Primavera Sound 2019: modelo para armar

rosalía sound

La inabarcable cita catalana se realizó el fin de semana pasado con el éxito esperado y sin ningún contratiempo frente a tanta música urbana y solistas pop "profanando" suelo santo indie. Al final, un evento con más de 200 artistas y 15 escenarios bien permite que cada uno experimente que quiera. O lo que pueda, ante la disparatada multitud de estímulos alrededor.


Buena jugada en un festival que se jacta de respetar el medio ambiente, vender a precio módico un vaso único en el que se bebe por el resto de la noche. Mala jugada, eso sí, que ese vaso vaya a parar las manos equivocadas. Sobre todo, cuando en su diseño se recuerdan line ups de los anteriores 18 años del evento realizado en Barcelona.

Así, podía pasar que algún nostálgico indie, camiseta de The Smiths-The Cure-Joy Division, y que maldijo al cielo el cartel de este año, bien tuviese que beber con amarguras sus cervezas. Pero se entiende, imagínense que sea el propio y fiel vaso quien le recuerde toda la noche que en lugar de mover el pie con algún artista urbano (que las extremidades no tienen prejuicios, maldición), hace 14 años la cita era con gente buena como The Stooges, New Order o Sonic Youth. Doble maldición.

Aunque, seamos sinceros, este inicio melodramático sólo tiene el sentido de hacer un tráiler mentiroso, ya que un recinto de las dimensiones del Parc del Forum y un cartel con la extensión del Primavera Sound, dan para evitar lo indeseado sin problemas. Así, el que quería escaparse de la armada trap, soul y pop (J Balvin, Ivy Queen, Charli XCX, Solange, Miley Cyrus y un importante etcétera), podían seguir el sendero del indie rock más canónico (Suede, Guided By Voices, Built to Spill, Low, Primal Scream y otro etcétera destacable) que, en esta ocasión, pasaba por escenarios de tipo mediano.

Al revés, ni mencionarlo. El claro recambio generacional entre los 220.000 asistentes, con una alta asistencia de extranjeros, daba cuenta del éxito de la apuesta de los organizadores cuando en Diciembre pasado anunciaron un cartel más ecléctico de lo habitual. "The New Normal", le llamaron, con un claro énfasis en la paridad de género y en la apertura a diversos estilos. Y al que no le gustara, bueno, que abrazara su vaso de 2005 con nostalgia.

De aquí no sales

Elaboren alguna sesuda exposición sobre lo que es realmente el indie, que las guitarras se están muriendo y cosas de aquellas y tendrás algunas decenas de miles de veinteañeros con narcolepsia. Así que mejor ni intentarlo, sobre todo en las inmediaciones de los dos escenarios principales, donde se agolparon los principales reclamos para el público más joven.

Ahí, si bien algunos infiltrados como Interpol y Tame Impala se presentaron con bastante éxito, la predominancia era para figuras femeninas y de corte pop, soul y hip hop. Entre ellos, los principales aplausos fueron el Viernes 31 para Janelle Monae y el Sábado 1 para Solange, quienes sin abandonar las clásicas formas de un espectáculo masivo (sobre todo la primera, con cuerpo de baile y escenografía de excepción), desarrollaron shows que resumen la música negra de las últimas décadas, entregando hits y discursos (libertad sexual femenina, espiritualidad, comunión) de manera más que efectiva.

También estuvo presente Miley Cyrus, quien sigue corriendo lejos del espectro de Hannah Montana vía colaboraciones con The Flaming Lips, actuación en Black Mirror o apariciones en festivales independientes como éste. Y como el tema es mostrar integridad artística (o algo así), basó casi la mitad del repertorio en She is coming (RCA, 2019), un EP lanzado el mismo día. Aunque, digámoslo, para suerte de su multitud de fans, no dejó en casa todo el espectáculo que pudo traer consigo.

Mismos fanáticos que bien se la pasaron, entre posteo y posteo, con el pop sin ningún tipo de coartada de Carly Rae Jespen y el electro-funk de Robyn. Pero eso fue el viernes, porque los aventureros que seguían el día siguiente bien se encontraron con el R&B siglo XXI de Kali Uchis, la escasamente polémica actuación de J Balvin y, sin lugar a dudas, el show más esperado: Rosalía.

https://www.youtube.com/watch?v=4RZbnnkRz90

Considerando que la presentación en vivo de El mal querer (Sony, 2018), ha sido en lugares exóticos como Chile o Estados Unidos, la expectativa en su tierra natal de ver al nuevo fenómeno español era, sin lugar a dudas, alta. Con un despliegue sin fallas, tanto en lo coreográfico como en lo vocal, el show de Rosalía es interesante no sólo en lo musical (la mezcla entre el flamenco y los ritmos urbanos se percibe fluida), sino en lo que representa en sí. Es, justamente, esa fusión, la que encanta a los miles que se congregaron a verla, quienes por fin pueden complementar ropas y hábitos globalizados, con un "¡vamos, guapa!" de lo más vernáculo.

En ese contexto, es fácil entender las apariciones casi espectrales de figuras femeninas clásicas como Erykah Badu o Neneh Cherry. Con espectáculos sólidos, aunque menos coloridos y de corte más adulto, fueron seguidas por una cantidad inferior de personas (de mayor edad, agreguemos), pasando casi desapercibidas frente a tanta luz machacante. Pero, claro, si se está en la felicidad feliz festivalera, poco sentido tiene bajar las revoluciones, incluso para presentar el gran adelanto del Primavera Sound 2020, el regreso de Pavement, nombre probablemente desconocido para la mayor parte de los asistentes.

Disco Francés

Pero díganle lo del regreso del quinteto de Stockton a quienes peregrinaban en esa suerte de circuito paralelo que formaban los escenarios medianos y pequeños, y se habrán puesto a lagrimear un poco. Por su parte, uno que se la debe de haber pasado en grande guardando el secreto fue Stephen Malkmus, quien junto a The Jicks, presentó el espectáculo sobrio y contenido el día Jueves, preparando terreno para el gran debut del festival. Desde su bar favorito, pero trayéndose las cervezas (en cuerpo y en el cooler), por fin arribó a Primavera Sound, Guided by Voices.

Acostumbrado a grabar discos mientras el resto intentamos sólo sobrevivir, Robert Pollard armó la mejor versión posible de su banda y con la excusa de su reciente Zeppelin over China (Rockathon, 2019) llegó, tocó, bebió, no hizo sus clásicas patadas en el aire y demostró lo que es poseer un catálogo infinito. Claro, cuando se tienen más de una centena de álbumes es difícil contentar a todos, pero cuando se interpretan 30 canciones en 1 hora y 15 minutos, claramente estás haciendo tu mejor esfuerzo. Faltaron muchas, pero sonaron "Game of pricks", "Glad girls" y "Echos Myron" para felicidad de la audiencia.

Unos que tienen menos discos, aunque más hits y un excelente sentido de la profesión, son los ingleses Suede, quienes instalados en un escenario de aforo menor, actuaron como si en el mismísimo Wembley estuvieran. Un tipo que en cada actuación salta, arenga y canta (todo a la vez) como Brett Anderson sólo puede merecer la mejor de las recepciones del público y algo así se vio el Viernes 31.

https://www.youtube.com/watch?v=6ohvo440ZDQ

No olvidando que han sacado buenos álbumes desde su regreso, tocaron "Life is Golden" o "It starts and ends with you", pero el énfasis estuvo en el repertorio más glorioso de la banda, donde no quedó absolutamente ningún hit sin interpretar. El del Primavera Sound fue el mejor concierto de su carrera, sin dudas. Pero el de la noche anterior y el de la siguiente, también. Profesionalismo y cariño por el público, le dicen a eso.

Unos que también pusieron lo mejor de sí, pero entre esa disposición como de recién levantado nunca se puede asegurar, fueron Primal Scream. Como presentaban Maximum Rock'n'Roll (Sony, 2019), disco de grandes éxitos, tiraron de ellos sin mucho pudor y con sólo felicidad como respuesta de la gente. Algún insidioso dirá que, exceptuando la aislada "100% or nothing", nada posterior a 2008 fue interpretado y bien que le pueden responder: si es por eso mejor andar a ver a Jarvis Cocker.

Presentando públicamente a Jarv Is…, su nuevo proyecto, lo del oriundo de Sheffield, sin lugar a dudas, no es vivir de sus rentas del pasado. Algún guiño a Pulp ("His 'n'hers") y ciertas canciones de su época solista ("Cunts are still running the world", como glorioso final) permitieron dar un respiro ante una mayoría material nuevo, del que ha editado apenas un single. Así de festivalera, iba la cosa. Pero como Cocker tiene tablas, sentido del humor y, sobre todo, buenas canciones bajo el brazo (con textos filosos y sin perder la vocación pop), lo de él fue el triunfo que se auguraba.

Pero Jarvis Ccoker siempre ha estado dando vueltas y es el lujo que se puede dar. Diferente es el caso de Stereolab, quienes regresaron este año después de una década de ausencia. Grupo no del todo dado a presentar hits (sino que lo digan los espectadores a su ya mítico show en Chile en 2000), esta vez los entregaron sin problemas con una puesta en escena sobria (que siguen siendo ellos mismos, al final), pero con una potencia inédita.

No es que se hayan sumado a tanto jolgorio "in crescendo", como buena parte del repertorio del fin de semana en el Parc del Forum, pero fue llamativa la consistencia y el peso en favoritas como "French disko" o "Miss modular". También hubo, por supuesto, krautrock, funk, lounge y bubblegum, en una emocionante mezcla que, probablemente hizo llorar al dueño del vaso de 2005. Claro que no lloró solo, sino que acompañado de varios miles, que bien lograron convivir con esos otros miles que bailaron con la electrónica y el pop más desvergonzado. Todo en un mismo (y enorme) espacio, construyendo su propio festival.

https://www.youtube.com/watch?v=n8q1Gdh1ptQ

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