En el cerebro de Adam Mckay, el director de No Miren Arriba

Foto: Kevin Mazur/Getty Images for Netflix

El cineasta abandonó la comedia sobre hombres blancos (El reportero, Hermanastros) para concentrarse en sátiras sobre la crisis financiera, el derrumbe de las instituciones y, recientemente, el estado del mundo actual a través de su óptica sobre las fake news, los gobiernos populistas y la desconfianza hacia la ciencia. Una mirada descreída, humor basado en la improvisación y elencos estelares marcan su fórmula reciente.



Durante tres noches de 2018 Adam McKay tuvo serios problemas para dormir. Recientemente se había hecho público un nuevo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático IPCC) que alertaba sobre un alza de 1,5° C en la temperatura del mundo, y el director de Hermanastros (2008) percibió con angustia que la cobertura que los medios otorgaban a la noticia no era suficiente.

En un diálogo con su amigo David Sirota, un reconocido periodista y columnista, surgió una idea que representaba la conmoción que los unía ante la emergencia: el cambio climático es como un cometa que se va a estrellar contra el mundo y a nadie le importa.

Tres años después, esa premisa –lanzada medio broma, medio en serio–se convirtió en el eslabón central de No miren arriba (Don’t look up), la cinta que acaba de llegar a Netflix y se alzó como el título del streaming más visto del momento, así como en uno de los filmes que más ha dividido a la crítica durante este año.

El director junto a Jennifer Lawrence en el set de la película. Foto: NIKO TAVERNISE/NETFLIX © 2021

Protagonizada por Jennifer Lawrence y Leonardo DiCaprio, la comedia sigue a dos astrónomos que descubrieron que un letal cometa impactará a la Tierra en semanas. Como indica el protocolo, alertan a la NASA y luego el gobierno de Estados Unidos, liderado por la presidenta Janie Orlean (Meryl Streep).

Pero la dupla de científicos no encuentra acogida ni en el Salón Oval ni en los empresarios ni en los medios de comunicación, representados sucesivamente por figuras como el magnate de la tecnología Peter Isherwell (Mark Rylance) y la pareja de conductores (Cate Blanchett, Tyler Perry) de uno de los programas más exitosos de Norteamérica.

Es la trama que elaboró McKay para, en un comienzo, dar forma a un comentario sobre el cambio climático y luego abordar el estado del mundo en dimensiones como las fake news, la cultura de las celebridades, los gobiernos populistas y la infundada desconfianza hacia la ciencia. Parece ser demasiado para una sola película, pero al director no se le puede reprochar falta de ambición ni de insistencia: No miren arriba es la última pieza de su búsqueda reciente como director, guionista y productor, que dio un giro hace al menos un lustro.

Foto: NIKO TAVERNISE/NETFLIX © 2021

Quien fuera conocido por su trabajo como escritor de Saturday Night Live a fines de los 90, y por efectivas cintas humorísticas como El reportero: La leyenda de Ron Burgundy (2004) y Hermanastros (2008), decretó la extinción de las comedias sobre hombres blancos heterosexuales. O al menos el fin de su época de gloria.

“Empezaron a suceder cosas tectónicas grandes y poderosas: el colapso financiero, el auge de la extrema derecha, la crisis climática y la creciente desigualdad de ingresos. Se volvió casi bizarro hacer esas comedias a la antigua y no tenía sentido en ese momento”, explicó a The Hollywood Reporter este año.

Bajo esas conclusiones, primero adaptó el libro de Michael Lewis sobre un grupo de extravagantes personajes de Wall Street en medio de la crisis bursátil de 2007 y 2008, reuniendo a un elenco impresionante (Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling, Brad Pitt) y acercándose a la historia en clave de ácida sátira. Le dio la primera nominación de su carrera a Mejor director en los Oscar y una estatuilla a Mejor guión adaptado, además del reconocimiento de un nuevo tipo de público.

Dick Cheney, vicepresidente de George W. Bush durante su mandato completo, entre 2001 y 2009, fue su siguiente objeto de estudio. Aunque le reportó una recepción menos unánime, con El vicepresidente (2018) se afianzó como uno de los mayores críticos de la institucionalidad estadounidense.

Hermanastos. Foto: Columbia Pictures/Ronald Grant Archive

Oriundo de Denver, Colorado, McKay vivió una experiencia transformadora al interior del Upright Citizens Brigade, un grupo de comedia experimental de Chicago que ayudó a fundar antes de dar el salto a Saturday Night Live. En ese momento incorporó a su técnica de trabajo la improvisación, que ha usado tanto en sus primeras comedias como en sus largometrajes más recientes.

El director alienta a que sus actores den vida a momentos que no están en el guión, como ocurrió en No miren arriba. Un ejemplo: la escena en que la presidenta de Estados Unidos recibe a los astrónomos en el Salón Oval originalmente se extendía por 16 minutos y se grabó durante dos días completos, luego de que McKay les diera rienda suelta a Meryl Streep, Leonardo DiCaprio, Jennifer Lawrence y compañía.

Sin embargo, en última instancia, al cineasta no está tan interesado en hacer una película redonda como en generar conversación. De ahí que saliera rápidamente a marcar el punto en un hilo de Twitter tras el debut de su última cinta. “Nos falta conciencia, voluntad y acción. Sin esas tres cosas, estamos en serios problemas”, escribió en relación al cambio climático y la acción del mundo para detenerlo.

De izquierda y distante de la figura de Joe Biden, también analiza con preocupación el paisaje para la cultura en el mundo actual. “Es solo un momento complicado para hacer películas o hacer series o escribir libros o hacer lo que haces. Hombre, nuestra cultura es un león y un babuino peleando entre sí. Es una locura”, le dijo este año a The New York Times.

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