Tenemos que hablar de las series de Marvel

WandaVision

Las tres ficciones estrenadas este año bajo el alero de Disney+ tienen muy lentos inicios, despuntan a mitad de camino y vuelven a flaquear hasta el final. La audiencia las premia, los fanáticos las defienden, ¿pero cuánto más se puede estirar un elástico tan débil?



WandaVision es una soberana lata hasta el final del tercer capítulo. Vagamente divertida, lo que prima es la confusión en la pareja protagónica y en los televidentes. ¿Por qué deberíamos tener la paciencia de ver casi 90 minutos antes de que comience a entenderse? Aclaremos: se entiende el hilo central, el punto es ¿debe interesarnos descubrir más?

La primera serie de Marvel para Disney+, estrenada el 15 de enero, tenía un diseño de producción impactante, un bella fotografía y efectos visuales dignos de premios, pero su libreto no tenía alma. Era fome con mayúsculas. Los fanáticos, que tienen una paciencia infinita para justificar todo y que trolean al que está en desacuerdo con ellos, elaboraron teorías sobre lo que venía, sobre los puntos de unión con el universo Marvel, pero tras un cuarto y quinto capítulos muy superiores al inicio, volvía a derrumbarse, con guiños a sitcoms antiguas que confundían sobre el público al que estaba dirigida, con diálogos erráticos y sin mucha gracia. Difícil que muchos niños hayan enganchado.

Falcon y el soldado de invierno

Falcon y el soldado de invierno tenía un mejor arranque, con un capítulo piloto de pura acción, poca explicación y destinada a pasar el rato. Bien. Pero ya en el segundo episodio comenzaba a hacer agua, privilegiando diálogos a menudo débiles, personajes traumatizados donde escuchábamos una y otra vez más menos lo mismo y una lentitud que vencía al más entusiasta.

Loki, estrenada hace unos días, solo ha venido a confirmar la mala racha creativa, con una serie ¿de comedia? en la que el personaje interpretado por Tom Hiddleston se ha vuelto una parodia de lo que inicialmente vimos en el cine, que era gracioso sin perder de vista que era principalmente un villano. Sus dos primeros capítulos, de una hora cada uno, son un exceso de conversaciones sobre viajes del tiempo, pero uno no necesita tanta explicación de cada cosa que está viendo en pantalla, porque es redundante. El libreto ha creído que sí, que hay que explicar harto y con detalle, y nuevamente debemos gastar 120 minutos de tiempo antes de que la acción parta en serio. El problema es que desde el tercer capítulo en adelante tampoco hay la entretención que uno habría esperado. Apenas mejora. No lo suficiente.

Loki

El problema con las series de Marvel es el modo en que Disney+ las ha trabajado: las tres ficciones estrenadas este año han sido pensadas como películas más que como series. Para ver en modo maratón -una incongruencia, porque han ocupado la fórmula de estrenar uno o dos capítulos a la semana- y que solo son opinables tras verlas completas. Hasta el final del último capítulo. Francamente, ¿cuántos habrán llegado hasta el desenlace de cada una de ellas? Seguramente muchos fanáticos, pero otros tantos no. Ni hablar de los que poco se manejan con el universo Marvel, que deben sacar apuntes para comprender de dónde viene cada personaje y cómo se conectan con las películas o series que vienen, porque las series son muy poco inclusivas de nuevos públicos.

Hay demasiada oferta televisiva como para perder el tiempo en algo que no te engancha desde un inicio. Nunca antes hubo tantos estrenos semanalmente y la competencia es dura. Hay estudios de TV estadounidenses que indican que muchos televidentes en el mundo abandonan las series al primer o segundo capítulo. No conectan y pasan a otra. Si debemos regirnos por ello, lo justo habría sido abandonar las tres series de Marvel hechas por Disney+. Si muchos fueron más allá, es porque el fanatismo nubla la razón o no se pierden las esperanzas de que mejore más adelante. Pero, ¿cuánto más se puede estirar ese elástico tan débil?

Durante cinco años las series de Marvel estuvieron hechas por Netflix y ahí todo partió increíble con Daredevil, que era emoción, buenas coreografías de peleas y, sobre todo, muy sólidos libretos. Es cierto que fue bajando en calidad en la segunda y tercera temporada, pero aún así cualquiera de esas tres es superior a las de Disney+. Logró aunar el interés de jóvenes y adultos, de fanáticos evangelizados y primerizos. Jessica Jones dividió aguas, pero era otra serie con buen guion y actuaciones, oscura e intrigante, a ritmo lento pero sin exagerar. Tenía estilo y actitud, ampliaba el público del estudio y le daba a una mujer un protagónico, algo que no pasa tan a menudo. Luke Cage debería de situarse unos peldaños más abajo, porque era menos pretenciosa, quizás, pero tenía un ritmo de capítulos parejo. Sin descollar, bajo ningún caso era fallida.

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Daredevil

De los últimos años, claro, WandaVision es Los Soprano al lado de Iron Fist, la peor serie del universo televisivo Marvel, la mancha negra del estudio, donde nada funcionaba bien, desde el pésimo protagonista hasta la muy débil historia y escenas que daban un poco de vergüenza ajena. Es cierto que The defenders era algo mejor (o quizás era entretenido verlos a todos en una misma serie) y The punisher aún más, pero se notaba que la factoría de Marvel asociada a Netflix estaba flaqueando.

Hasta que llegó Disney+ a hacerse cargo. El streaming ha anunciado una gran cantidad de series por delante, porque saben que público hay. El problema es que si siguen en este camino que han tomado, cada vez irán quedándose con los fanáticos más acérrimos. Seguramente serán millones, porque a ellos los tienen que convencer. Es un público duro y el tema no es la audiencia sino la falta de calidad de lo que están entregando. Hay una cantidad aún mayor de gente que está quedándose fuera, que tiene menos paciencia para ver dos horas antes de que “realmente se ponga buena”, y que, claramente, se aburre.

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