La desconocida faceta a color del fotógrafo francés Robert Doisneau aterriza en Las Condes

Autorretrato con Rolleiflex 1947 © Robert Doisneau

El trabajo del francés, uno de los pioneros del fotoperiodismo junto a Henri Cartier-Bresson, vuelve a Chile tras 17 años, con una muestra en el Centro Cultural Las Condes, curada por sus hijas Annette y Francine Doisneau. Desde el próximo martes 8 de octubre, la exposición recoge imágenes célebres como El beso del Hotel de Ville (1950), además de fotomontajes nunca antes vistos y una serie en colores de los 60 tomada en Palm Springs, EEUU.


Corrían los años 60 y el francés Robert Doisneau (1912-1994) ya se había inscrito en la historia de la fotografía del siglo XX, por su hábil ojo capaz de capturar instantes peculiares así como escenas cotidianas,, al mismo tiempo que enalteció el valor del fotoperiodismo junto a Henri Cartier- Bresson, fundador de la prestigiosa Agencia Magnum.

Sin embargo, cuando ya parecía que Doisneau había mostrado todo su potencial, aún quedaba un territorio sin explorar: la fotografía a color. Maestro del blanco y negro y sobre todo reconocido como cronista de la vida parisina, el francés recibió en 1960 un encargo inusual desde la revista estadounidense Fortune, de Henry Luce, para registrar la vida de ocio y glamour de Palm Springs, en California. Las imágenes debían ser en colores.

Doisneau se lanzó a la aventura, sumergiéndose en el mundo de los golfistas, quienes jugaban en verdes praderas artificiales en medio del desierto, mientras sus esposas en trajes de baños bebían cócteles a orillas de piscinas de agua calypso. El resultado fue una serie de imágenes que mantenían el indudable sello del francés, pero con una mirada más irónica y atrevida, que dialogaría 30 años después con la serie de Martin Parr hiciera en distintas playas del mundo.

La serie, una de las más desconocidas en la trayectoria de Doisneau, es protagonista de la muestra La belleza de lo cotidiano en el Centro Cultural Las Condes, que a partir del martes 8 de octubre reúne más de 100 fotografías,realizadas entre 1929 y 1973, muchas de ellas icónicas, como El beso del Hotel de Ville, Mademoiselle Anita, El ingeniero en un gasómetro, La familia del lavandero o Los panes de Picasso, pero también desconocidos fotomontajes. La selección fue hecha por las hijas del artista: Annette y Francine Doisneau.

Apoyada por el Instituto Francés de Chile y la Cámara Franco Chilena, la muestra marca el regreso de la obra de Doisneau al país, luego de que su trabajo aterrizara en el Museo Nacional de Bellas Artes en el 2002, atrayendo a más de 100 mil personas en un mes.

Aquella fue la primera vez que la fotografía ingresaba por la puerta grande de la pinacoteca nacional, bajo la dirección de Milan Ivelic. "Desde antes de ser director, tenía la inquietud sobre que la fotografía merecía un lugar en el museo, tenía que dejar de ser el pariente pobre de las artes visuales", cuenta hoy el ex director del museo y académico de la UC. "La de Doisneau fue la primera muestra de fotografía y tuvimos una recepción de público estupenda. Luego trajimos la obra de Henri Cartier-Bresson, Elliot Erwitt, Robert Frank, André Kertész y muchos otros, también posibilitó que fotógrafos chilenos expusieran en el museo", agrega Ivelic.

A igual que la primera vez, esta la muestra de Doisneau fue gestionada por la curadora Verónica Besnier, quien estuvo también tras exhibiciones fotográficas como la de Sebastiao Salgado y Vivianne Maier en el Centro Cultural Las Condes; Cartier-Bresson y André Kertész en el Museo de Bellas Artes, entre otras.

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Un Doisneau desconocido

Aunque en La belleza de lo cotidiano se encuentra el trabajo más icónico del francés, las imágenes más interesantes son las menos conocidas, como las tomadas en Palm Springs.

"Hasta ese momento Doisneau no había trabajado el color, además fue un trabajo a pedido y él era una persona que le tenía miedo al viaje, a salir de Francia, y esta fue la primera vez que aceptó una invitación para trabajar fuera. El decía 'mi fama había viajado, mis fotos habían viajado, pero yo no me movía'", comenta la curadora Verónica Besnier. "Fue un proyecto bien anecdótico, porque nunca se publicó. La mirada de Doisneau no les gustó, y uno entiende por qué, finalmente él se ríe de los americanos y de esa vida artificial. Muchos años después, otro director de la revista les devolvió las fotos a las hijas de Doisneau", agrega.

La serie completa vería recién la luz en 2010, en un libro editado por el sello Rizzoli. Para esta exposición se editará además un libro de 132 páginas, con la selección completa de fotos incluidas las de Palm Springs y que estará a la venta a $ 24.000.

Otra imagen poco conocida y que está presente en la muestra es La maison des locataires (1962), de 2 metros de alto, en la que Doisneau montó varios de sus retratos en las ventanas de un antiguo edificio de París, como si reflejara lo que pasa al interior de las habitaciones.

"Doisneau juega sacando el muro de la fachada del edificio y pone fotos de interiores describiendo así la vida cotidiana de familias o personas solitarias. En esta fotografía se pueden reconocer varias de sus imágenes muy conocidas. Es un juego experimental, un recreo fotográfico. También se puede ver como un invento fotográfico, una visión de la ciudad bajo los rayos X", explica Besnier.

En los años 30, Doisneau cambió la pintura por la fotografía y descubrió su talento natural para retratar escenas callejeras. "Las maravillas de la vida diaria son tan emocionantes; ningún director de cine puede arreglar lo inesperado que encuentras en la calle", dijo en una ocasión. Sus imágenes tenían siempre un toque divertido o juguetón y rápidamente se transformó en el retratista de París.

Una de sus fotos mundialmente célebres, presente también en la exposición es El beso del Hotel Ville, publicada en 1950 en la revista Life, en la que una pareja se besa desprevenidamente frente a la cámara del fotógrafo. La identidad de ambos se mantuvo en secreto hasta 1992, cuando Doisneau debió revelarlo, ya que fue demandado por un individuo, quien aseguraba que el de la foto era él. Finalmente se supo que era una pareja de actores, a quienes Doisneau pilló de improviso, pero no alcanzó a capturar a la primera, entonces les pidió que repitieran su beso.

"Fotografiaba el mundo tal y como hubiera deseado que fuera. Era un narrador. Su proceder artístico, de vocación más instintiva que intelectual, daba voluntariamente la espalda a toda sofisticación formal y dejaba intervenir al azar como actor de pleno derecho", dice su hija Francine.

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