Tarde tibia noche caliente en Lollapalooza

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Una jornada de menos a más en el segundo día del festival con el multitudinario debut de Paloma Mami y los shows estelares de Américo, Post Malone y Twenty one pilots.


La gente corea "te vas-te vas-te vas" junto a Américo en el Lotus Stage en las primeras horas de esta noche de sábado, trayendo la salsa y la fiesta a Lollapalooza, confirmando que abrir los estilos es el santo y seña de esta edición, una apuesta hacia el futuro antes de anquilosarse en los mismos estilos. Con idéntica lógica fue el debut de Paloma Mami, la gran apuesta de la música urbana que despierta inusitado interés al punto de colapsar de público su breve presentación de apenas 19 minutos con tres singles y un tema inédito, y en el post show con la televisión haciendo fila para entrevistarla, esa misma televisión de la que se marchó cuando abandonó Rojo de TVN el año pasado como un símbolo de los tiempos. Plataformas de promoción hay muchas y la cantante chilena criada en Nueva York las aprovecha al máximo.

La tarde de la segunda jornada de Lollapalooza tuvo sus momentos pero nada descollante por largas horas. El saxofonista Kamasi Washington junto a su banda con dos baterías dieron clase de virtuosismo de jazz fusión como una versión de Congreso con esteroides. Ases Falsos con alineación reforzada incluyendo percusiones brindó un consistente show. Con su humor de niño índigo el líder Cristóbal Briceño contó que la última vez en Lollapalooza se habían pasado del tiempo, así que ahora retomaban.

Más tarde el trío británico Years & Years, sinónimo del cantante Olly Alexander, un ícono LGBT, demostró que es mucho más que un símbolo comunitario sino un intérprete carismático de grandes dotes vocales con algunos links al estilo de Michael Jackson. Se mostró particularmente emocionado por la respuesta del público, con risas que a ratos interrumpían su canto. El clásico "mijito rico" lo tenía realmente feliz y conmovido.

Para un nublado atardecer el sonido de los neoyorquinos Interpol parecía propicio. La banda que a comienzos de 2000 era parte vital del retrorock, emulando la oscuridad de referentes como Joy Division entre otros, ha envejecido sin mayor evolución. Ayer no fue la mejor de las tardes para el vocalista y guitarrista Paul Banks, a ratos desafinado y equivocando una de las entradas en "PDA", entre las mejores composiciones del insuperable debut Turn on the bright lights (2002). Sus visitas a Chile parecen ir de más a menos al igual que la calidad de su discografía.

Los platos fuertes superaron las expectativas. Primero Post Malone, el príncipe romántico de la música urbana con pasado metalero dejó en claro que se tiene muchísima fe. Sale absolutamente solo al escenario, nadie lo secunda. Funciona con harta pista, efectos en la voz, pirotecnia y llamaradas. Más chilla que canta pero seduce porque su hip hop romántico también es melódico y porque manifiesta muchísima entrega y sinceridad en lo que hace.

Luego Twenty one pilots, el dúo de Tyler Joseph en voz, bajo, teclados y guitarra, y Josh Dun en batería y trompeta, ofreció uno de los mejores números en lo que va de Lollapalooza con un gran sentido del espectáculo, energía y diversidad de estilos que dejan la sensación de contener varias bandas en una sola.

Proyectaron una imagen de rebelión, guerrilla y desprejuicio con un sonido masivo sostenido por apenas dos tipos que se desdoblan todo lo necesario para crear diversos ambientes. Dun es una máquina de ritmos y Joseph maneja una teatralidad exuberante. El público se mostró enardecido consonante con el cielo rojizo y algunas gotas de lluvia que le dieron un toque épico al remate de la segunda noche de festival.

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