La profesora de inglés que emprendió al jubilarse

En 2016, Ana Teresa Heredia ganó el premio Mujer Empresaria Turística de Sernatur.

Luego de jubilar, ante la necesidad de generar ingresos extra, la ariqueña Ana Teresa Heredia abrió en esa ciudad el hostal La Paskana, por el que ganó en 2016 el premio Mujer Empresaria Turística de Sernatur. Aquí, cuenta su experiencia sobre levantar un negocio luego de trabajar como profesora toda su vida.


Cuando a Ana Teresa Heredia (71) le quedaban pocos años para jubilarse, hace poco más de una década, comenzó a rondarle la idea de acomodar una casa para recibir viajeros. Tenía pensado que no fuera muy grande, algo más bien familiar, pero que fuera cómodo, cercano y que pudiera ofrecer todo lo necesario para alguien que llegaba a Arica. Esa intención surgió mientras trabajaba como profesora de Inglés de la Universidad de Tarapacá, tras conocer a gente en su vida laboral que llegaba a la ciudad por asuntos académicos y buscaba un lugar así.

Fue el preludio de lo que años más tarde se convertiría en Hostal La Paskana, ubicado en la calle Lautaro 692, a un kilómetro del centro de la ciudad. Un recinto que, además de tener buenas valoraciones en las distintas páginas de reservas turísticas, ha sido distinguido por Sernatur por sus prácticas culturales y sustentables. No es antojadizo: sus habitaciones llevan el nombre de localidades de la región, mientras que en el día es normal escuchar música ambiental andina que busca empapar de inmediato a los viajeros con la cultura nortina y, por qué no, trasladarlos anticipadamente a lugares históricos a través de videos con imágenes de las festividades y atractivos de la zona.

Pero hubo más ingredientes que jugaron un rol en la cabeza de Ana Teresa Heredia. La idea de quedarse “sentada en su casa” disfrutando la jubilación era algo que no le agradaba ni una pizca. Su intensa vida profesional, que, por cierto, estuvo también muy ligada a actividades culturales con grupos folclóricos, le impedía que el retiro fuese abrupto.

También influyó su hijo, Marco Heredia (25). Restaban un par de años para que terminara la enseñanza media y comenzara la educación superior, e iba a necesitar ingresos frescos para poder cubrir los gastos, sobre todo, porque partir rumbo a Santiago era un destino casi ineludible para el hoy diseñador.

Seguir los pasos de su hijo tampoco estaba en los planes. “Fui madre soltera y más o menos ‘viejona’, entonces, al quedar sola tenía que hacer algo y prepararme con tiempo. Porque no iba a moverme de Arica”, cuenta risueña desde su hostal. El arraigo con su tierra era fuerte: nació en Humberstone, la oficina salitrera al oriente de Iquique, y a los 12 años se mudó con toda su familia a Arica. De ahí se movió para cursar un Máster en Enseñanza del inglés a hablantes de otros idiomas (TESOL, por sus siglas en inglés), en Iowa (EE.UU.), y luego a Nueva York, para trabajar por dos años como profesora invitada. Pero Arica siempre fue su ciudad y la U. de Tarapacá, su casa por 38 años.

“Sentía que con un hostal podía poner en práctica todos mis intereses, sobre todo culturales. Hablarles a extranjeros de la cultura de la gente del norte de Chile, de sus pueblos, de su historia, de su comida”, subraya Ana Teresa Heredia.

Toda esa idea germinó en 2011.

El arranque de un sueño

“Cinco años antes de jubilar empecé a preparar las cosas de a poco. Compré una casa en el centro de la ciudad, con crédito, y empecé a implementarla pensando en las experiencias que yo tuve cuando me tocaba viajar y quedarme en lugares. Y también empecé a prepararme para entrar en el rubro”, resalta Ana Teresa.

El salto no era menor: cambiarse de profesora de inglés a emprendedora. Por eso, no dudó un segundo en inscribirse en cada curso que se le presentaba. Tomó de contabilidad, de publicidad, cómo calcular precios, entre otras cosas. En esa búsqueda de perfeccionarse se acercó a Sercotec y se adjudicó fondos de Capital Semilla. “Pensé que no tenía muchas posibilidades por mi edad, porque ya me estaba jubilando y creí que le daban la posibilidad a personas que estaban comenzando. Al final eso no fue un impedimento, todo se trataba de ponerle ganas”, narra.

Con la locación, el conocimiento que iba adquiriendo, el apoyo de su hijo y el dinero que tenía ahorrado pudo poner en marcha la primera etapa de La Paskana, que significa “lugar de reposo” en quechua. Al inicio, un cuñado le ayudó a organizar la parte administrativa, apoyarla en la recepción e incluso con los trámites, pero tras un tiempo tuvo que irse y llegó un sobrino para cumplir esas labores.

Ana Teresa Heredia pensaba que, por su edad, no podría ser beneficiaria de fondos para emprendimiento. "Creí que le daban la posibilidad a personas que estaban comenzando. Al final eso no fue un impedimento", dice.

Eso sí, el trayecto ha tenido varios sobresaltos.

“Estuve un tiempo con el hostal, pero después me vino una enfermedad fea. Tuve un cáncer que me hizo perder casi dos años en Santiago”, recuerda. Fue un tiempo difícil entre fines de 2013 y 2015, pero las largas jornadas en la Fundación Arturo López Pérez, institución médica dedicada a la oncología, tuvieron un desenlace feliz.

Con la jubilación concretada y el cáncer superado, las energías y el dinero se canalizaron por completo a La Paskana. La plata que tenía ahorrada, la que recibió al jubilarse y las postulaciones a fondos –que exigen un porcentaje de parte del beneficiario– la ayudaron a potenciar con fuerza el hostal. “Fue bastante inversión propia”, dice.

Y así “empezó de nuevo”. Pasó de ofrecer su hostal a los amigos de sus amigos utilizando principalmente el “boca a boca” a perfeccionarse en el uso de internet y herramientas digitales. Creó una página web, comenzó a sacar más y mejores fotografías, a utilizar las páginas de reservas turísticas y a usar más el teléfono.

El hostal empezó a ganarse un lugar y a tener más clientes. En 2015 recibió el Sello S de Sustentabilidad Turística, y un año más tarde ganó el premio Mujer Empresaria Turística de Sernatur, que se elegía por votación popular a través de la página web del organismo. Un reconocimiento a esa vocación cultural y sustentable. Porque no era nada raro que en La Paskana llegaran comitivas de baile folclórico, niñas y niños con trajes coloridos y llenos de pliegues, o extranjeros pidiendo recomendaciones sobre las variadas visitas que se pueden hacer en la región.

Así, el sueño de Ana Teresa Heredia estaba en marcha. Las solicitudes para reservar se multiplicaron, el negocio creció e incluso pudo darles trabajo a dos personas.

“Lo primero que decía era que había que juntar el dinero para pagar las cosas. Porque con mi hijo en Santiago se sumaban gastos a las cuentas que ya tenía en el hostal, que eran primordiales. Eso era un alivio grande, poder tener un ingreso adicional”, agrega. Y por lo mismo, la satisfacción por la titulación de Marco ha sido enorme, e incluso él ha tomado responsabilidades en el manejo del hostal, aunque Ana Teresa asume que no será por mucho más tiempo.

La pandemia supuso otro desafío que ni la reputación ganada ni el trabajo realizado impidieron alejarse del virus. “Se extinguieron los recursos que tenía antes. Fue un período bastante ingrato, porque no había nadie y las deudas seguían, como la deuda hipotecaria, y gasté toda mi plata. Soy optimista, porque hoy la crisis disminuyó un poco su fuerza y han llegado turistas, pero también se me ha pasado por la cabeza que quizá deba cerrar y dedicarme a otra cosa”, revela.

La mirada positiva tiene sustento. No se ha quedado atrás con las herramientas digitales ni las redes sociales, ha seguido avanzando en el uso de tecnologías sustentables, como la instalación de paneles solares y, lo más importante, su espíritu no cede un milímetro.

Por eso, la fundadora del hostal La Paskana (@lapaskana en Instagram) reflexiona con felicidad a los años de esfuerzo que le ha significado poder crecer junto a su emprendimiento. “Miro hacia atrás y saco muchas cuentas positivas. Me hizo ser reconocida, algo que no esperaba, por cierto, y transformó mi vida. Saqué provecho de mi dominio del inglés y también de mi interés folclórico. Me siento ganadora, sin duda, pero hoy siento un poco de cansancio, porque tengo ya 71 años, aunque si me dan las herramientas puedo seguir creciendo”, reflexiona.

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