De héroe de acción de los 90 a diplomático del gobierno ruso: la última pirueta de Steven Seagal

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Tras su salto a la fama en películas como Nico y Alerta máxima, el actor estadounidense hoy se desempeña como enviado especial del gobierno de Putin y esta semana se reunió con Nicolás Maduro en Caracas. Un nuevo hito en la extraña biografía del también músico, quien se acercó al budismo y al Kremlin en paralelo a las múltiples acusaciones de abusos sexuales que pesan en su contra.



Para aquellos que crecieron viendo películas de acción en VHS y en los primeros años del TV cable, Steven Seagal fue un ídolo absoluto y también un héroe algo atípico, siempre con personajes de rictus imperturbable y de pasado en la CIA o el FBI, capaces de combinar las artes marciales con el manejo de armas, así como de desnucar a sus enemigos en pantalla con un simple movimiento de manos, sin mancharse el traje ni sufrir contraataque alguno.

Para muchos de sus compañeros de plató, en cambio, Seagal fue un tipo de trato áspero, carente de sentido del humor y de habilidades blandas. Muchos dobles de acción lo acusaron en su momento de maltrato en el set, hasta hoy es considerado uno de los peores anfitriones invitados que ha tenido en su historia el programa Saturday night live -donde en 1991 se negó a participar de cualquier sketch que lo dejara mal parado- y es notoria su ausencia de la saga Los indestructibles (The expendables), la franquicia que ha reunido a casi todos los íconos del cine de acción de las últimas décadas. “Simplemente no me agradan algunos de los involucrados. La vida es demasiado corta para trabajar con gente divertida”, explicó hace algunos años.

La peor cara de Seagal, eso sí, la destaparon algunas de sus colegas actrices. Primero con una denuncia en su contra a fines de los 90 por parte de la actriz Jenny McCarthy, que lo acusó de obligarla a quitarse la ropa durante un casting. Recién con la explosión de movimiento MeToo, en 2017, las denuncias en su contra se masificaron, revelando un supuesto patrón de abusos sexuales en audiciones -por parte de estrellas como Portia de Rossi y Juliana Margulies- e incluso una acusación de violación realizada por Regina Simons.

Lejos de sus días de apogeo en Hollywood -cuando tenía un contrato millonario con Warner Bros-, los últimos años Seagal los ha dedicado a los reality shows, las películas de bajo presupuesto y sus labores como sheriff adjunto de Louisiana y Arizona. Eso hasta que ayer martes el actor de 68 años apareció en una serie de fotos junto al presidente venezolano Nicolás Maduro, en una cita oficial en Caracas como parte de la otra faceta de Seagal: la de diplomático y “representante especial” en Estados Unidos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia. Un cargo que ostenta desde 2018 y que busca facilitar las relaciones entre Washington y Moscú en materia humanitaria, a través de intercambios culturales y artísticos.

“Complacido de recibir la grata visita del actor estadounidense, Steven Seagal. Sin duda alguna, Steven no es solo uno de los grandes del cine, también es un dedicado luchador por la Paz de los pueblos. ¡Bienvenido!”, tuiteó Maduro tras el encuentro con el actor, quien le obsequió una espada samurai y le permitió -ahora sí- bromear frente a las cámaras empuñando la katana y simulando golpes en su contra.

Un nuevo episodio que pone de relieve la “conexión rusa” de Seagal y que se suma a su extraña biografía, que incluye también una zigzagueante carrera en la música como guitarrista -Stevie Wonder es uno de los colaboradores de su primer disco solista, de 2005-, su defensa del medio ambiente y de los derechos de los animales y, por supuesto, su vínculo de larga data con las artes marciales, que profundizó durante una estadía en Japón en los años 70. Fue el primer extranjero en abrir un dojo de aikido en ese país.

El vínculo del protagonista de Nico (1988) y Alerta máxima (1992) con el este del mundo tiene varios antecedentes. Su padre, Samuel Seagal, era hijo de una familia judía-rusa que se trasladó a Estados Unidos. Por otra parte, tras su primer matrimonio con una mujer japonesa -de quien se divorció tras un affaire con la “chica de rojo” Kelly LeBrock-, Seagal está actualmente casado con Erdenetuya Batsukh, de nacionalidad mongola.

Foto: AFP

En paralelo, Seagal se reconoce hace décadas como budista y en 1997 fue nombrado tulku, un término utilizado en el budismo tibetano para cierto tipo de custodios de un linaje específico de maestros. Además, el actor es el guardián de Yabshi Pan Rinzinwangmo, la única hija del décimo Panchen Lama del Tíbet. Cuando la joven estudió ciencias políticas en Estados Unidos, Seagal fue su guardaespaldas.

Y mientras la popularidad del actor se ha ido apagando en este lado del mundo, en el este y específicamente en Rusia todavía conserva buena parte de su fama, sus películas aún tienen cierta repercusión -muchas de ellas se han lanzado sólo para ese mercado- y ha comercializado bebidas, productos de afeitar y hasta una marca de pistolas con su nombre en ese país.

Él mismo se habría acercado al gobierno de Vladimir Putin (a quien calificó tiempo atrás como “uno de los grandes líderes vivos de este mundo”), adulando al mandatario y pidiendo la ciudadanía, la que finalmente obtuvo en noviembre de 2016. Según el portavoz del gobierno, Dmitry Peskov, Putin no es “necesariamente un gran admirador, pero definitivamente ha visto algunas de sus películas”. Por esos mismos días, el Kremlin comenzó a tantear la opción de que el actor se convirtiera en enviado especial del gobierno ruso en Estados Unidos, lo que se oficializó un par de años después.

Hasta ahora, Seagal ha tenido suerte con las acusaciones en su contra por abusos sexuales y no ha sido condenado en ninguno de los juicios que se han realizado a partir de las acusaciones. En muchos casos, debido a que los crímenes de los que se le acusa ya están prescritos.

En paralelo a su hoy esporádica carrera cinematográfica, el actor -según un reporte de The Moscow Times- ha manifestado sus intenciones de convertirse en gobernador de Primorie, una región al este de Rusia.

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