El fin de la seriedad fiscal
SEÑOR DIRECTOR:
El miércoles en la noche se terminó de tramitar el presupuesto fiscal, y la sensación de quienes miramos las cifras con detalle es de una profunda nostalgia por los tiempos en que las autoridades eran serias.
El presupuesto aprobado para 2026 cierra un proceso fiscal de la actual administración caracterizado por el maquillaje o creatividad contable, situación que era desconocida hasta la llegada del actual gobierno.
A modo de ilustrar el punto, entre 2006 y 2022 sólo en tres ocasiones los presupuestos fiscales sobreestimaron los ingresos, para la crisis mundial del 2009, para la crisis social del 2019 y para la pandemia en 2020. En promedio, en dicho período, los presupuestos presentados por las autoridades sobreestimaron ingresos en 1,4% (incluyendo los tres períodos de excepción), es decir, las autoridades no mentían en su estimación de ingresos.
En cada uno de los años entre 2023 y 2025 –todos presupuestos presentados por la actual administración-, los ingresos fiscales han sido sobreestimados en promedio en 5,4%, lo que les permitió aprobar incrementos superiores en los gastos fiscales, generando desde 2023 (primer presupuesto de la actual administración) déficits fiscales 17% superiores a los aprobados por el Congreso, equivalentes a 2,4% del PIB, lo que ha implicado que, ya a junio de 2025, la deuda externa bruta alcanzó 42,8% del PIB, lo que significa un incremento de la deuda de 5% del PIB durante la administración Boric. Ello sin considerar el uso del fondo de estabilización económica, pese a no mediar ninguna crisis económica, y los nuevos y creativos gastos bajo la línea.
De este modo, el actual gobierno acaba de aprobar su último presupuesto, uno que sobreestima ingresos y subestima gastos, y que fue construido asumiendo que la oposición ganaría la elección presidencial, y por tanto diseñado para amarrar de manos a la nueva administración.
Michelle Labbé
Economista
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