Ucrania y el ejemplo de La Brigada Lincoln: cuando extranjeros fueron a una guerra que no les pertenecía

La Brigada Lincoln.

Recientemente el canciller ucraniano, Dmytro Kouleba, confirmó la presencia de 20.000 voluntarios extranjeros para pelear por Ucrania contra Rusia. Eso hace recordar el grupo de estadounidenses que se enroló en una brigada voluntaria para apoyar a la República durante la guerra civil española. Entre ellos, estaba el primer afroamericano que ejerció mando en un grupo militar.



Parece extraño, pero a veces una motivación anclada en la fibra íntima es capaz de hacer que una persona vaya a una guerra que -a priori- le es ajena. Este pasado fin de semana, el ministro de Relaciones Exteriores ucraniano, Dmytro Kouleba, confirmó la presencia de 20.000 voluntarios extranjeros para combatir en la guerra bajo la bandera amarilla y azul, provenientes principalmente de países europeos, según detalló el político.

El hecho no es nuevo. En la historia se registran otros casos similares, como por ejemplo, la Brigada Lincoln. Se trató de un grupo de ciudadanos estadounidenses que, impactados por la guerra civil española, decidieron formar un grupo y enrolarse en el ejército de la República.

Según Marina Garde, directora ejecutiva de ALBA (Abraham Lincoln Brigade Archives), el efecto de los medios fue crucial para motivar a los estadounidenses. “La Guerra Civil es una de las mejor documentadas por la prensa de la época. Hay que tener en cuenta que las cámaras se hicieron más ligeras y eso permitió que se sacaran muchas más fotografías. Así que una señora norteamericana podía ver perfectamente la imagen de un niño muerto en unos bombardeos en España. Por ello, la Guerra Civil tuvo una repercusión enorme en Estados Unidos”, dijo en declaraciones recogidas por ABC.

De este modo, explica Garde, los estadounidenses veían a Franco como otro avance fascista en Europa (ya estaban instalados en el poder Benito Mussolini en Italia y Adolf Hitler en Alemania). Por ello, se comenzó a enviar ayuda, como material médico y dinero.

“Muchos famosos quisieron recaudar fondos e influir en el gobierno para enviar material y hombres, pero este se negó porque los tratados internacionales lo impedían -agrega Garde-. Un artista llegó a hacer esculturas y venderlas para enviar dinero a la República”.

Fue en este contexto que en la tierra del Tío Sam se armó una unidad de voluntarios, pequeña pero entusiasta, para tomar un fusil y combatir por las filas de la República. Se bautizó a sí misma como la Brigada Lincoln.

“Spanish bombs in Andalucía”

Según los datos que la citada organización de memoria pone en su sitio web, fueron 2.800 los estadounidenses que sirvieron en el conflicto portando un fusil, de un total de casi cuarenta mil hombres y mujeres de cincuenta y dos países que llegaron a España para unirse voluntariamente a las Brigadas Internacionales y combatir a las fuerzas de Franco.

En su libro Spain in our Hearts. Americans in the Spanish Civil War, 1936-1939, el periodista y escritor Adam Hochschild comenta que fue bastante heterogéneo el grupo que acudió a España, entre ellos, George Watt, un líder estudiantil comunista; James Neugass, un joven de origen acomodado de Nueva Orleans, que hizo las veces de chofer de ambulancias. Pero quizás el caso más emblemático fue el del afroamericano Oliver Law, quien era un veterano del ejército.

“Fue el primer negro que llegó a tener mando de tropa en una unidad militar de los Estados Unidos”, dice Hochschild, algo impensado en un país con episodios racistas hasta la fecha.

La Brigada Lincoln hizo su debut de guerra en la Batalla del Jarama, cerca de Madrid, en febrero de 1937, con triunfo para el bando de la República. Así continuaron sus participaciones.

Aunque todo cambiaría con la crisis de los Sudetes en Checoslovaquia, en octubre de 1938. Eso llevó al Presidente de la República, Juan Negrín, a pedir el retiro de las brigadas internacionales de ejército republicano, todo como parte de una estrategia que apuntaba a lograr la pacificación y el cese de las hostilidades. Además, para que de alguna forma Francia y Gran Bretaña tuvieran una actitud favorable hacia la República.

De esa forma, en febrero de 1939, el Batallón Lincoln zarpó de vuelta a los Estados Unidos concluyendo su breve participación. Para Hochschild, la organización de la brigada -más o menos replicada en gran parte de las fuerzas republicanas- fue algo que dificultó el triunfo. “Para combatir en una guerra sofisticada y mecanizada, se necesita un ejército con disciplina y mando central mucho más que una serie de milicias al mando de partidos políticos y sindicatos”.

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