El entrepuente: el día en que Stieglitz reinventó la fotografía

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Fue durante un viaje en barco que Alfred Stieglitz tomó una imagen que, sin proponérselo, pasaría a la posteridad por su crudeza narrativa.


Fue de aburrido. A pesar de que era el tercer día a bordo del barco SS Kaiser Wilhelm II, en viaje hacia Europa, al fotógrafo Alfred Stieglitz le parecían meses. Hastiado del ambiente en la primera clase, decidió dar una vuelta por la embarcación. Así llegó hasta un entrepuente en que se podía ver la zona de la tercera clase, que en los barcos se le llamaba "la dirección". Allí se concentraba la gente común, algunos desgraciados que no habían sido admitidos en el banquete de esperanzas del Tío Sam. Lo que vio le llamó la atención. Tanto como para regresar a su habitación a buscar su cámara fotográfica para capturar el momento.

"Había hombres, mujeres y niños en la cubierta inferior de la dirección. Había una estrecha escalera que conducía a la cubierta superior de la dirección, una pequeña cubierta justo en la proa del vaporizador. A la izquierda había un embudo inclinado y desde la cubierta superior de dirección había un puente de pasarela que brillaba en su estado recién pintado. Era bastante largo, blanco, y durante el viaje nadie lo tocó", describió Stieglitz años después.

Todo comenzó meses atrás, cuando, en acuerdo con su esposa Emmy, decidió adquirir boletos de viaje para el viejo mundo. Allí les esperaban familiares y amigos. Nada raro en él, hijo de inmigrantes nacido en Hoboken, Nueva Jersey, pero criado en las calles de Manhattan. En su niñez además vivió en Alemania, y ya en su juventud, premunido de su cámara, comenzó a tomar fotografías durante sus viajes por países como Holanda. Lo de él, era el movimiento.

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El entrepuente, de Alfred Stieglitz[/caption]

Fue en estos años en que Stieglitz comenzó a desarrollar su idea de la fotografía como arte. Fue el fundador y líder del movimiento Photo-Secession, el cuál defendía el cariz artístico de esta actividad, que entonces, posiblemente por el ideal maquinista propio de la era industrial, era considerada una cosa vulgar en relación a manifestaciones como la pintura y la escultura.

En esos días, algunos devotos del obturador y el lente manipulaban sus negativos a fin de "crear" una imagen, al modo de las pinturas al óleo. A esa tendencia se le llamaba pictoralismo. Uno de sus defensores, entonces, era Stieglitz. Para él, la fotografía debía tener valor estético por sí misma. Su lucha era consolidar la actividad como una expresión artística de derecho propio. "Los fotógrafos deben aprender a no avergonzarse de que sus fotografías se vean como fotografías", solía decir.

Por ello cuando notó que en el entrepuente quedaban en evidencia las diferencias de clases sociales, no dudó en ir a buscar su Auto-Graflex 4 × 5.  En particular hubo un sujeto que le llamó la atención. "En la cubierta superior, mirando por encima de la barandilla, había un hombre joven con un sombrero de paja. La forma del sombrero era redonda. Miraba a los hombres, a las mujeres y a los niños en la cubierta inferior del volante ... Un sombrero de paja redondo, el embudo inclinado a la izquierda, la escalera inclinada a la derecha, el puente levadizo blanco con su barandilla hecha de cadenas circulares: tirantes blancos cruzando la espalda de un hombre en la dirección de abajo, formas redondas de maquinaria de hierro, un mástil cortando el cielo, haciendo una forma triangular ... vi formas relacionadas entre sí. Vi una imagen de formas y subyacente a la sensación que tenía sobre la vida", explicó años después.

Al regresar, lo único que esperaba era que el individuo no se corriera del lugar. "Corrí de vuelta sin aliento, preguntándome si el hombre con el sombrero de paja se había movido o no. Si lo hubiera hecho, la imagen que había visto ya no sería. La relación de formas como yo las quería habría sido alterada y la imagen perdida. Pero allí estaba el hombre con el sombrero de paja. Él no se había movido. El hombre con los tirantes blancos cruzados mostrando su espalda, él también, hablando con un hombre, no se había movido. Y la mujer con un niño en su regazo, sentada en el suelo, no se había movido. Al parecer, nadie había cambiado de posición. (...) [Sería] una imagen basada en formas relacionadas y en el sentimiento humano más profundo, un paso en mi propia evolución, un descubrimiento espontáneo"

Es 1907 y el fotógrafo recién pudo trabajar sobre la imagen cuando llegó a Paris algunos días más tarde. Según quienes le trataban en esos días, la foto no le impresionó mucho. Recién la publicó en 1911. Dicen que una razón es que en el viejo mundo conoció el proceso Autochrome Lumière, el primer método viable que permitía capturar imágenes en color. Como sea, con esa imagen, Stieglitz había conseguido algo.

Sin proponérselo, el autor inició el tránsito hacia la fotografía moderna, directa. Sin adornos. Y The Steerage -el nombre de la imagen en inglés-, se volvió una de sus imágenes más conocidas. A partir de entonces se presentó como un artista "modernista". "En la fotografía hay una realidad tan sutil que se vuelve más real que la realidad", afirmaba.

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