El mundo perdido de Ella Fitzgerald en Berlín

La existencia de unas cintas grabadas en la capital alemana se mantuvieron desconocidas para el mundo por casi 60 años, tiempo en que permanecieron guardadas en del archivo personal de Norman Granz, fundador del sello Verve Records y manager de la cantante. Se trata del registro de un recital brindado en Palacio de los Deportes de Berlín el 25 de marzo de 1962, a dos años del exitoso Ella in Berlin: Mack the Knife. En su cumpleaños 105, recordamos la historia detrás del más reciente redescubrimiento de la Primera Dama de la Canción, publicado por Universal el 2020 bajo el título de Ella: The Lost Berlin Tapes.



En 1962, la imagen de Ella Fitzgerald estaba lejos del anonimato. Habían pasado dos años de su último concierto en Berlín, realizado en febrero de 1960 en el polideportivo Deutschlandhalle, ubicado en la parte oeste de la capital alemana.

La presentación culminó en el álbum Ella in Berlin: Mack the Knife, lanzado ese mismo año por la discográfica Verve Records. El registro en vivo se transformó rápidamente en uno de sus trabajos más exitosos, con los que, además, se hizo acreedora de dos premios Grammy por Mejor interpretación vocal femenina en las categorías de sencillo y álbum.

En ese contexto, su retorno a tierras alemanas el 25 de marzo de aquel año fue un evento que generó grandes expectativas. Acompañada por Paul Smith en el piano, Wilfred Middlebrooks en el contrabajo y Stan Levey en la batería, la artista, reconocida universalmente como la Primera dama de la canción, interpretó impecables versiones de éxitos como Cry me a river, Hallelujah I love him so y Mack the knife.

La cita fue todo un éxito, aunque sólo pudo ser consagrado a través de las crónicas de la época. La excelencia de la velada quedaría como un recuerdo exclusivo de los asistentes que acudieron a disfrutar de las virtudes musicales de Fitzgerald y su banda en las dependencias del Palacio de los Deportes de Berlín.

O, al menos, así fue hasta el 2020, cuando se descubrió una cinta magnetofónica donde Norman Granz, productor musical y fundador del sello musical Verve Records, registró el concierto que tuvo lugar hace ya 60 años. La grabación fue encontrada en su archivo personal y publicada por Universal bajo el nombre de Ella: The Lost Berlin Tapes. Un archivo que se mantuvo inédito por décadas, y que hoy es el re-descubrimiento más reciente de la fructífera carrera de una de las voces femeninas más importantes de la historia.

Norman Granz, un enclave fundamental

En 1947, Fitzgerald contrajo segundas nupcias con el contrabajista Ray Brown. La relación duró seis años, hasta que decidieron divorciarse luego de no lograr compatibilizar sus compromisos laborales con la vida conyugal.

Pero el divorcio se llevó en buenos términos y no significó un impedimento para que siguieran trabajando juntos en sus carreras musicales. Gracias a Brown, la artista conoció a Norman Granz, que, además de ser el hombre detrás del sello Verve, fue el creador de Jazz At The Philharmonic, un mítico ciclo de espectáculos de jazz itinerantes, que funcionó hasta 1967.

Norman Granz y Ella Fitzgerald. Fotografía recuperada del sitio oficial del productor en Facebook.
Norman Granz y Ella Fitzgerald. Fotografía recuperada del sitio oficial del productor en Facebook.

Maravillado por la belleza de su voz, Granz no sólo la convidó a ser parte del proyecto. A partir de ese momento, el músico sumó a Fitzgerald a la plantilla de artistas de su discográfica y ejerció como su manager hasta el final de su carrera.

Granz también fue una figura elemental para la historia del jazz. Hijo de inmigrantes judíos provenientes de Ucrania, no sólo fue promotor de múltiples artistas que llegaron a los más diversos escenarios, sino que jugó un rol importantísimo en la lucha contra el racismo en Estados Unidos.

“Creía que el jazz podía servir como un arma social frente a la segregación”, señaló en alguna oportunidad. Así, no sólo buscaba que las bandas que se presentaban en sus shows estuvieran integradas por músicos blancos y negros, sino que procuraba que todos recibieran igual trato y salario. Esto, además de cerciorarse de que los teatros y auditorios en que se presentaban sus representados no hicieran diferencias raciales con la audiencia.

Fue Granz quien le insistió a la artista para que abriera su repertorio más allá del género del jazz, a través de la interpretación de clásicos estadounidenses que, de la mano de Fitzgerald, terminaron de coronarse como verdaderos imprescindibles del cancionero popular anglosajón.

De esta forma, su carrera rompió con todas las barreras culturales, raciales y socioeconómicas de la época, instalando a la cantante como una figura musical completamente transversal.

Sobre las recomendaciones profesionales de Granz, la intérprete declaró: “Primero pensé, ‘¿qué está haciendo Norman? Me está sacando del jazz y, ¿quién querría escucharme cantar esto?’ Al final fue curioso, gané muchos fans en todo el mundo. Fue un nuevo comienzo”.

La grabación de los recitales en que se presentaba Fritzgerald era otra práctica habitual propia del celo profesional de Granz, aunque luego las cintas quedaran relegadas al archivo de su oficina. Y es gracias a esta práctica es que hoy está disponible el registro integral del concierto de 1962 en Berlín.

El testimonio de una noche inolvidable

Gracias a la publicación de Ella: The Lost Berlin Tapes sabemos que el recital celebrado en Palacio de los Deportes de Berlín duró poco más de una hora, y que estuvo compuesto por un setlist de 17 canciones que incluyó grandes éxitos como la canción de cuna Cheek to cheek, My kind of boy y Clap hands, here comes Charlie!.

También hizo público el registro de una de las mejores anécdotas de la noche, que sucedió cuando la artista y su banda interpretaban Mack the knife. La improvisación era otro de los talentos de Fitzgerald, que incluso es reconocida como una de las reinas vocales del género bepop.

En la mitad de la canción, y desplegando todos sus dotes vocales, la cantante comenzó a improvisar una estrofa donde menciona en un tono divertido a un par de amigos músicos. Inmediatamente, agradece al público que la está escuchando, “los habitantes de…”.

Tras un par de compases en silencio, el impasse queda en evidencia: Ella Fitzgerald olvidó el nombre de la ciudad en que se está presentando. Sin embargo, la mala jugada de su memoria no fue impedimento para que la artista siguiera cantando e improvisando nuevos versos, donde ahora sí menciona el nombre de Berlín.

Al terminar la canción, la pista se inunda de aplausos y ovaciones que no denotan molestia alguna con la desmemoria de la artista, rindiendo honores a la frase de Miles Davis: “En el jazz no hay errores, sólo acontecimientos”.

El registro reúne todas las virtudes que caracterizaban a la primera dama de la canción: espontaneidad, simpatía y una voz camaleónica, capaz de moldearse a una amplia gana de de emociones y tonalidades según lo requiera el repertorio.

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