John Le Carré: muere el espía que se transformó en escritor bestseller

Varias obras del escritor John Le Carré fueron llevadas al cine, entre ellas El espía que surgió del frío. Foto: Reuters

Considerado el más importante de los autores de novelas de espionaje, el responsable de novelas como El topo y La chica del tambor, falleció este domingo a los 89 años.



Si en 1953 Ian Fleming inventó a James Bond e hizo creer a todo el mundo que el oficio de agente secreto estaba compuesto de acción trepidante, champagne y mujeres espectaculares, menos de una década más tarde llegó John Le Carré para desmentirnos aquel tinglado y hacernos ver que en realidad se parecía mucho más a la rutina de un oficinista. Eso sí, los problemas que su agente George Smiley debía resolver tenían que ver con la Guerra Fría, con el contraespionaje y con el futuro de la paz mundial. Después de todo, al igual que 007, era otro agente al servicio de su majestad.

Este domingo, atacado por una breve neumonía y con 89 años, el autor de ese mundo gris, traicionero y proclive a la paranoia, murió en un hospital de Cornualles, al suroeste de Gran Bretaña. Era en esa zona costera y apacible donde el autor de El espía que surgió del frío tenía su hogar y la noticia fue informada por Johnny Geller, presidente de la agencia Curtis Brown, que manejaba la obra del que es considerado el autor más importante de novelas de espionaje en la segunda mitad del siglo XX. Es decir, en casi toda la historia de este subgénero.

El autor británico John le Carre sostiene una copia de su libro "Un traidor como los nuestros" en una librería del centro de Londres durante un evento de firma de libros para marcar el lanzamiento de la novela, el jueves 16 de septiembre de 2010. (Foto: AP/Alastair Grant, file)

Las tramas de los espías y los contraespías de las agencias de inteligencia británicas MI5 y el MI6 eran tan hijas de la Guerra Fría como la crisis de los misiles de Cuba, el Muro de Berlín o las deserciones desde el Este al Oeste. Y todo ese mundo, pintado con multicolor heroísmo por la propaganda occidental, fue reducido muchas veces a su más compleja y turbia verdad por John Le Carré, que en realidad no se llamaba así. Su nombre también era más verdadero y normal, como sus espías. Era simplemente David Cornwell.

Como Ian Fleming, John Le Carré sabía de lo que hablaba y tal vez por eso sus obras siempre gozaron de una meticulosidad y un realismo apabullantes: ambos habían sido espías y conocían el medio. Hay que decir que Le Carré siempre tuvo éxito de lectoría y cada una de sus novelas era un potencial bestseller, alcanzando el estatus de ser un autor de calidad con público asegurado. Como JK Rowling, como Stephen King.

Algunas de las narraciones más conocidas del inglés fueron El espía que surgió del frío, El topo, El honorable colegial o La gente de Smiley, donde en general la figura del agente George Smiley (interpretado en las adaptaciones fímicas por Alec Guinness y Gary Oldman entre otros), era el ejemplo clásico del agente salido de su pluma: sagaz, algo parco, anodino en su vestir y siempre enfrentado a su némesis, el gente ruso conocido como Karla.

Las reacciones por su muerte no se hicieron esperar y algunas estuvieron en boca de los más vendedores autores del momento. Stephen King, por ejemplo, sostuvo: “Este año terrible se ha llevado a un gigante literario y a un espíritu humanitario “. Robert Harris (Munich, El poder en la sombra), por otro lado, no le fue a la zaga en sus apreciaciones y dijo que la noticia lo había dejado “muy angustiado… es uno de los grandes novelistas británicos de la posguerra, y un personaje único e inolvidable”. A su vez el historiador Simon Sebag Montefiore (Llamadme Stalin) lo llamó “el titán de la literatura inglesa entre los grandes... en persona, cautivador y tan amable y generoso conmigo y muchos otros.”

En el cine

Se puede decir que la obra de John Le Carré le calzó al cine como si fuera un guante. Su estilo, sus personajes y los dilemas morales que enfrentaban sus personajes eran carne de inspiración para Hollywood, para el cine europeo y hasta para las producciones independientes.

Al respecto no se puede dejar de mencionar una cinta como Tinker, tailor, soldier, spy, trabajo del 2011 dirigido por el sueco Tomas Alfredson y protagonizado por una pléyade de grandes estrellas británicas, entre ellas Gary Oldman, Colin Firth, Benedict Cumberbatch y Tom Hardy. El largometraje se basaba en El topo, de 1974, y era más bien un retrato de los resquemores y los problemas dentro del servicio de inteligencia que un retablo de los conflictos internacionales.

El autor británico John Le Carre (centro) posa para los fotógrafos con el actor británico Gary Oldman (izquierda) y el director sueco Tomas Alfredson en el estreno británico de Tinker, Tailor, Soldier, Spy en Londres el 13 de septiembre de 2011. REUTERS / Suzanne Plunkett /

Un clásico, en plena época de 007, fue El espía que surgió del frío, obra de 1964 dirigida por Martin Ritt y donde Richard Burton (en el rol de Smiley) debía hacerse cargo de un caso en Berlín. Ya lejos del terreno de la Guerra Fría, otra de las cintas más celebradas que se inspiraron en Le Carré fue El hombre más buscado (2014), película de Anton Corbijn acerca de un agente alemán (Philip Seymour Hoffman, en uno de sus últimos roles) que inútilmente intenta resolver una serie de maquinaciones de células islámicas en su país.

Esta película de alguna manera contaba con toda la moral que Le Carré supo desplegar tan bien en sus novelas: la ética de los personajes que trabajan por su patria con la más sensata y menos heroica de las actitudes. Es probable que en sus años de llamarse sólo David Cornwell y en alguna oscura dependencia del MI5, Le Carré haya sido uno de esos personajes.

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