A Rodolfo Guzmán nunca le interesó poner un restaurante de moda. Quería probar hasta donde podía llegar la cocina chilena cuando se tomaba en serio a sí misma. El resultado es el Boragó, que el 2025 llegó al puesto 23 entre los 50 mejores restaurantes del mundo y que transformó a Chile, ese país que antes nadie venía a comer, en parada obligada del turismo gastronómico global. Por eso hoy, la mitad de sus comensales son chilenos y el resto viaja desde Singapur, Nueva York o desde cualquier parte del mundo, sólo para sentarse en su mesa.