Dos siglos de George Eliot: la primera escritora feminista

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George Eliot, óleo de Alexandre-Louis-François d'Albert-Durade.

No es de las más conocidas ni menos leídas, pero en su época esta autora nacida bajo el nombre de Mary Ann Evans fue importante. Escribió Middlemarch, su obra cumbre, y otras novelas y cuentos y ensayos, fue traductora de filósofos, como Baruch Spinoza. Por eso quizá Henry James la acusó de ser demasiado filosófica. Con los años se ha ido redescubriendo gracias a las reediciones del sello español Alba y a autoras como Siri Hustvedt que la han mencionado en sus novelas.


George Eliot es de las escritoras del siglo XIX tal vez la menos conocida, pero a su vez la más relevante en lengua inglesa, como consignó Virginia Woolf. Bastante más conocidas y sobre todo leídas son Jane Austen y las hermanas Brontë. Quizá la mayor dificultad que acarrea la obra de Eliot, nacida bajo el nombre de Mary Ann Evans un 22 de noviembre de 1819, para no ser tan visible haya sido la extensión de sus libros, cosa que el escritor Henry James observó en una crítica a Daniel Deronda en 1879, y también el hecho de que había mucha filosofía en sus libros más que arte o forma. Eso unido a que muchos han visto a una autora feminista, la primera tal vez, han hecho que su obra circulara en circuitos de élite o en referencias más que ser leída directamente.

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Pero el tiempo se encarga de reponer ciertas lecturas, y esto ha estado pasando con su obra, que en castellano desde hace unos años está siendo traducida por la editorial Alba (Middlemarch, El molino de Floss, Escenas de la vida parroquial) y en menor medida por Impedimenta (Las novelas tontas de ciertas damas novelistas).

A decir verdad motivos para considerar que en sus libros hay mucha filosofía no faltan: a los treinta y cinco años comienza la traducción de La esencia del cristianismo, del filósofo alemán Ludwig Feuerbach, y un año más tarde hace lo propio con la Ética, del holandés Baruch Spinoza. Por esta época además entabló amistad con Herbert Spencer, filósofo y naturalista que se vio muy influenciado por las ideas de Charles Darwin. Sólo en 1856 se largó a escribir los relatos que conformarán Escenas de la vida parroquial y desde ahí se volcó a la literatura hasta su muerte en 1880.

Quizá por esto Virginia Woolf consideró Middlemarch como un "libro magnífico que a pesar de sus imperfecciones es una de las pocas novelas inglesas escritas para adultos". El crítico W. J. Harvey en la introducción a una de sus pocas traducciones al castellano de esta novela, de más de ochocientas páginas, que se publicó por entregas entre 1871 y 1872, dijo que el juicio de Woolf aludía "a un nuevo aporte intelectual al arte de la narración; George Eliot tiene la mejor cabeza de todos los novelistas ingleses. Esta capacidad intelectual, sumada a otros talentos, la vincula más a un artista como Thomas Mann que a cualquier otro escritor inglés". Y es que Eliot como ningún autor de su época se vinculó con la cultura alemana a través de la filosofía.

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En su ensayo sobre el realismo alemán titulado "The Natural History of German Life" (al parecer inédito o muy difícil de conseguir en castellano) escribió que "el arte es lo más cercano a la vida; es un modo de extender las experiencias y ampliar nuestro contacto con nuestros compañeros los hombres más allá de las fronteras de nuestro destino personal". Sin embargo, Henry James se encargaría de rebatir a esta autora. Había en él una especie de admiración intelectual, pero a la vez cierto menosprecio artístico. Eliot, para él, fracasaba a menudo, pero mientras tanto se dejaba leer.

La reseña que le hace a Eliot en el Atlantic Monthly en 1879, y que aparece en castellano en el libro La imaginación literaria (también de Alba), es una especie de parodia de los diálogos de la segunda: hay dos mujeres con su bordado, algo que se repite bastante en Middlemarch, y repentinamente entra un hombre. La situación es cómica, porque los tres personajes hablan de Daniel Deronda (1876), sin que por eso pierda su calidad de crítica. En una parte el personaje varón señala: "Gracias a su admirable intelecto filosofa muy aceptablemente; pero al mismo tiempo eso enfría su genio. Casi echa a perder a una artista". Una de las mujeres concuerda y va más allá: "Sigo diciendo que no es una artista. Un artista no podría haber engarzado nunca una historia tan monstruosamente mal. No tiene sentido de la forma". Pero la otra mujer defiende a Eliot. Estas contradicciones son propias de la manera en que la leía Henry James.

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W.J. Harvey se hace cargo de las objeciones de James, la principal –según él– es que va "de lo abstracto a lo concreto; que sus figuras y situaciones surgen, como suele decirse, de su conciencia moral". Para Harvey entonces todo el problema radica en saber hasta qué punto incorpora con éxito su visión moral a la vida que intenta retratar. La lectura de Middlemarch nos da varios ejemplos, porque en esta novela se aborda el amor o los ideales que ciertas jóvenes mujeres tienen de él, lo que llamamos la construcción de una vida a partir de la elección de una vocación, la fe y la religión, el poder, la importancia de tener alcurnia y modales, ciertos ideales de belleza, el cálculo y la pasión, la provincia versus la ciudad, etcétera.

Y para ello hay dos personajes femeninos que son ciertamente complementarios: Dorothea Brooke y Rosamond Vincy. Ambas se deslumbran por pretendientes que más que ser el verdadero amor son extensiones de lo que imaginan que debe ser su rol en esa sociedad: un entre comillas sabio clérigo de cerca de cincuenta años en el caso de Dorothea y un joven y ambicioso médico en el caso de Rosamond. No hay amor porque ni el clérigo ni el médico sienten esa pasión, sino tan sólo una adecuación, un asentamiento de su vida, que podría ser de provecho. Es más, Dorothea desdeña a un pretendiente que sí la mira con pasión, nada menos que el atractivo Sir James Chettham, que no está acostumbrado a los rechazos. Lo que plantea, con esta observación muy minuciosa de los personajes femeninos, es cuál es el papel de la mujer en esa sociedad que forma Middlemarch, que a su vez es una pequeña ciudad inventada por Eliot.

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Precisamente cuando Sir James se entera del compromiso de Dorothea con alguien casi treinta años mayor que ella su afecto se enfría, lo que demuestra que no era el clásico seductor, cosa que se encarga de contar la misma autora: "Aunque Sir James era un hombre de espíritu deportivo, las mujeres le inspiraban sentimientos algo distinto de los zorros y los urogallos y no consideraba a su futura esposa como una posible presa, valiosa sobre todo por la emoción de la caza". Lo suyo era más simple: si una mujer lo miraba con afecto de inmediato "tejía delicados hilos de ternura entre su corazón y el de ella".

Pero volvamos al papel de Dorothea y Rosamond dentro de la sociedad. Parece ser que este se reduce a buscar la consabida media naranja, aunque para ser más exactos la parte masculina siempre era más que una mitad y la mujer era la que se tenía que acoplar a las necesidades y deseos de esa parte. En cuanto al atractivo de los pretendientes, éste queda claro en la parte que Rosamond elige al joven médico Lydgate: "En las fantasías románticas de Rosamond no era necesario imaginar muchas cosas sobre la vida interior del héroe o sobre sus importantes ocupaciones en el mundo; estaba claro que tenía una profesión y era inteligente; pero el mayor atractivo de Lydgate era su excelente cuna".

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George Eliot, óleo de Alexandre-Louis-François d'Albert-Durade.[/caption]

Si George Eliot quería hacer el retrato de una época en Inglaterra que partía antes de 1828 a partir de lo que sucedía en una pequeña ciudad y sus alrededores, lo hizo con gran agudeza, porque no sólo hay historia o discusiones de esos momentos, políticos y religiosos, sino también hay discusiones científicas encarnadas en el joven médico Lydgate, de hecho Eliot se documentó leyendo The Lancet, que era una revista médica surgida en Londres en 1823.

Otra de las objeciones de Henry James, pero que en lo personal no me molestó nada en el caso de Middlemarch era el hecho de que cada capítulo se iniciara con un epígrafe; para James "los epígrafes en verso son una falta de tacto; en ocasiones, creo, son algo trivial, antes pretencioso que verdaderamente fértil". Si bien al principio descolocaban, después se entendían como una manifestación de las lecturas de la autora, lecturas que van desde Cervantes. Shakespeare, Dante, Chaucer. Ben Jonson y Thomas Fuller hasta refranes populares y Robert Burton, entre muchos otros. Y es que no se puede separar la lectura en las novelas de Eliot, parece querer dejar establecida su importancia, y en eso se parece a Borges, aunque claro él reelabora esa lectura al interior de sus textos. Quizá en el caso de Eliot estos epígrafes sean parte de su estilo.

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En cuanto a la otra objeción que hace James, esto es su extensión, es cierto que en el libro primero de Middlemarch se presenta a Dorothea, sus creencias, su fe, su respeto por el conocimiento, su entorno, y luego se pasa del conocimiento de dos pretendientes y el que menos posibilidades tenía a los ojos del lector y del resto de los personajes es el elegido, y termina el libro primero con los preparativos del matrimonio. Es decir no pasan muchas cosas, en este sentido no es una novela de peripecias al modo de Swift o, para hablar de casos contemporáneos, Copi o Aira. Es una novela tranquila que hurga en los acontecimientos triviales de la vida para poner en evidencia lo ridículo de las convenciones, que es lo que rige buena parte de la vida social. James señala a este respecto que a Eliot le importa "la razón de las cosas", y modestamente creo que es al revés, le importa la sinrazón de las cosas.

Cuando señalé al comienzo que hay un interés más contemporáneo por la novelista inglesa me refiero también a autoras que la han mencionado en sus novelas. El año pasado se reeditó la primera novela de Siri Hustvedt, Los ojos vendados (1992), con traducción de Claudio López de Lamadrid. La historia trata de una chica, Iris Vegan, una especie de alter ego de la autora, que cuenta su paso por la Universidad de Columbia. Entre amoríos, enfermedades, frustraciones y desilusiones, hay un momento en que Iris está escribiendo un ensayo al que "pomposamente había titulado 'Ficciones dentro de la ficción: El destino de Dorothea Brooke de George Eliot'". Más adelante cuenta los pocos avances de su ensayo, entre los más relevantes está éste: "Durante los siguientes dos días me escondí en mi departamento, escribiendo sobre los deseos de Dorothea y el vacío de Casaubon [el clérigo]". Es evidente que Siri Hustverdt en su primera novela no puede pasar por alto la referencia de Eliot, por lo su importancia contemporánea queda medianamente establecida.

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Al similar pasa con el ensayo Los mecanismos de la ficción (2016), del crítico estadounidense James Wood, que también aborda la figura de la novelista inglesa. Wood desarrolla lo que es el estilo indirecto libre a partir de su creación en el siglo XIX y la incertidumbre que instala al no saber qué grado de cercanía hay entre el autor y el narrador o entre autor y personajes. En la parte dedicada precisamente a los personajes este crítico se detiene para analizar dos obras, una de Henry James y otra de George Eliot: "Tomemos por ejemplo Retrato de una dama. Resulta muy difícil decir cómo es exactamente Isabel Archer, ya que al parecer carece de la definición o incluso si se quiere de la profundidad de una heroína como Dorothea Brooke". Y es que claro George Eliot construía personajes muy sólidos, donde estaban su moral, su modo de plantearse ante la vida, su clase social y sus aspiraciones, su educación, su sicología, estaba prácticamente todo, y en Isabel Archer casi no hay definición, esto jamás lo hubiera hecho Eliot, y aquí tal vez se explica la irritación que le producía por momentos a James esta escritora.

Si bien el siglo XIX fue pródigo en la aparición de grandes personajes femeninos: Emma Bovary, Ana Karenina, Elizabeth Bennet, por nombrar a algunos. La multiplicidad de personajes femeninos que aborda Eliot, contados con la profundidad señalada anteriormente, no deja de llamar la atención, porque en Middlemarch no sólo están Dorothea y Rosamond, sino también Mary Garth, es decir George Eliot retrata mujeres diferentes en clase social, aspiraciones, moral, etcétera, para poner por fin a la mujer como gran protagonista de la literatura decimonónica. En el preludio de esta novela queda esto más o menos claro, cuando la autora habla de Santa Teresa y su necesidad de épica: "Muchas Teresas nacidas después no pudieron encontrar una vida épica que les ofreciera el constante despliegue de acciones con amplias resonancias; vivieron tan sólo unas existencias llenas de errores, resultado de cierta grandeza espiritual mal emparejada con la escasez de oportunidades".

Por último, un par de curiosidades. En la mencionada reseña de Henry James una de los personajes dice que le encantaban "las muertes por ahogamiento". Lo curioso es que una ferviente admiradora suya como Virginia Woolf se haya suicidado internándose en un río, llenando sus bolsillos con piedrecitas y muriendo por ahogamiento. Y la otra curiosidad es que George Eliot se casó al final de su vida con John Walter Cross, un hombre veinte años menor, lo que habla de una mujer que no se privó de nada hasta el último momento.

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