Temporada de asesinos

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Mindhunter.

Algunos de los homicidas más célebres del siglo XX han revivido durante este año gracias a Netflix, Tarantino y Zac Efron. ¿Cómo se trabaja para no volverlos figuras pop atractivas? ¿Por qué aún siguen fascinando? Aquí, diversas voces del cine global entregan sus respuestas a Culto.


Un tipo atractivo se enamora de una chica atractiva. Uno es estudiante de derecho, ella, secretaria y madre soltera. No mucho tiempo después el hombre empezará a matar y violar mujeres, sin despertar sospechas de su esposa, hasta que en 1978 es arrestado de manera definitiva y es condenado a muerte, llevando a cada rincón de Estados Unidos su nombre: Ted Bundy. Algo que solo se amplificó cuando en 1979 fue el primer juicio en ser televisado en la historia del país y en la cárcel llegó a ser visitado por otras mujeres.

Varios años después esa figura capturó la atención de Joe Berlinger, reconocido y prolífico documentalista, que terminó haciendo una especie de díptico: la serie documental de Netflix Conversaciones con asesinos: Las cintas de Ted Bundy y el largometraje de ficción Ted Bundy: Durmiendo con el asesino (que en países como EE.UU. también llegó a la plataforma de streaming). Han pasado algunos meses desde el estreno de ambas producciones (en Chile la película debuta en cines el 12 de septiembre) y Berlinger comenta a Culto lo que cree que generaron sus realizaciones: "Descubrí que la gente parece estar infinitamente fascinada con la historia de Ted Bundy porque abarca la idea de que el mal puede tomar muchas formas. Bundy lo dijo mejor: 'Los asesinos no salen en la oscuridad con dientes largos y saliva goteando de su barbilla'".

La referencia no es gratuita. De hecho, aparece tanto en la serie como en la película que protagonizan Zac Efron y Lilly Collins, titulada originalmente Extremely wicked, shockingly evil, and vile, la frase que usó el juez Edward Cowart al condenarlo en primera instancia a pena de muerte por dos asesinatos de mujeres, tres cargos de intento de asesinato en primer grado y dos cargos de robo. En 1989, cuando era una figura totalmente reconocida, y antes de ser ejecutado en la silla eléctrica, llegó a confesar la autoría de 30 crímenes entre 1974 y 1978.

"Una de las razones por las que estaba tan interesado en la historia de Bundy fue porque quería explorar el momento que para mí es el 'bing bang' del verdadero fenómeno mediático de criminales que estamos viviendo hoy", señala sobre el juicio de 1979. "No creo que la percepción sobre el propio Bundy haya cambiado, pero quería contar su historia para una nueva generación de jóvenes que pueden haber crecido sin aprender esta lección", añade Berlinger, codirector de una aclamada trilogía de documentales -Paradise lost- que contaba la historia opuesta: la de un grupo de adolescentes que fueron encarcelados por un crimen que no cometieron.

Su combo de serie y ficción no hizo más que abrir una temporada 2019 en que los asesinos seriales parecen estar más presentes que nunca en la televisión y en el cine. Particularmente la cinta con Zac Efron, planteó interrogantes sobre la mirada que entrega de Bundy.

Para David Wilson, criminólogo y profesor de la Universidad de Birmingham, el filme toma el camino equivocado. "Cómo se describe a Bundy es una distorsión del Bundy real, como seguramente debe darse cuenta cualquiera que haya escuchado las grabaciones de él hablando. Los asesinos en serie no son glamorosos. Lo que los caracteriza es lo que les falta: la empatía más evidente y la capacidad de comprender el daño que hacen", dice.

Berlinger, por su parte, ahonda en la preocupación que tuvo al abordar el tema: "Como alguien que ha hecho películas abogando por los condenados injustamente, sobre la reforma de la justicia penal, sobre las personas normales que se enfrentan a las corporaciones gigantes, tomo muy en serio mi papel en la narración de historias y en la representación de los intereses de la víctima", asegura. En ese mismo sentido, el cineasta respalda la decisión de Netflix, que en enero por redes sociales llamó a no sexualizar a Bundy. "Tanto Netflix como yo estábamos muy preocupados de que la gente trivializara la historia de Ted Bundy al elogiar únicamente su aspecto", dice.

Como en pocos momentos, el debate sobre la representación en pantalla de los asesinos está en un punto álgido. El director Boots Riley (Sorry to bother you) criticó días atrás a Quentin Tarantino por su cinta Había una vez... en Hollywood, una película que no cabe en la categoría de filme criminal, pero que se abre a jugar con el asesinato de Sharon Tate y el culto liderado por Charles Manson.

"La familia Manson eran supremacistas blancos que intentaron iniciar una guerra racial con el objetivo de matar a los negros. No eran 'hippies' que soltaban críticas de los medios. Eran derechistas", apuntó. La misma figura fue abordada por la aplaudida segunda temporada de Mindhunter, la serie de Netflix sobre dos investigadores del FBI pioneros en perfilar asesinos seriales en los 70.

Optando por un acercamiento diferente a Manson, en 2018 la guionista Guinevere Turner (American pysho) fijó la mirada en tres de sus seguidoras, en la película Charlie says. "Sentí que su figura había sido cubierta y sobreexpuesta. Quería algo nuevo: una parte de la historia que aún no habíamos visto", comenta a este diario sobre el filme que dirigió Mary Harron, la misma realizadora con la que trabajó en la película protagonizada por Christian Bale como el ficticio asesino serial Patrick Bateman. Turner tomó como punto de partida The long prison journey of Leslie Van Houten, de Karlene Faith, que recorre los años en prisión de una de esas tres mujeres. "Bateman no era una persona real, y Manson no era técnicamente un asesino en serie. ¿Qué tienen en común? Masculinidad tóxica. Creo que podemos estar más interesados en los asesinos en serie ahora que estamos teniendo nuevas conversaciones sobre la masculinidad y cómo puede salir mal". Wilson instala otra crítica: "Me entristece enormemente cuando estos asesinos de la vida real se vuelven famosos y sus víctimas se olvidan". Algo de ese tipo le ocurrió al director Chris James Thompson con The Jeffrey Dahmer files (2012), un documental sobre un hombre que en 1991 fue encontrado culpable del asesinato y desmembramiento de 17 hombres y niños. "Hubo personas que acudieron a las funciones de mi película entusiasmados con Dahmer y que parecían admiradores suyos", comenta.

Y agrega: "Muchas veces pensé en detener y suspender el proyecto porque era muy oscuro y tenía problemas para dormir, pero sentí que a parte de mis fuentes les debía terminar y estrenar la película".

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