El Amor Después del Amor: guía para escuchar el disco más vendido de Argentina

Este 1 de junio se cumplen tres décadas del lanzamiento del álbum que marcó un antes y un después en el rock argentino, y que precisamente da nombre a la serie que prepara Netflix sobre la vida de Fito Páez, anunciada hace dos meses. Este es un recorrido por la historia de un álbum que en apenas dos días vendió 30 mil copias, y por las 14 canciones que lo componen.



La lectura más evidente dice que El amor después del amor, el disco que lanzó Fito Páez en 1992, es una oda al viento fresco y reparador que trae otro amor luego de haber tenido el corazón roto. Pero este álbum es mucho más que eso. Es la historia de redención de un artista que no lo había pasado bien y que supo transitar sus propias tragedias.

Para entender por qué este disco terminó convirtiéndose no solo en su obra maestra, sino también en el más vendido en la historia de un país con una producción musical especialmente fértil, hay que mirar inevitablemente hacia atrás, antes del amor, en 1986.

Ese año Fito Páez ya llenaba el Teatro Gran Rex de Buenos Aires y sonaba fuerte con hits como Giros, 11 y 6, o Yo vengo a ofrecer mi corazón, mientras el diario El Clarín decía que era “el futuro del rock en Argentina”, como cuenta el periodista argentino Federico Anzardi, especializado en rock local. Su carrera iba en franco ascenso, pero entonces pasó algo inesperado y horroroso.

Entraron a su casa de infancia, en Rosario, y asesinaron a sangre fría a las dos mujeres que lo criaron desde que era un bebé: a su abuela de un disparo en la cabeza y a su tía abuela acuchillada. Su padre había muerto el año anterior; su madre falleció cuando él tenía 8 meses de vida. Cuando Páez se enteró de los crímenes –estaba de gira en Brasil–, dejó la habitación del hotel destruída, mientras ahogaba la pena con whisky y benzodiazepinas.

“Después de los asesinatos, Fito deja de ser ese músico que representaba, de alguna manera, la reciente recuperación democrática en el país. Pasó de cantar ‘quién dijo que todo está perdido’, a decir ‘en esta puta ciudad todo se incendia y se va’. Hay un cambio estético y conceptual en su música y en su vida. En las entrevistas empieza a comportarse de otra manera. Se vuelve un ser mucho más negativo, escéptico”, cuenta Anzardi, autor de Hay cosas peores que estar solo, libro en el que investiga sobre el disco Ciudad de pobres corazones y narra cómo el artista logró atravesar aquellos años.

“Fito empieza a hacer una música cada vez más oscura y él a ser un personaje cada vez menos apto para todo público. A fines del 89, la compañía discográfica no le renueva el contrato”, añade Anzardi.

Con problemas económicos y viviendo en casas de amigos, Páez logra conseguir que le presten un estudio para grabar su sexto disco Tercer mundo, luego obtiene un contrato con Warner y, para sorpresa de muchos, le va muy bien. Eso le valió un presupuesto de 150 mil dólares para su siguiente álbum, con el que podría hacer una producción de lujo.

Eran mejores tiempos para Páez, que coincidían con una nueva etapa amorosa en su vida. Había terminado una relación larga, apasionada y tormentosa con la cantante argentina Fabiana Cantilo, y luego había conocido a la actriz Cecilia Roth, musa de Almodóvar y muy reconocida en Argentina. Con ella y un pequeño equipo de músicos partió por 11 días a Punta del Este, para grabar la mayoría de los demos de lo que se convertiría luego en el disco El amor después del amor.

El resultado fue un disco de impecable factura que no solo contó con la producción del chileno Carlos Narea y del inglés Nigel Walker –quien trabajó junto a Pink Floyd y Paul Mc Cartney–, sino también con la colaboración de próceres como Charly García, Luis Alberto Spinetta, Mercedes Sosa, Andrés Calamaro, Fabiana Cantilo o Gustavo Cerati. Terminó de grabarse en Abbey Road Studios, en Londres.

Cuando apareció, fue un éxito inigualable. Las canciones sonaban todo el día en la radio y en una semana ya había vendido 50 mil copias –su disco anterior que había sido considerado exitoso vendió 30 mil en dos meses–.

Según datos del libro 50 años de rock en Argentina del periodista especializado Marcelo Fernández Bitar, Páez llenó 10 veces el Gran Rex tocando el disco y terminó haciendo más de 120 conciertos entre 1992 y 1993, sumando diversas giras. Se calcula que con los años llegó a vender 1 millón de copias. “Hizo llegar (al rock argentino) a un punto de masividad jamás visto”, dijo su amigo músico Tweety González, quien fue el programador y tecladista del disco, en el programa televisivo Elepé de 2008.

“Es un disco que fue un verdadero hito. Una obra impresionante por donde lo mires (...). Hay discos que tienen temas de relleno, pero este lo escuchas de punta a punta y todas (las canciones) son hits”, comentó hace unos días el periodista Marcelo Fernández Bitar en la prensa local bonaerense.

Fito Páez

Una historia que de seguro recogerá la serie que prepara Netflix sobre la vida del músico nacido en Rosario, que precisamente se llama de la misma manera que el álbum. “Si tuviera que contarme con un disco me podría contar bien con este álbum. Es uno de los mejores discos que hice, sin ninguna duda”, dijo Fito Páez en aquel capítulo de Elepé.

Las 14 canciones

Cuatro golpes al platillo HiHat de la batería. Un gesto breve, y también poderoso, abre el disco entero y la canción que le da el nombre: en este primer track, El amor después del amor, todo avanza en una escalada envolvente. Primero melódica, luego con la voz de Fito Páez, hasta llegar a ese grito reconocible y monumental de la argentina Claudia Puyó en el coro. Desde ahí, lo que viene es una especie de celebración.

La canción alude claramente a su situación sentimental. Si en su disco anterior le había dedicado Fue amor a Fabiana Cantilo y le cantaba “no está bien romper un corazón”, esta vez le decía a Cecilia Roth “ahora sé que ya no puedo vivir sin tu amor”.

Sin embargo, implícitamente esta canción también habla de una nueva energía del artista; una declaración de principios que deja atrás los tiempos lúgubres y que instala que ya no se puede vivir sin amor. “El amor que me dieron mis abuelas me ayudó a vivir cuando las mataron, ellas vivían solamente para mí. Todo eso no lo borró un asesino. Por eso cuando hice El amor después del amor, muchos no entendieron que no estaba hablando solamente de Cecilia... estaba hablando de mis abuelas. Y por llevarlas conmigo. Sé que vivir sin amor es una enfermedad”, diría Páez años más tarde.

Dos días en la vida, el track 2, es la canción que hizo Fito Páez sobre la popular cinta en aquella época, Thelma y Louise, que había sido lanzada en 1991. La interpretan impecable y enérgicamente Fabiana Cantilo y Celeste Carballo, adueñándose de los personajes de la película.

Le sigue La Verónica que tiene tambores electrónicos y un notable bajo de Guillermo Vadalá, además del piano, siempre presente. Es la historia de un rodaje de Cecilia Roth en medio de escenas de Semana Santa, en Roma.

Luego en Tráfico por Katmandú, una de las más rockeras del disco, y también una de las más desesperanzadas, Páez pide explicaciones a Dios y alude al AZT, el primer medicamento para tratar parcialmente el VIH: “prendí la radio y escuché, escuché: 200 chicos mueren hoy sin su AZT”, cantaba Páez.

La quinta canción, Pétalo de sal, es un breve y cálido tema de menos de 3 minutos, que incluye el piano y la voz de Fito, más las guitarras de Luis Alberto Spinetta y una estrofa que él mismo canta. Cuando 20 años después murió Spinetta, en 2002, Páez celebró las dos décadas del disco con un gran concierto en Buenos Aires en el que proyectó la voz del flaco frente a una audiencia emocionada: “Algo tienen estos años, que me hacen poner así. Y decirte que te extraño, y voy a verte feliz”.

Le sigue la surrealista Sacha, Sissi y el Círculo de Baba, que cuenta una trágica historia de amor inspirada en una leyenda: una serpiente rodea a un sapo en un círculo de baba y el sapo muere de hambre porque no puede salir de allí. El video, en el que actúan Fito Páez y Cecilia Roth y que estuvo a cargo del cineasta argentino Adolfo Aristarian, estuvo censurado durante años en algunas cadenas televisivas.

Un vestido y un amor, el track 7, es por lejos la canción más romántica del disco –y probablemente de su discografía completa–, y también una de las más conocidas. En ella, el músico habla de su historia con Cecilia Roth; de su primer encuentro en una fiesta en Punta del Este a la que Roth asistió con un look despampanante y emparejada (llegó con un vestido y un amor). La canción, que incluye piano y violines, la compuso Fito en muy poco tiempo, mientras Roth se duchaba, enojada y luego de haberlo echado de la casa. Al salir del baño, Páez se la cantó y se reconciliaron. Es una de las canciones más exitosas del músico, que la ha reeditado en cuatro discos posteriores, y que ha sido reversionada por Mercedes Sosa, Miguel Bosé, Caetano Veloso y Ana Belén, entre otros.

Tumbas de la gloria ganó todos los premios después del lanzamiento del disco. Con un fraseo apresurado y una melodía con guiños de tango, la canción es fascinante y compleja. Alude a los asesinatos de sus abuelas -”Llegó la muerte un día y arrasó con todo un vendaval”- y es también una suerte de himno de redención de un hombre que ha conocido el dolor. Además de guitarras sampleadas de Gustavo Cerati tapadas con teclados, la canción termina con los nombres de artistas –que se escuchan al revés– de grandes personalidades que influyeron en su vida: Jim Morrison, Jimi Hendrix, Luca Prodan, Janis Joplin o Che Guevara.

La novena canción, Una rueda mágica, pone en escena a Fito Páez, Charly García y Andrés Calamaro cantando juntos. Es una especie de reconocimiento al linaje del rock argentino. Una de las estrofas la compuso Charly en pleno estudio de grabación y en menos de una mañana: “recuerdo un día como hoy, me fui de casa a tocar rock and roll y no volví nunca más”.

Creo toca de modo sublime la experiencia del amor y desamor. “No quiero nada que nos haga mal. Yo creo y con eso basta”, dice esta canción de múltiples lecturas, que fue grabada con guitarras y coros de Gustavo Cerati.

Le sigue Detrás del muro de los lamentos, la más larga del álbum, que tributa el folclore latinoamericano. Incluye la imperdible voz de Mercedes Sosa y la participación de folcloristas como Lucho González, Chango Farías Gómez y Raúl Carnotta.

El álbum continúa con la noctura Balada de Donna Helena, que parte tímida, pero agarra lentamente un vuelo extraordinario y salvaje a través de una historia de sexo y muerte.

El track 13 es Brillante sobre el Mic, tema muy querido por los fans, porque está dedicada a su ex amor, Fabiana Cantilo, donde le canta que el tiempo ayuda a olvidar, completando el círculo y la madurez del amor después del amor. “Hay cosas que no voy a olvidar, la noche que dejaste de actuar, solo para darme amor”, le canta a Cantilo, mientras ella a su vez es quien hace los coros. Cuando la han cantado juntos en el escenario, la complicidad entre ambos es ciertamente conmovedora.

“Cuando me di cuenta estaba vivo, vivo para siempre y de verdad”, dice Fito Páez en A rodar mi vida, la mejor canción que podría haber escogido para cerrar este disco y que suele usar también al finalizar sus conciertos mientras los asistentes baten en círculos sus chalecos o poleras. Optimista y bailable, podría parecer una canción liviana, pero es –finalmente– una forma de declararse satisfecho. La canción fue usada en la serie infantil de Disney Soy Luna: un botón de muestra de la vigencia en las nuevas generaciones que tiene un disco de tres décadas que está lejos de envejecer.

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