Muere Limónov, escritor "canalla" y revolucionario

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Limónov fundó el Partido Bolchevique Nacional y estuvo preso acusado de terrorismo.

Ayer a los 77 años murió en Moscú el poeta y líder político convertido en leyenda por Emanuelle Carrère.



La presentación de Emanuelle Carrère es tan perceptiva como persuasiva. "Limónov fue un gamberro en Ucrania, ídolo del underground soviético, mendigo y después ayuda de cámara de un multimillonario en Manhattan, escritor de moda en París, soldado perdido en los Balcanes y ahora, en el inmenso desmadre del poscomunismo, viejo jefe carismático de un partido de jóvenes desesperados. El mismo se ve como un héroe y se le puede considerar un canalla", escribió el autor francés en Limónov (2011), suerte de biografía novelada que recrea la historia del fundador del Partido Bolchevique Nacional.

Figura magnética y extravagante, controvertida y escandalosa, Limónov era también la expresión del fin de una época: nostálgico de la ex Unión Soviética, el poeta y líder político quiso unir a la izquierda y la derecha para luchar contra Putin. Su historia personal se convirtió en leyenda literaria gracias a Carrère, pero él no se reconocía en el personaje: "No soy yo", decía.

Autor de decenas de poemarios, novelas y ensayos, Limónov murió ayer en un hospital de Moscú, a los 77 años. Dejó tras de sí una vida exagerada y cruzada de contrastes y provocaciones: hijo de un ex soldado de Stalin, tras exiliarse de la Unión Soviética en los 70, vivió en Nueva York y París; combatió en los Balcanes y se unió a las filas de los francotiradores del serbio Radovan Karadzic, acusado de genocidio; volvió a Rusia, luchó contra Putin y tuvo simpatías por Jean-Marie Le Pen.

Acusado de terrorismo, estuvo en la cárcel entre 2002 y 2003. Al salir, fundó el partido la Otra Rusia y editó sus memorias, Libro de las aguas. En ellas el escritor francés Frédéric Beigbeder observa: "Carrère lo vio antes que nadie: Limónov ama la revolución porque es un romántico. Al igual que Céline, está equivocado políticamente, pero literariamente tiene razón".

En su novela Historia de un servidor, sobre su vida en Nueva York, Limónov anotó: "Nunca he tenido miedo a la muerte. Más bien temo a lo incógnito. Ese es mi punto débil, mi talón de Aquiles. Yo soy una persona ambiciosa, la ambición me devora. Todo por la gloria".

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