Culto

Diego Sanzana de Anttonias, dejarlo todo para sonar como un punky

A los 22 años, el integrante de Anttonias transita entre el perfeccionismo obsesivo, los trabajos ocasionales en Maipú y el ascenso meteórico de una de las bandas chilenas más comentadas del momento, con Lollapalooza 2026 en el horizonte.

La tarde que re-grabaron Deja Vu en el estudio, Diego Sanzana Llerena (22), el guitarrista de la banda de indie rock Anttonias, estaba ensimismado. Esa tarde del viernes 7 de noviembre Diego no miraba a nadie, ni siquiera a la pantalla del monitor. Luego de haber estado grabando durante horas junto a Antonia Holzapfel (19), el rostro y vocalista de la banda, y Heartgaze, el productor argentino que contrató Lotus, Diego veía un punto fijo desconocido. En realidad, no veía nada.

Es alto, esbelto y de tez morena. Tiene el pelo negro al estilo mod. En ocasiones, lo complementa con las clásicas cazadoras deportivas de Adidas que los hermanos Gallagher, de la banda inglesa Oasis, solían vestir en los noventa. Hay días en los que retrocede un par de décadas vistiendo botas de cuero, jeans acampanados y poleras semi ajustadas que apenas le cubren el ombligo y, si hace frío, lo complementa con una chaqueta de cuero o de mezclilla, luciendo igual que el músico estadounidense Bob Dylan. Usa anillos, tiene 16 tatuajes y cuatro piercings: dos en la oreja, en la ceja y en la nariz.

De piernas cruzadas, inclinándose hacia adelante con la uña del pulgar derecho en la boca, escuchaba con atención el nuevo single que aún no publican oficialmente, mientras el resto de sus colegas; Agustín Plaza (21), el baterista; Óscar Concha (24), el guitarrista; y Felipe (22), su hermano gemelo y bajista; disfrutaron el resultado dejando entrever sonrisas de agrado, Diego parecía ser el único reacio a sucumbir ante la satisfacción.

—El Diego es hueviado, es preocupado por todo, el hueón se preocupa por el mínimo detalle de todo. Mañoso pero es buena persona —dijo su hermano Felipe—.

—Hay temporadas —respondió Agustín—.

—Sí, va como por temporadas. No sé cómo va a ser la próxima —sostuvo Óscar—.

—En realidad lo que más marca la temporada de cada uno es el perfeccionismo. La búsqueda de un sonido perfecto —replicó Agustín—.

Felipe y Diego de Anttonias.

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El pasado 17 de agosto, diez días antes de la publicación de su primer álbum, el medio El PUClítico publicó en Instagram un carrusel con una serie de extractos de entrevistas que les hicieron a distintas bandas chilenas, dentro de ellas, estaba Anttonias. “Nos gustaría que se forme una identidad nacional sobre la música que sale acá -comentó Felipe en esa ocasión-. Toda esa parte de la cultura nacional chilena se ha perdido, y es importante para que el nuevo rock chileno nazca y surja”.

Ninguno de ellos estaba preparado para lo que estaba por catapultar esa declaración. Siete meses fueron contactados por Lotus, puestos en el line-up del festival Lollapalooza 2026, produjeron su primer álbum y se convirtieron en una de las bandas más comentadas del momento.

El proyecto aún no les deja grandes ingresos. Para poder costearse sus gastos, Diego Sanzana trabaja donde puede, en ocasiones lo hace en una cafetería y lava autos en la Ciudad Satélite de Maipú, donde vive con sus padres y su hermano Felipe.

—Es una buena pega, sabí, me gusta lavar loza, de verdad que me relaja. Aparte que, cuando me da hambre, aprovecho de comerme las sobras... De verdad.

Sigue sin comprender el porqué de tanto odio: “Me molesta cuando nos llaman ‘cuicos’. Creo que es más que nada desinformación. No saben nada de nosotros”. Creció en un entorno complejo. Cuando eran pequeños se relacionaban con jóvenes que venían de entornos precarizados; Diego dice que no sabía qué hacía ni por qué se juntaba con ellos, pero así solía ser su vida, y ellos eran parte de ésta.

Su padre, Nelson Sanzana, quien trabaja como colectivero en Maipú, asegura que los educó para aceptar a todo ser humano: “Yo crecí en una población. Cuando eran niños yo los llevaba a jugar a la pelota a las poblas para que conocieran a sus vecinos, para que conocieran la realidad. Yo les decía ‘hijo, este marihuanero, borracho, ese hombre que busca en la basura, estos señores que toman en las plazas son personas igual que tú y merecen respeto’”.

Estudió la enseñanza básica en el colegio Luis Pasteur, de Padre Hurtado, donde trabaja su mamá, Pamela Llerena, educadora de párvulos. Terminó la educación media en el Colegio Polivalente Don Orione de Cerrillos en el que se especializó en mecánica industrial junto a su hermano.

Nunca tuvo muy buenas notas, exceptuando por Historia. Tras salir del liceo, empezó a trabajar en la fábrica de Cristal Chile. Fue en ese lugar que se dio cuenta de que quería hacer algo más con su vida. Diego no quería una vida convencional. Con lo que juntó trabajando pudo comprar su primera guitarra eléctrica.

—Cuando le dije a mi papá: “No voy a estudiar; me voy a dedicar a la banda”, lo primero que me dijo fue: “Hueón, o trabajan y se dedican cien por ciento a la banda o no”.

Si no era la música, era la historia: “Yo quería ser profe de Historia, era la materia que me salvó siempre el promedio. Me encanta ver Santiago centro y pensar en los tajamares que había antes, en cómo se construyó el puente Cal y Canto, esas cosas”, dice, mientras exhibe su mano tatuada con la fecha de nacimiento de José Miguel Carrera y Manuel Rodríguez: 1785. Es capaz de recitar fragmentos de discursos atribuidos al mítico guerrillero. Hay uno que le resuena como un lema de vida. “Aún tenemos patria, ciudadanos, aún tenemos patria…”.

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Fue el documental de Oasis Supersonic (2016), el que gatilló una revelación. El momento en que Diego supo lo que debía hacer. Hasta casi salir de cuarto medio no había definido un rumbo. A los 18 años aprendió a tocar guitarra al mismo tiempo que Felipe aprendió a tocar el bajo eléctrico. Pero ver a los Gallagher fue una epifanía.

Me vi tan reflejado en Oasis: dos hermanos clase media; y como me había ido mal en el colegio, me sentí un fracasado, hueón. Sentía como que estaba pagando algo.

La complicidad de los hermanos fue clave para concretar el sueño. En una fiesta, Felipe conoció a Óscar y al notar que ambos compartían gustos musicales, lo invitó a su casa a tocar. Empezaron ensayando en la habitación de Diego junto a Antonia. Sus influencias iban desde The Stone Roses y Fontaines D.C. a Silvio Rodríguez y Gustavo Cerati. Luego conocieron a Agustín y de esa forma comenzó Anttonias. “No tenía nada que perder”, dice. Aún tenían patria, ciudadanos.

El primer disco, Anttonias, fue una pequeña odisea. Todo comenzó luego de publicar su primer video musical del single Atado a tu sentimiento en abril de 2025, que rápidamente comenzó a subir en visitas. A eso se sumó el tiktoker estadounidense Troaveworld, que publicó un video recomendando a la banda. Los números seguían creciendo mientras comenzaban a llegar las ofertas de productoras, dentro de ellas, Lotus, la encargada de organizar el festival Lollapalooza y trabajar con artistas chilenos de renombre. Como Allan McGee fichando a Oasis tras verlos tocar en vivo, de pronto de vieron con una gran oportunidad.

Antes de eso, en enero, grabaron el disco en Buenos Aires y lo publicaron en agosto. Esto sucedió después de que los contactaran desde Romaphonic Studios. El productor fue Nico Resnikoff, de apellido judío-eslavo, por lo que en redes sociales no tardaron en tildarlos de sionistas y asumir que habían firmado con Lotus para ir al festival acusando un supuesto industry plant. El mito hizo tal eco que hoy son reconocidos dentro de la escena por eso. Lo que no sabía el resto era que para poder viajar y costear la grabación tuvieron que pedirle ayuda al municipio de Padre Hurtado.

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Antes que Noel y Liam Gallagher estuvo John Lydon y Sid Vicious. Al primero que le mostró su cresta punk fue a su padre. Cuando Diego tenía trece años se peinó, se hizo un mohicano y salió a la calle: “¿Vas a salir así?”, le preguntó su mamá; “Sí mamá, voy a salir así”, contestó él. Pero en cierta forma no quería revelarse contra sus padres, quería revelarse contra el mundo.

Para Diego no se trataba de complejidad sonora, sino de una actitud. Al mismo tiempo que One Direction sonaba en los estéreos, bandas como The Clash y Ramones marcaron su pre adolescencia por su sonido y lírica. El punk era un eco en su pecho: “Me hacía sentir eufórico, imparable, me quitaba la vergüenza. Siempre me gustó llamar la atención de una manera especial, no ser alguien común, siempre quise ser diferente en algo”.

Luego de años odiando el pop mainstream, el uso de las casacas Adidas en lugar de las chaquetas de cuero, la ausencia de púas y el britpop, una emisora lo cambió de parecer. Probablemente no era primera vez que escuchaba Supersonic de Oasis pero sí fue la primera vez que le resonó.

El 19 de noviembre fue el mejor día de su vida, eso dice él. Cuando los hermanos Gallagher pisaron el escenario de Estadio Nacional para cantar Hello, Diego y Felipe llevaban horas sentados en el gran coliseo bajo el sol. Una semana antes enfrentaba el duelo de no poder ver a la banda que lo movió hacia su carrera. Pero como Diego no estaba dispuesto a abandonar su sueño, consiguió trabajo junto a su hermano dentro del estadio.

Apuntando hacia los pies con la cámara de su celular capturó la prueba de sonido; eso fue todo lo que necesitó escuchar para abandonar su puesto de trabajo y plantarse más de cuatro horas para esperar a la banda británica.

Es una hueá que todavía no logro dimensionar; vi a Oasis en vivo.

Quién diría que ese joven tímido que era incapaz de hablarle a las niñas de su edad hoy toca en medianos escenarios rumbo a uno más grande; el del Lollapalooza. Quién podría imaginar que el mismo Diego Sanzana que en cuarto medio no tenía idea de qué hacer el resto de su vida hoy sabe perfectamente que quiere dedicarse a la música. Es un hombre de pocas certezas. Dice que es imposible interceder por su propio futuro, pero hay algo que está determinado a seguir buscando:

—Siento que por fin estoy llegando al sonido que siempre quise. Por fin sueno como el punky que quería ser cuando era cabro chico —expresa—.

Después de todo y a pesar de eso, dice que aún no logra disfrutar un logro de Anttonias. Al menos puede olfatearlo. “Está cerca -asegura-. Falta poquito para lograrlo”.

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