Personal Estéreo: Stefan Olsdal de Placebo

D21+SO

Digital 21 + Stefan Olsdal - Placebo

Stefan Olsdal, bajista de Placebo, se apronta a lanzar el 20 de marzo próximo un nuevo disco junto a Miguel López –alias Digital 21- llamado Complex. Será el segundo larga duración de este proyecto que debutó en 2015 con el EP Rebellion, combinando electrónica y cuerdas. En el Personal Estéreo de esta semana Miguel nos habla sobre las inspiraciones detrás de este trabajo mientras Stefan se da el tiempo de contarnos sobre los cinco discos que le cambiaron la vida para siempre.




"Al día de hoy la fuente de inspiración más grande es la vida", dice Miguel López –alias Digital 21-, el productor y músico español que desde fines de los años noventa está vinculado a la escena electrónica. El dúo que forma junto a Stefan Olsdal, bajista de Placebo, editó su primer extended play en 2015, titulado Rebellion ,y posteriormente su primer largo Inside en 2018. Complex, su segundo álbum, continúa expandiendo esta relación creativa donde la electrónica y las cuerdas se unen en paisajes altamente cinemáticos y atrapantes. Será editado el 20 de marzo próximo y, en palabras de Miguel, "está inspirado en la vida y en lo que nos hace daño o lo que nos libera de él y nos hace bien. Cada cosa que pasa en tu vida te lleva escribir una letra o componer una canción, todo termina siendo música. La canción 'Together' habla de escapar de la realidad a través de la música, de escapar junto a una persona que te hace volar. Expresa cómo la música nos evade y hasta nos protege -como la mejor medicina- de las cosas que nos hacen daño en el mundo real".

La intención de unirse en un dúo era crear un sonido y un mundo propio, y en los siete años de existencia del proyecto las composiciones han transitado por diversas texturas, haciendo uso de vientos, cuerdas, dando origen a cortes puramente instrumentales o con vocales. Complex resume esta evolución: "hay texturas de todo tipo. Algunas de fragilidad y otras de mucha fuerza. Hay tormentas interiores que se reflejan en las cuerdas o en los sintetizadores, o en el choque de ambas cosas. Hay belleza en los pasajes de cuerda, de órgano de iglesia o en las secciones de viento. Seguimos alimentando nuestras principales caras: una más electrónica -que es la que tocamos en festivales o clubs- y una más íntima, que funciona mejor en un teatro o en un auditorio, en un sitio en completo silencio. En directo la banda sigue creciendo y ahora llevamos ocho músicos en el escenario, cuarteto de cuerda, tres voces, sintetizadores, guitarra, bajo, batería, theremin, etc. Siempre estamos incorporando más elementos, haciendo más amplia la paleta sonora".

-¿Cómo es la dinámica al momento de componer entre tú y Stefan?

-Se centra en exprimir cada nota, grabando o sintiendo cada canción al máximo. A los dos nos gusta lo que la otra parte hace en cada canción. Tenemos la facilidad de tocar bastantes instrumentos y de además tener estudios de grabación propios, uno en Londres y otro en Madrid. Así es que sumamos todos nuestros instrumentos y los dos estudios y salen nuestros discos.

Complex puede encargarse desde ya.

Música del mercado negro

Stefan fundó Placebo junto a Brian Molko en 1994, cuando ambos cruzaron caminos en la estación South Kensington de Londres. Habían sido compañeros de escuela en Luxemburgo, pero no habían intercambiado palabra hasta ese momento en que se reconocieron. Molko, dándose cuenta de que Stefan llevaba consigo una guitarra, le invitó a ver una presentación suya. Así nació Ashtray Heart –el nombre original de la banda, tomado de Captain Beefheart.

Además de compositor a medias con Brian de la gran mayoría del catálogo de Placebo, Olsdal también estuvo involucrado en la producción de Black market music, el disco que hace exactos veinte años marcó la introducción de sonidos más electrónicos en el arsenal de la banda, evidente en los cortes que cierran la placa como "Haemoglobin", "Narcoleptic"o "Peeping Tom". Acá, para Personal Estéreo, Stefan selecciona los cinco álbumes que le cambiaron la vida y que han influido en su propia obra.

1. Depeche Mode: Violator (1990)

Escuché Violator por primera vez mientras estábamos besándonos con mi novia de la secundaria. Yo tenía dieciséis años y estábamos en su habitación. Mis canciones favoritas son "World in my eyes" y "Enjoy the silence". Es un álbum que ya es un clásico, ahí es donde comenzaron a usar guitarras y combinarlas con su sonido de sintetizadores, algo que en los diez años que llevaban como banda no habían hecho. Me gusta porque escriben letras oscuras, y se escuchan por eso mejor de noche. Este disco también se convirtió en el soundtrack del momento en que yo estaba aceptando mi identidad y mi sexualidad. Fue un momento de mi vida bien problemático y emotivo, y la música de Depeche Mode me ayudó a lidiar con algunos sentimientos bien oscuros. Siempre he querido emular esa simplicidad y ese estilo de componer canciones en todos los proyectos musicales en que he estado. Violator es su álbum más conciso y más sublime, y es la cúspide del pop de sintetizadores.

2. Sonic Youth – Goo (1990)

Escuché por primera vez Goo en Londres, en 1994, en un departamento de una vivienda social y ahí fue que Brian Molko puso este disco para mostrármelo. Goo cambió la forma en que yo veía la música de guitarras hasta entonces. Mis canciones favoritas son "Tunic (Song for Karen)" y "Mildred pierce". Ellos se aproximan a sus guitarras de una forma bastante punk, sin interés alguno por todas las formas de acordes estándar y afinaciones, incluso creando sus propios pasajes sonoros, casi melodías hechas con feedback, lo cual es usualmente visto solo como un ruido o un subproducto indeseado de tocar la guitarra eléctrica. A menudo, cuando estoy componiendo algo en la guitarra y siento que me gusta lo que estoy haciendo, termino dándome cuenta de que estoy tocando algo que ya había hecho Sonic Youth (risas). Esta es su expresión más punketa, más melódica pero también más abrasiva.

3. ABBA – The Visitors (1981)

The Visitors lo oí por primera vez en el tocadiscos de mis padres, cuando yo era un niño en los suburbios de Estocolmo. Ellos hacían fiestas los días sábado e invitaban a todos sus amigos, que venían a comer, beber y bailar. Mi canción favorita es "The day before you came". Amo ese sonido de pop análogo, y puedo imaginarme la cinta magnética girando mientras Björn y Benny (las B's de ABBA) sentados en una vieja consola, poniendo los últimos toques a esa mezcla, con todos los sorprendentes vocales de acompañamiento y esos teclados y guitarras que calzan tan a la perfección. Ellos escriben pop perfecto libre de grasa y que suena cálido. Tengo un ritual de ponerme a bailar ABBA, pero solo para mi cumpleaños. Son un poco como la torta para mí, son grandiosos para de vez en cuando, pero si es demasiado no me siento muy bien. A veces me doy cuenta de que hago líneas de bajo que me recuerdan algunas de sus melodías vocales, ya que el talento que tienen para los ganchos es sorprendente. Ese es su último disco y también el más oscuro y el más melancólico, y esa es una emoción la que ellos lidian de forma muy hermosa.

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Digital 21 + Stefan Olsdal, Portada Disco 2.[/caption]

4. The Beatles – Revolver (1966)

Al Revolver de los Beatles lo escuché por primera vez cuando era un adolescente de trece años, y me ponía a fumar un montón de cigarrillos con un amigo en mi habitación después de clases. Mi canción favorita es "Tomorrow never knows". Revolver fue mi introducción al pop psicodélico de los años sesenta. Acá hay cosas como canciones donde el sitar es el instrumento principal, y otras sobre la vida siendo nada más que un sueño. Ellos experimentaban con técnicas de grabación y sonidos, y fueron bien aventureros con las estructuras de estas canciones. Escucho este disco y me suena atemporal, cada vez que me pongo a oírlo descubro nuevas sutilezas, aunque haya sido grabado solamente en cuatro pistas. Hay lecciones para aprender acá, acerca de la melodía y de hacer un manifesto musical personal en dos minutos. La mayoría de las canciones duran solo eso.

5. Queens of the Stone Age – Songs for the deaf (2002)

Fui a Tower Records en Londres el mismo día en que Songs for the deaf salió a la venta, en 2002. Me fui directo a mi casa para poder escucharlo. Mi canción favorita acá es "Go with the flow". Este álbum me hizo nuevamente sentir la emoción de estar en una banda de rock. Es sexy, es duro, es melódico, es motivante y es tan cool como el mismísimo Josh Homme. Él es como un Elvis moderno, y es una gran influencia para mí como persona y como músico. Fui afortunado de estar de gira con él cuando los Queens of the Stone Age sacaron este disco y creo que simplemente yo quería cualquier cosa que ellos me inspiraran. Tener a Dave Grohl en las baterías es algo que separó a este disco de los otros, él es un baterista de rock muy afiatado y con buen gusto.

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