Proteger el esfuerzo de años
SEÑOR DIRECTOR:
Los incendios recientes en Biobío y Ñuble han vuelto a golpear con fuerza a cientos de emprendedores en contextos vulnerables, para quienes una catástrofe no solo significa pérdidas materiales, sino también la interrupción de su principal fuente de ingreso y sustento.
En este escenario, la educación financiera adquiere un valor que muchas veces pasa inadvertido. Saber cómo proteger los ahorros, evitar guardarlos en espacios inseguros, comprender la utilidad de los seguros o planificar financieramente para imprevistos puede incidir directamente en la rapidez y la calidad con que una familia logra recuperarse.
La vulnerabilidad financiera no es solo falta de recursos; es, en muchos casos, falta de información, acompañamiento y herramientas para tomar mejores decisiones. Cuando el ahorro se guarda “bajo el colchón”, cuando no existe respaldo o cuando no se dimensionan los riesgos, el impacto de una emergencia se multiplica.
Por eso, promover educación financiera junto con acceso a financiamiento y acompañamiento cercano no es un complemento, es una estrategia de resiliencia. Significa ayudar a los emprendedores a proteger lo que han construido, anticiparse a los riesgos y enfrentar las crisis con mayor capacidad de respuesta.
En un país expuesto de manera recurrente a desastres naturales, fortalecer las capacidades financieras de quienes emprenden desde la vulnerabilidad es también una forma concreta de prevención, protección social y reconstrucción de futuro.
Mario Pavón
Gerente General
Fondo Esperanza
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