El grupo Idles baja un cambio: “Me aburrió en lo que nos habíamos convertido”

Bowen, cuarto desde la izquierda, junto a sus compañeros de grupo. Foto: Tom Ham.

El quinteto de Bristol, protagonista del nuevo rock británico, debutaría en Chile en 2020 pero la pandemia dijo otra cosa. Ahora llegan a Lollapalooza con un sonido renovado. "Quería crear esa misma catarsis a través del ruido, generar el mismo impacto pero usando la energía de otra manera", explica a Culto al guitarrista y productor Mark Bowen, la mente detrás del celebrado Crawler.



Cosas de la pandemia: en su regreso a las giras, Idles no tiene uno sino dos discos nuevos para mostrarle a su público. Tras sortear el encierro con el lanzamiento de Ultra Mono (septiembre de 2020) y Crawler (noviembre de 2021), el quinteto de Bristol está de vuelta en la ruta y a fines de marzo debutará en Chile como parte de  Lollapalooza, festival en el que ya habían sido confirmados hace dos años.

Por ese entonces eran la última sensación de la ruidosa e inclasificable escena del rock inglés de estos tiempos (Black Country, New Road, Black Midi, Shame), gracias a Brutalism (2017) y Joy as an act of resistance (2018), dos aclamados discos de guitarras furiosas, inspiración post punk y las celebradas reflexiones del carismático Joe Talbot, un galés de apariencia tosca aunque capaz de abrazar la sensibilidad centennial en canciones sobre la masculinidad tóxica, la inmigración, el Brexit y toda clase de observaciones sociales y amorosas. Pero aquel grupo rabioso y acelerado que aportó intensidad a varias escenas icónicas de la serie Peaky Blinders no es el mismo que llegará a Santiago en un mes más.

Ultra mono lo compusimos como una forma de deshacernos de todo el equipaje que traíamos como Idles. Pero sabíamos que para el siguiente paso ya habríamos fijado nuestra identidad como grupo y podríamos probarnos distintos sombreros, cambiar algunas cosas. Ese siempre fue el plan”, asegura a Culto Mark Bowen, guitarrista y principal responsable del sonido actual del prolífico conjunto, que en su cuarto álbum en cuatro años baja un cambio, transforma velocidad en intensidad e incluso en ciertos pasajes se atreve a explorar algo medianamente parecido al soul y el hip hop.

“Creo que hemos logrado acomodarnos a nuestra identidad como entidad creativa. Siempre seremos Idles, sonaremos como Idles, pero a medida que crecemos en confianza podemos tomar más riesgos y ya no tenemos que sonar como alguien más porque ya sonamos como Idles. Ahora lo interesante es ver cuán lejos podemos llevar esto”, explica Bowen, quien en Crawler asumió buena parte de la producción musical en conjunto con Kenny Beats (Rico Nasty, Vince Staples), hombre venido del trap y el hip hop.

Si bien Idles existe desde 2009, sus cuatro discos los publicaron entre 2017 y 2021. ¿A qué se debe esta fase tan prolífica del grupo?

Creo que es el resultado de dos cosas: primero, hemos sido una banda por casi 14 años, así que hemos puesto todo el trabajo de base desde el principio, lo que significa que cuando llega el momento de sacar discos nuestro lenguaje creativo y nuestra habilidad para crear canciones ya estaba desarrollada. Y por otro lado creo que tiene que ver con la naturaleza de la industria musical. Esto es como volver a una época como la de los Beatles, que sacaban dos discos al año. Bueno, ellos no tocaban en vivo y nosotros tampoco (ríe). De hecho, después de Ultra Mono, nuestra idea era salir de gira con todo, tres años o algo así, pero como la pandemia sólo nos permitió grabar música nos dedicamos a eso y así nació Crawler.

¿El encierro de los dos últimos años fue los que les permitió encontrar este nuevo sonido?

De alguna forma el contexto cambió todo, porque no estábamos tocando en vivo, no teníamos público, no podíamos probar cosas o ver cómo reaccionaban a las canciones de Ultra mono, por lo que tampoco surgió la necesidad de repetirnos. Más bien nos vimos forzados a cambiarlo todo de nuevo para este disco, que lo compusimos por separado y no como quinteto, y salió algo diferente. Sigue siendo un disco de Idles, solo que es diferente. Además tuvimos mucho tiempo para hacerlo.

En su gira actual están presentando dos discos que no habían tocado, pero en este debut sudamericano, en rigor, estrenarán en vivo sus cuatro discos.

Sí, ha tardado mucho en llegar. Se suponía que haríamos estos shows en marzo de 2020, así que ahora tenemos el doble de discos para mostrar. Tengo la sensación de que Ultra mono fue algo grande allá, lo que me parece genial.

¿Crawler fue la forma que encontraron para marcar distancia con los colegas de la escena rockera inglesa y el mote de banda post-punk?

Sí, fue algo deliberado. Queríamos apartarnos de lo que éramos en ese punto, expandirnos. Este es el disco que siempre quisimos hacer, siempre nos ha interesado el tipo de música que escuchas en Crawler. Nos interesa progresar, quiero hacer sonidos con la guitarra que nadie ha escuchado antes, que ojalá ni siquiera suene como guitarra. Y Joe siempre ha tenido algo de cantante de soul, ha ganado en confianza, lo que se traduce en menos ladridos, menos hablar y más enfocarse en la melodía, lo que además te permite componer una música muy distinta porque encuentro que esa cosa acelerada post-punk es enemiga de la melodía.

En lo personal, me aburrió en lo que Ultra Mono y en lo que Idles se había convertido, como una herramienta sin filo. Nos volvimos como un puñetazo sangriento en la cara y quería crear esa misma catarsis a través del ruido, generar el mismo impacto pero usando la energía de otra manera, más afilados. Ese era uno de los objetivos de este disco y es parte de lo que hicimos a nivel de producción.

¿Han encontrado algo diferente en esta vuelta a los conciertos después de dos años?

Creo que este periodo de transición que estamos viviendo, de no tener ningún show a tener shows de nuevo, es como una reconciliación gradual hacia algo que haga sentir feliz o cómoda a la gente. Hasta ahora lo que he visto es verdadera felicidad en cada concierto, la sensación de gratitud de poder volver pero también de no dar nada por asegurado. Igual, pienso que somos animales de costumbres y la forma en que los conciertos han funcionado por tantos años no creo que cambie demasiado. Eso espero.

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