nuevamente, para así no generar ningún residuo y ser responsable como productores”, dice.

www.sustentabla.com

 

Joya plástica: ¿bolsas en las orejas?

“¿Cómo me voy a colgar una bolsa en la oreja?”. “¿Cómo puede costar 15 lucas si es plástico?”. Esas y otras preguntas les hacían a Pía Calderón y a Constanza y Pía Álvarez, que son una mamá y dos hijas que crearon un emprendimiento de aros y collares elaborados a partir de bolsas de supermercado, de pañales o de papel higiénico; envoltorios de six packs, sobres plásticos y forros de cuadernos, entre otros desechos. Las tres tomaron clases de orfebrería y apostaron por el diseño: “Queremos que la gente se enamore por la belleza y después por la propuesta ecológica”, dice Pía Álvarez, y agrega: “Las personas tienden a creer que lo reciclado no es de buena calidad o no está bien diseñado. Buscamos cambiar ese paradigma, queremos competir con cualquier otra joyería”. Hoy trabajan con dos diseñadoras, y un centro de innovación les está creando una máquina especializada, porque al principio endurecían el plástico con una plancha o con una máquina para estampar poleras. Las joyas son de plástico y el herraje es de plata enchapada en oro. “Nuestra piedra preciosa es el plástico”, comenta Pía.

www.joyaplastica.com

 

Puro viento: segundas oportunidades

Dar una segunda oportunidad al material en desuso y a las personas que están en la cárcel. De eso se trata Puro viento, emprendimiento magallánico que las diseñadoras Alejandra y Rossana Venegas crearon en 2010 como una forma de minimizar el impacto negativo de los lienzos y pendones publicitarios que se van a la basura. Con eso confeccionan mochilas, bolsos, billeteras y estuches.

El emprendimiento se convirtió también en una nueva oportunidad para personas privadas de libertad. En Punta Arenas, donde la gente está acostumbrada a trabajar la lana, la madera y el cuero, a las hermanas Venegas les costó encontrar manos dispuestas a limpiar, cortar y diseñar con los pendones. Entonces preguntaron en el centro penitenciario de la ciudad y ahí encontraron gente con ganas y necesidad de colaborar.

Una vez que recogen los pendones en distintas tiendas del retail, los llevan al centro penitenciario para limpiarlos (con agua lluvia, para hacer ecológico el proceso) y cortarlos. Luego, distintas jefas de hogar de la ciudad se encargan de la confección. Y finalmente, ellas venden los productos en su página web. “Además de ser sustentable, de este proyecto participa toda la comunidad”, dice Alejandra Venegas.

www.puroviento.cl

 

LUP: tejer con plástico

Mientras cursaban un Magíster de Innovación y Diseño, Javiera Badilla, Sebastián Santamaría y Rafael Salas se hicieron preguntas. ¿Por qué usamos tan poco tiempo los productos hechos con plástico si este material perdura cientos de años? ¿Cómo podemos aprovechar esa durabilidad? En 2017 crearon LUP, empresa que transforma el plástico en productos pensados para perdurar en el tiempo.

Lo que hacen es procesar residuos plásticos -principalmente tapas de botellas- y convertirlos en un filamento flexible llamado fibra LUP, una especie de cordel de plástico diseñado para tejer objetos como canastos, pantallas de lámparas o taburetes. “Nos interesa rescatar el valor de lo hecho a mano”, dice Salas, y cuenta que testearon este material con los artesanos de Chimbarongo, una comunidad reconocida por la mueblería hecha con mimbre. “Fue el primer lugar donde quisimos probar la fibra LUP, porque son artesanos referentes en la cestería. Si ellos podían hacer cosas con esto, pensamos que se podría replicar”, cuenta Salas. Ahí surgieron los primeros prototipos de sus productos. Luego hicieron lo mismo con artesanos mapuches lafkenches de San José de la Mariquina, quienes trabajan con una planta llamada boqui pil pil.

Salas reconoce que la cantidad de plástico que reutilizan no es significativa comparado con lo que se consume: “Lo nuestro es hacer una reflexión sobre el proceso completo: cómo se piensan los productos que ocupan plástico hasta que se acaba su vida útil. Es imposible que el plástico desaparezca de la economía moderna, pero se puede utilizar de manera más inteligente”, dice.

www.plasticlup.com

Seguir leyendo