Las razones del estrepitoso hundimiento de James Franco

FILE PHOTO: James Franco poses at the inaugural IndieWire Honors in Los Angeles

Quien fuera uno de los actores y directores más prolíficos de Hollywood no estrena una película desde 2019. El reciente anuncio de que encarnará a Fidel Castro en un nuevo largometraje levantó una polvareda, disgustando inclusos a compañeros de profesión. El motivo de los cuestionamientos es el debate por la representación, pero también las acusaciones sexuales que pesan sobre él y que el año pasado resolvió con el pago de una millonaria suma a sus denunciantes.



A pesar de entenderse que está ambientada en Chile, la adaptación de La casa de los espíritus (1993) estuvo encabezada por un elenco estadounidense y europeo (Jeremy Irons, Meryl Streep, Glenn Close, Winona Ryder, Antonia Banderas, Vanessa Redgrave). ¡Viven! (1993), la película inspirada en la tragedia del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, se filmó con un reparto liderado por Ethan Hawke.

Un caso de este siglo: el pintor mexicano Diego Rivera fue encarnado en Frida (2002) por Alfred Molina, británico de nacimiento e hijo de madre italiana y padre español.

Hollywood tiene larga historia entregándole personajes latinos a actores norteamericanos o de otra procedencia remota. Pero, conforme el debate en torno a la representación se acentúa (y figuras como Javier Bardem muestran su resistencia), nuevas críticas emergen a la superficie.

Ocurrió la semana pasada, cuando James Franco fue confirmado para ponerse en la piel de Fidel Castro en una nueva cinta. Titulada Alina de Cuba, la producción girará en torno a Alina Fernández, hija del revolucionario cubano junto a Natalia Revuelta, que se enteró de la identidad de su progenitor a los diez años y a la larga se convirtió en una voz disidente del régimen.

“¿Cómo sigue pasando esto? ¿Cómo es que Hollywood no sólo nos excluye sino que también se roba nuestras narrativas? ¡No más apropiación de Hollywood y del streaming! ¡Boicot! ¡Esto es una mierda!”, expresó a través de sus redes sociales el actor John Leguizamo. Colombiano y residente en EE.UU. desde los cuatro años, el actor de Carlito’s way y La era de hielo aclaró que “no tengo ningún problema con Franco, ¡pero él no es latino!”.

Salieron a respaldar sus palabras colegas como Jessica Darrow (Encanto) y Elizabeth Rodríguez (Orange is the new black). Por su cuenta, Danny Ramirez (Top Gun: Maverick) escribió un breve pero elocuente “¿qué mierda?”.

En defensa del filme, la propia Fernández -consultora del proyecto- respaldó el fichaje de la estrella de la saga Spider-Man. “James Franco tiene un parecido físico evidente con Fidel Castro, además de sus habilidades y carisma (como actor)”, indicó al medio Deadline. A pesar de las críticas, el largometraje se comenzará a filmar a mediados de mes en Cartagena y Bogotá.

disaster artist

La otra fuente de los cuestionamientos a la incorporación de Franco escapa totalmente la conversación sobre la presencia latina en la pantalla. Su origen se remonta un lustro atrás: en enero de 2018, Los Angeles Times publicó un reportaje en que cinco mujeres denunciaban haber sido víctimas de comportamiento inapropiado o de explotación sexual mientras el intérprete ejercía como su profesor de actuación en Studio 4, la escuela que mantuvo activa en Nueva York y Los Angeles hasta el año 2017.

Uno de los testimonios planteaba que “siempre hacía pensar a todos que había posibles roles al alcance si realizábamos actos sexuales o nos quitábamos la camisa” en sus cintas independientes. Otra mujer señaló que, en un contexto supuestamente docente, les habría practicado sexo oral quitándoles la protección que se usa al grabar secuencias de ese tipo.

El artículo plasmaba una serie de denuncias que ya habían circulado por redes sociales durante meses y años previos y que el actor había negado en todo momento. Incluso, cuatro días antes de que saliera esa pieza periodística, había participado en la gala de los Globos de Oro, donde llegó portando un pin de Time’s Up -el movimiento formado en apoyo a las víctimas de abuso sexual en espacios laborales- y ganó como Mejor actor de comedia o musical por The disaster artist.

¿Consecuencias?

Probablemente a futuro sea motivo de estudio cómo se lograron estrenar dos temporadas de The deuce (HBO) después de las acusaciones en contra del actor, y cuán álgidas fueron las conversaciones que hubo detrás de cámaras sobre su permanencia en la serie. Creada por David Simon y George Pelecanos, la historia sobre la industria porno lanzó su segundo ciclo en septiembre de 2018 y su temporada final un año después, en momentos en que la imagen de su protagonista ya estaba en el ojo del huracán.

Tanto el canal como Simon defendieron la permanencia de Francio, a cargo de interpretar a dos papeles en la ficción. Tal vez la explicación más desarrollada la entregó el cerebro de The wire a Rolling Stone, donde argumentó que las acusaciones eran menos graves que en otros casos que explotaron en la misma época al interior de la industria.

“La diferencia fundamental es que James Franco no buscó usar su posición para tener sexo con nadie. No hay un caso de eso. Él no estaba usando su posición o estatus para tratar de solicitar un favor sexual de nadie. Si lo hubiera hecho, si eso fuera lo que implicaba la acusación, la serie no habría continuado”, explicó en 2019. “Entonces hubiera sido lo mismo que Harvey Weinstein”.

Buena parte de Hollywood no llegó a la misma conclusión que Simon y desde la publicación de Los Angeles Times la agenda del actor pasó de estar saturada de proyectos a quedar prácticamente despoblada. Desde que en 2019 estrenó Zeroville, una cinta dirigida y protagonizada por él que fue un fracaso de taquilla y crítica, no ha vuelto a las salas de cine.

Tras ese radical cambio en sus circunstancias, el anuncio de que interpretará a Fidel Castro es hasta ahora el movimiento más importante por intentar revivir su carrera. Sin embargo, no habría que perder de vista de que se trata de una producción independiente y sin un gran estudio detrás, por lo que el real beneficio que pueda sacar de allí es todavía un misterio.

En tanto, judicialmente el caso que lo hundió ya llegó a un cierre. En junio de 2021, acordó pagar US$ 2.235.000 en el marco de la demanda colectiva por conducta sexual inapropiada que lideraron Sarah Tither-Kaplan y Toni Gaal, dos de las estudiantes que lo acusaron.

Para entonces, Seth Rogen, uno de sus más estrechos colaboradores, había cortado todo lazo con él de manera pública. En mayo de ese año, en conversación con el periódico The Sunday Times, aseguró que no planeaba volver a trabajar con su otrora socio, a pesar de haber declarado lo contrario en 2018. Según indicó al periódico británico, la revelación de aquel año “ha cambiado muchas cosas en nuestra relación y nuestra dinámica”.

“Fue hiriente en ese contexto, pero lo entiendo, él tuvo que responder por mí porque me quedé callado”, replicó Franco en el podcast The Jess Cagle Podcast, junto con detallar que había estado en tratamiento por abuso de sustancias. Y como ejercitó en ocasiones anteriores, insistió en que tuvo relaciones consensuadas con sus exestudiantes, pero que no abusó de ellas y que no hubo “un ‘plan maestro’ de mi parte”.

Por ahora, el actor en general se mantiene silente y elige con pinzas sus siguientes pasos. Si su actuación como Castro le ayuda o sepulta sus opciones de ser nuevamente bienvenido en Hollywood, sigue siendo una total incógnita.

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