Culto

Mon Laferte en Movistar Arena: otra noche de llorar y provocar

Con una puesta en escena de aire cabaretero, visuales cinematográficas y un repertorio centrado en Femme Fatale, Mon Laferte ofreció en la primera de sus dos noches en Movistar Arena un show ambicioso, teatral y de estándar internacional. La más célebre de las artistas chilenas apuesta con acierto por la densidad artística.

Mon Laferte Foto: Pedro Rodríguez/La Tercera.

Incluso en un puesto de venta de completos cerca del Movistar Arena, sonaba la voz de Mon Laferte en el sonido comprimido de un parlante. El regreso de la más internacional de las cantantes chilenas, en su primera noche en el lugar, se vivía como un hito.

El resto lo hacía el público. Mujeres y hombres luciendo la misma banda con la leyenda Femme Fatale que lleva la artista en la portada del disco del mismo nombre. Otras, más jugadas, optaron por vestir recreaciones del vestuario de la artista. Y apenas las luces se apagaron en el recinto, con una suave cortina jazzera de fondo, la ovación bajó desde las aposentadurías del Arena.

Como una novia maldecida, con las manos atadas y una venda, Mon Laferte aparece bajo la luz blanca. Mientras suena el preciso acompañamiento de guitarra de Sebastián Aracena, canta Mi Hombre. Aunque es una canción nueva, el respetable la canta completa -nada menor en una era en que se tiende a escuchar más singles que discos- y deja en claro que hay ganas de desbordarse en cada nota.

Mon Laferte Foto: Pedro Rodríguez/La Tercera.

Tal como ha venido sucediendo en la gira, el show se concentra en el material de Femme Fatale, el álbum que orientó a la viñamarina hacia un universo más cabaret y jazz, que debutó en el número 10 de la lista Top Latin Pop Albums de Billboard en noviembre pasado. Un cuerpo de canciones que según ha contado Mon, trazó una noche en la terraza entre antiguos mensajes en el teléfono, notas de voz y un paquete de cigarrillos. Un disco muy personal y en algún punto no demasiado complaciente, que explora la vulnerabilidad.

Y acaso para marcar el mensaje, la pantalla pasa segmento de las letras en una gráfica roja de alto contraste. Cuando pasa la línea “Por favor una gran ovación”, de Femme Fatale, el público responde en consecuencia.

Mismo ejercicio se hace con Tormento, uno de los cortes de Mon Laferte Vol.1, reimaginado en clave Club. Un primer momento de tensión dramática que se corona por el arreglo de trompeta.

Hace un par de días, Mon Laferte cantó antes 12.000 personas en el Parque Bicentenario de Quito. Esta noche el Arena luce repleto para ver un show articulado con dramatismo; las visuales pasan por tomas de Mon en elegante blanco y negro. La banda en el escenario con teclado, guitarra, contrabajo, bronces y batería con más énfasis en el swing que la potencia, le da un aire de club de mediados del siglo XX.

El show pasa a otro momento con Mon sentada junto a sus coristas para cantar la suave My one and only love, sostenida entre las armonías vocales y la guitarra acústica. Luego, el guiño a la marcha nupcial, introduce la lectura de Mon para la clásica Can’t take my eyes off you, que rima bien con el eje narrativo del show. El final del primer acto.

A diferencia del show en el pasado Festival de Viña, esta vez se puede ver el concepto completo. Las transiciones, con breves piezas audiovisuales en que en tono de ironía se despliega la idea de situar el machismo latinoamericano. Tiene sentido que al regreso Mon lance el relato de 1:30, una declamación cargada de tensión sobre el deseo. Quizás como para alivianar el momento, saluda al público con su habitual carisma.

Mon Laferte Foto: Pedro Rodríguez/La Tercera.

Acompañada por bailarines hace La Tirana, la canción que en el disco interpreta junto a Nathy Peluso, para la que despliega visuales a tono con la estética vodevilesca, pero callejera. El bloque permite apreciar además cómo suenan en vivo Supermercado y Química Mayor (suena con inusitada intensidad rockera) un par de temas de Carmen 1940, uno de los dos discos que Mon lanzó en 2021. El bloque cierra con Amor Completo, más cercana a su arreglo original.

El intermedio se sostiene con breves monólogos en vivo interpretados por los bailarines, sobre el amor, la infidelidad, mientras la banda ameniza con un suave acompañamiento. Además de darle sorpresa al show, le da una continuidad y refuerza el concepto. “¿Ustedes quieren saber que es el amor?”, pregunta uno, vistiendo ligas y a torso desnudo. “Esto es el amor”. Y de inmediato comienza a sonar Esto es amor, como una sensual apertura del tercer acto.

Aquel es un segmento más concentrado en las canciones midtempo, en que pasan temas como Amado mío, Hasta que nos despierte la soledad, Las flores que dejaste en la mesa, con una intimista propuesta audiovisual que destacaba imágenes de lámparas. Es decir, un bloque más concentrado en la escucha y en el despliegue de los bailarines de apoyo. Como para marcar la amplitud de géneros que Laferte maneja con soltura. Y manteniendo la lógica, cierra ese momento con Amárrame.

Para el final, el esperable bloque con hits, arrancando con Melancolía, de Femme Fatale, pasando por Mi buen amor, Aunque te mueras por volver, Otra noche de llorar (que se ha instalado como una suerte de neoclásico de su repertorio) y por supuesto, la siempre intensa Tu falta de querer. Tras la presentación de la banda, el cierre con Vida Normal, subrraya el carácter teatral del show, en que el concepto tiene tanto peso como el repertorio, potenciando la interpretación de Mon con una puesta en escena que se nota fluida gracias al rodaje de la carretera. Una presentación redonda y de nivel internacional, que ha crecido en ambición y no necesita sostenerse en el pasado. Más aún, es notorio el interés de Mon por interpelar a la audiencia con un espectáculo completo y a la vez de sabor pop. Una madurez macerada por los años y la convicción artística.

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