De Violeta Parra a la voz de Patricio Manns, Inti Illimani y Los Bunkers: el largo camino de La exiliada del sur

Violeta Parra en 1958. Foto de Quequo Larraín.

Una composición clásica en el repertorio popular chileno, surgió en plena efervescencia de La Nueva Canción, a partir de una décima escrita por la folclorista que fue musicalizada por Manns. En Culto revisamos su historia y posteriores versiones, como la grabada por Los Bunkers en 2003, en voces de los protagonistas de un viaje que sentó en la misma mesa, música y poesía.



Compartieron un poco más de dos años, entre conversaciones, giras y hasta un aterrizaje de emergencia en el aeródromo de Tobalaba, al regresar de Arica en 1966. Pero la muerte de Violeta Parra, un año después, no diluyó el vínculo de amistad y creación con Patricio Manns. Solo algunos años después, el oriundo de Nacimiento invocó la palabra de la folclorista con una composición que entró en el repertorio popular en diferentes versiones; “La exiliada del sur”.

Fue la décima número 58, de las noventa incluidas en las Décimas: autobiografía en verso (1970), la que se hizo canción. “La idea de musicarla fue de Rene Largo Farias, que leyó el libro y me mostró el poema”, recuerda Manns en conversación con Culto realizada tiempo antes de su hospitalización en septiembre. “La música es un misterio de la mente. Yo lo sé porque vine al mundo lleno de música”, agrega.

Locutor radial y activo promotor cultural, Farías además fundó la peña Chile ríe y canta (tal como el programa que conducía en radio Minería), en la que Manns participaba a menudo. Eran años en que la canción de raíz se colaba en la noche capitalina, al calor de vasos de vino, sabrosas empanadas y presentaciones a la guitarra. Inquietas y persistentes, las voces de los hermanos Ángel e Isabel Parra, Víctor Jara y otros tantos, dieron fondo a un movimiento tan legendario como influyente; la Nueva Canción Chilena.

Hacia 1971, el nombre de Manns ya se había asentado en el panorama cultural. Desde su irrupción solo seis años antes con su “Arriba en la cordillera”, ya tenía cuatro elepés firmados por él, y más importante, un respeto como inspirado cantautor. En la Historia social de la música popular en Chile (Ediciones UC, 2009), estiman que hasta entonces, se grabaron no menos de setenta de sus canciones.

Patricio Manns

En esos días de revolución a la chilena de la UP, en que el congreso aprobó de forma unánime la nacionalización del cobre, se preparaba la visita del siempre locuaz Fidel Castro, y la agenda se estremecía con el asesinato del exministro demócratacristiano, Edmundo Pérez Zujovic, el cantautor preparaba la grabación de su quinto álbum.

Titulado simplemente Patricio Manns, en ese elepé el autor reunió a colaboradores que laboraban su propio ramal artístico. Como certeros acompañantes, estuvieron los jóvenes Inti Illimani y los Blops. Y en los arreglos sinfónicos, otro de los nombres clave de la Nueva Canción, el maestro Luis Advis, quien compuso la Cantata Santa María de Iquique, grabada por Quilapayún.

Fue entonces que se registró “El exiliado del sur”. Tras conocer la décima a través de Largo Farías, el sentido literario de Manns intuyó su potencial como pieza cantada. “El poema no tenía título y yo le saqué los últimos cuatro versos, que no me gustaban”, detalla. También cambió la línea “mi falda en Perquilauquén, recoge unos panecillos” por “mi boca en Perquilauquén, sopla sobre un caramillo”, y además modificó al hablante lírico, considerando que en su voz sonaría como si fuera una vivencia propia. “Convertí el poema en masculino y saqué todo lo femenino”, explica.

En el texto original, la última estrofa va así:

Desembarcando en Riñihue

se vio la Violeta Parra,

sin cuerdas en la guitarra,

sin hojas en el colihue.

Una bandá' de chirigües

le vino a dar un concierto;

con su hermanito Roberto

y Cochepe forman un trío

que cant' a l’orilla 'el río

y en el vaivén de los puertos.

En esa misma temporada, el tema tendrá una nueva versión, esta vez a cargo de los Inti Illimani. Hasta entonces, el sexteto manejaba un repertorio tomado en buena parte, del folclore latinoamericano. Pero en esa ocasión acometieron un set de canciones firmadas solo por creadores nacionales. De allí el nombre del disco, Autores Chilenos. Y como no, también participó Luis Advis en la dirección musical.

Portada del álbum Autores Chilenos (1971), de Inti Illimani. El diseño gráfico fue realizado por el estudio Larrea.

Advis, recuerda Manns, fue quien ideó el título con que se tiende a llamar a la pieza hasta hoy. Así, le llamó “La exiliada del sur” y en la letra se obviaron los cambios de la primera grabación, salvo la palabra “blusa” por “falda”, en la línea sobre Perquilauquén. Se registró con arreglos de tiple, quenas y guitarras, los que sostenían las voces bien templadas de Max Berrú, Jorge Coulon y el recién incorporado José Seves. “Lucho le cambió el nombre y dirigió el arreglo original mío con la introducción, que es de mi autoría”, explica Manns.

La impronta de Violeta Parra en el álbum fue tal, que en el listado de temas figuran seis canciones de su creación, de las cuales dos son musicalizaciones de otros textos; “Lo que más quiero” (con música de Isabel Parra) y “La exiliada”. Ello da cuenta del respeto por la figura de la autora, cuando solo habían pasado cuatro años desde su muerte. Las otras cuatro, fueron “Run Run se fue pa’l norte”, “Rin del angelito”, “Volver a los 17” y “Corazón maldito”.

Cómo cantar una canción

Fue entre las paredes del departamento del baterista Mauricio Basoalto, cerca de la calle Brasil, en que los integrantes de Los Bunkers decidieron trabajar una aproximación propia a “La Exiliada del sur”, una pieza que luego se volvió una pieza infaltable de su repertorio en vivo, tras publicarla en el álbum La Culpa (2003).

“En algún momento nos planteamos hacer un cover pero chileno, porque al principio cuando tocábamos en bares, lo más común era sacarse del sombrero un cover de Bowie o un tema de rock que era como lo más efectivo -recuerda el exintegrante, Mauricio Durán, hoy en Lanza Internacional y Pillanes-. Pero en la medida en que fuimos madurando como grupo surgió la necesidad de grabar una canción chilena que nos gustara mucho”.

Los Bunkers en las sesiones del álbum La Culpa.

Durán cuenta que, junto a su hermano Francisco, conoció el tema en la versión de Inti Illimani, durante su niñez ochentera. “Cuando éramos chicos, en época de dictadura, íbamos a peñas, a conciertos en el aula magna en Concepción. Esa canción se tocaba en el repertorio de resistencia, sobre todo la música de raíz antes que apareciera el rock y todo eso”.

Para el momento en que se decidieron a grabar la canción, el quinteto ya tenía dos discos en las repisas de las tiendas (Los Bunkers y Canción de lejos), y una bien ganada reputación como competentes músicos de directo. Además, haciendo gala de una acuciosa melomanía, en sus shows no faltaban las versiones para clásicos retro tan diferentes como “Y volveré”, de Los Ángeles Negros, o “Last train to London”, de Electric Light Orchestra.

Sin embargo, hacer “La exiliada del sur” suponía un salto de otro alcance. “El mayor desafío fue cómo repartirnos las voces, porque las del Inti son cosa seria (ríe) -recuerda Durán-. La potencia de José Seves, Coulon, Berrú es impactante. Por eso buscamos como proyectar en una versión nueva, la misma potencia vocal, porque no queríamos que la expresión total del tema descansara en las guitarras eléctricas, nos parecía como muy fácil”.

Pero tras algunas tardes, el quinteto dio con el sonido que buscaba. “Se terminó de armar en la sala de ensayo, cuando Basoalto le pone un ritmo de 6/8, algo que ha estado presente en el rock chileno desde hace mucho antes que nosotros, basta escuchar el trabajo de Gabriel Parra en Los Jaivas”, rememora el penquista.

Gabriel Parra, baterista de Los Jaivas hasta su muerte en 1988.

“El resto fue pasar las figuras de quenas a las guitarras. Estaba la Rickenbacker de 12 cuerdas, que también era importante en nuestra visión de cómo mezclar el rock con el folk chileno, sobre todo porque esa guitarra había cumplido un rol fundamental en el cruce del rock y el folk anglo, y pensamos que en Chile se podía hacer lo mismo -agrega-. Al ser un instrumento de doble cuerda puede emular ciertos timbre parecidos al guitarrón o al tiple. Era un elemento esencial para nosotros”.

El músico explica que, además de su vínculo emocional con los años formativos de la niñez, se trata de una composición que con el tiempo, gana otras lecturas. “El texto de Violeta es increíble y también, en cierta medida representa el espíritu del músico chileno, siempre en la medida que empieza a recorrer chile se siente un poco dejando un pedacito de sí”.

Y aunque reconoce que las dos versiones previas, la de Manns y la de Inti Illimani “son muy importantes para nosotros”, en el grupo hubo interés por hacerle llegar al autor de “Valdivia en la niebla”, la lectura Bunker del tema. “En un evento en la SCD le pasamos el disco La Culpa -recuerda-. Le dijimos que habíamos hecho la versión, que estábamos contentos de haberla grabado y que la escuchara. Nunca supe lo que pensó”.

Pero Manns sí escuchó el disco. Y en su estilo directo, no tuvo dudas. “Me gustó la versión de los Bunkers -cuenta-. La considero muy buena”.

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