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Una guerra brillante es tristemente célebre por ser la última película que produjera el magnate Harvey Weinstein, antes del estallido de acusaciones de abusos sexuales en su contra. Después de esto, su productora se declaró en bancarrota, dejando a esta película en un limbo por años.


En el año 1880 comenzó lo que se conocería como "La guerra de las corrientes", una batalla entre Thomas Edison y George Westinghouse. El primero, interpretado por Benedict Cumberbatch, ha lanzado al mercado su bombilla incandescente y ha adoptado la corriente continua como su ahijada. Al mismo tiempo, Westinghouse, inventor y hombre de negocios al que da vida Michael Shannon, opta por la corriente alterna, debido a que puede funcionar a mayores distancias y a menor costo que la de su competidor. Comienza así una carrera palmo a palmo, ambos tratando de que las ciudades en Estados Unidos opten por su sistema.

Cumberbatch está sólido como Edison, un nuevo genio que le toca interpretar tras ser el matemático Alan Turing en The imitation game . Dueño de una personalidad gigante y siempre con un ojo en el espectáculo, Edison no duda demasiado al momento de decidir si juega limpio o no en la batalla. Por su lado, Shannon en su rol de Westinghouse, nos entrega un personaje algo silencioso, de carácter probo, que no quiere jugar sucio y menos desea que su nombre se asocie con malas prácticas. Lo cierto es que ambos tienen problemas con sus propios sistemas y así entra en el juego Nikola Tesla, el genio serbio interpretado por Nicholas Hoult, quien trae consigo su ingenio y sabiduría.

Una Guerra Brillante es tristemente célebre por ser la última película que produjera el magnate Harvey Weinstein, antes del estallido de acusaciones de abusos sexuales en su contra. Después de esto, su productora se declaró en bancarrota, dejando a esta película en un limbo por años. Estrenada en el Festival de Toronto en el 2017 con un montaje distinto a lo que hoy se exhibe, fue providencialmente salvada por Martin Scorsese, logrando así que su director Alfonso Gómez-Rejón pudiera remontar y refilmar algunas escenas antes de su estreno.

El resultado es tan atendible como informativo y a ratos disperso. Sin duda, en la mente de Weinstein, esta cinta estaba destinada a los Oscar. Un drama de época, bellamente fotografiado y perfectamente decorado, con actuaciones que alguna nominación habrían conseguido. La verdad es que a esta historia le faltó más energía y cohesión, pero bien vale la pena, en especial por su trío de protagonistas.

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