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Stewart Copeland: “Me disculpo 40 años después por las estupideces que hicimos con The Police en el Festival de Viña 82″

Uno de los bateristas más influyentes de la historia del rock habla con Culto del show con orquesta que lo trae a Chile, de cómo Francis Ford Coppola cambió su destino y de por qué ha terminado asumiendo que Sting es un genio: "¿Quién lo diría?", se ríe.

Stewart Copeland: “Me disculpo 40 años después por las estupideces que hicimos con The Police en el Festival de Viña 82″

Al baterista estadounidense Stewart Copeland (73) lo rescató Francis Ford Coppola. Y le cambió la vida.

En 1983, cuando su banda The Police enfrentaba un naufragio interno con su último disco, Synchronicity, y se precipitaba a una disolución que sucedería dos años después, al músico lo telefoneó el director de cine para que se hiciera cargo de la banda sonora de la película La ley de la calle, un proyecto de acento más independiente que tenía a figuras en pleno despegue, como Matt Dillon, Mickey Rourke y Nicolas Cage.

Copeland aceptó: ahí se debía abocar a una música orquestada y aferrada a partituras que ponía en pausa su rol como percusionista de uno de los grupos más exitosos e influyentes en el pop de todos los tiempos, con él como responsable de un pulso tan brusco como urgente.

Pero, por sobre todo, deseaba una tregua en esa sensación agridulce de suceso millonario y tensiones personales que en esta entrevista vía Zoom con Culto define de forma magistral: “Esos últimos años en The Police los describo como un traje de Prada hecho con hojas de afeitar: muy atractivo, pero tremendamente incómodo para usar”.

Después, sin metáforas, profundiza: “Fui donde Francis Ford Coppola y salí inmediatamente de ese mundo venenoso (de The Police). Y, por cierto, lo digo con gran cariño y admiración por mis dos colegas. Ahora entendemos de qué se trataba el conflicto y estamos bien. Pero en aquel momento fue muy incómodo. Y poder ir a trabajar con Francis era un abrazo cariñoso y cálido; le encantaba todo lo que hacía. En lugar de desprecio, recibí elogios. Así que el mundo de la composición cinematográfica era mucho más cómodo, creativo y hermoso que el de la banda”.

Como tal, el instrumentista recibió una nominación a los Globos de Oro por el soundtrack y advirtió que había un trayecto paralelo al de la agrupación con la que había consagrado hits globales como Roxanne, Every little things she does is magic o Every breath you take, integrada también por el cantante Sting y el guitarrista Andy Summers.

“En esa película yo toqué todos los instrumentos: xilófono, guitarra, bajo, batería, todo. Y a Francis le encantaba. Pero un día se dio la vuelta y dijo: ‘Necesitamos apoyo, necesitamos calidez, necesitamos empatía’. Y yo, porque pienso rápido, le dije: ‘Sí, señor Coppola. Totalmente. Estaba también a punto de sugerirlo’. Y sí, yo estudié música en la universidad, pero no había visto una sola partitura en toda mi carrera musical. Desde que dejé la universidad, el rock and roll fue lo mío y no se basa precisamente en la música escrita. Así que cuando recibí esta orden de Francis, mi jefe, inmediatamente tuve que comprar una partitura, plasmar mis acordes en la página y contratar cuerdas. Los músicos de cuerdas fueron tremendamente eficientes, a diferencia de los de rock que se toman toda una tarde con una guitarra. Por eso aprendí a tocar cuerdas. Así que le digo a cualquier artista joven: no tengas miedo de venderle tu alma al diablo. He aprendido más como profesional a sueldo que como artista”.

Tanto aprendió el ex The Police que, a partir de ese hito, comenzó a trabajar de manera frecuente en la composición de bandas sonoras, como el exitoso filme Wall Street (1987), de Oliver Stone, además de elaborar piezas para series, ópera, ballet, orquesta o videojuegos, como la saga Spyro.

Shayne Gray

El minuto cúlmine de la exploración llegó en 2006, cuando estrenó el documental Everyone stares: The Police inside out, dirigido por él mismo y donde no sólo desplegaba cientos de imágenes del ascenso del trío capturados por su cámara Super-8; también tomó algunas de las composiciones más recónditas de la banda para fusionarlas, darles nuevos cuerpos rítmicos y adherirles otros colores orquestales.

El resultado fue tan estimulante que, años después, su mánager le sugirió hacer lo mismo, pero con los grandes éxitos de The Police, con el propósito de llevar la experiencia a un escenario.

“Un día escuché la voz de Satanás, de la tentación, o sea de mi mánager, que me dijo: ‘Toca ahora los éxitos. Si vas a interpretar alguna canción de The Police, toca los éxitos’. Yo dije que no, claro que no. Soy un músico con integridad, clase y estilo. Pero después pensé: ‘Bueno, lo haré’. Hasta ahí llegó la integridad. Pero al principio pensé que me perseguirían con horcas y antorchas por el sacrilegio que había hecho contra la música de The Police. Pero resultó todo lo contrario. La gente lo disfruta mucho”.

La iniciativa finalmente se llamó Police Deranged for Orchestra, donde el baterista revive desde 2021 en formato orquestal el trozo más relevante del catálogo del conjunto inglés, con 28 músicos en vivo, tres cantantes femeninas y él mismo comandando la performance tras las baquetas. En esa cirugía creativa y escénica, temas cuya vertebra pertenecen a la new wave, el reggae o el pop del despertar de los 80 adquieren una dimensión que oscila entre el jazz y el soul.

El proyecto llegará a Chile este 15 de diciembre en un recinto adecuado: el Teatro Municipal de Santiago (Puntoticket).

-¿Cómo han coexistido durante décadas su amor por la música orquestal y su trabajo como baterista de rock?

Voy a aparecer en Santiago tocando la batería con una orquesta, pero, en realidad, son dos cosas muy distintas. El compositor es muy diferente del baterista. El baterista es completamente instintivo. Cuando toco la batería, soy un cabrón peludo de 360 kilos, balanceándome entre los árboles sin ningún pensamiento coherente. Es puro instinto. En cambio, el compositor es meticuloso, estudiado. Puedes llevarlo a una sociedad educada, seguro con los niños, tranquilo, profesional, todo eso. Mientras que el baterista es un animal.

-¿Y usted se prefiere como un animal o como un compositor educado?

Me encantan ambos. Pero dedico más tiempo a la composición. Hoy me dedico a componer con tranquilidad. Cuando toco la batería, toco la batería por instinto. De hecho, en todas las grabaciones de The Police después del primer álbum, teníamos canciones, las tocábamos y luego las grabábamos. A partir del segundo álbum, la primera vez que escuchamos las canciones fue en el estudio, mientras grabábamos. Y Sting sacaba canciones según las necesitaba. Así que nunca las habíamos escuchado hasta que estábamos en el estudio de grabación.

“Y mientras Sting le mostraba los acordes a Andy Summers, ese es el tiempo que tenía yo para decidir qué iba a hacer. Andy aprendía muy rápido, así que no fue muy larga la espera, quizás 20 minutos. Escuché la canción por primera vez, y 20 minutos después, estaba grabando la batería y no había tenido tiempo de pensar en lo que iba a tocar. Simplemente lo hice ahí mismo, en dos o tres tomas. Todas las baterías de los discos de The Police se concibieron sólo momentos después de escuchar la canción por primera vez. Son completamente instintivas. Mientras que los otros dos podían pasar las siguientes semanas rehaciendo la guitarra, rehaciendo la voz, yo tenía que aferrarme a una batería que iba a quedar así para toda la vida. Supongo que esa inspiración, esa espontaneidad, le dio un toque extra a The Police”.

-¿Qué es lo más difícil de adaptar las canciones de The Police al lenguaje orquestal?

Bueno, no podía reemplazar a Sting con nadie. Sería el fin de su carrera. Sería cruel. No aceptaría ese trabajo. Así que reemplacé a Sting con tres hermosas cantantes de soul. Y cuando estaba organizando las voces, fue la primera vez que presté atención a las letras. Como baterista, estoy al fondo del escenario tocando, y me da igual de qué se esté cantando. Nunca le presté atención. Pero luego, cuando estaba trabajando en las letras de los cantantes, fue la primera vez que me di cuenta de que algunas de esas letras son muy profundas. El hombre (Sting) es un genio. ¿Quién lo diría?

“A Chile iré con tres cantantes mujeres que son de Ámsterdam. Cuando las escucho, es como escuchar las canciones de The Police interpretadas por The Supremes. O The Supremes con arreglos de Puccini. Y Andy Summers, claro, no hay forma de reemplazarlo, pero se necesita una orquesta completa para hacerlo”.

-¿Cómo definiría su filosofía como baterista?

Ninguna. No tengo ninguna filosofía detrás del kit. Tengo una filosofía sobre cómo mejorar la técnica y todo eso, pero cuando toco, no soy un filósofo. Como dije, soy un cabrón de 400 kilos, peludo y con la espalda sudada, balanceándome entre los árboles. La única razón por la que puedo ser un músico preciso es porque en cuanto demostré talento, mi padre me dio clases de batería, así que estoy muy bien entrenado. Desde el principio tenía una técnica experta, pero ya no lo soy. No pienso en la técnica. La técnica se da sola. Solo pienso en la música. Así que no tengo una filosofía. Supongo que el consejo para los bateristas jóvenes sería que se relajen. ¿Es eso una filosofía? Quizás.

“Pero mi instinto actual no coincide necesariamente con el espíritu de esta época. Supongo que a Paul McCartney le pasa lo mismo. O a Tom Waits o Frank Zappa, que siguieron sus instintos. No voy a crear una canción que compita con Taylor Swift. Mi música es muy personal, pero hay suficiente gente a la que le gusta como para poder ganarme la vida”.

-¿Le gusta Taylor Swift?

Sí, porque ella es trabajadora. La apruebo. Está dando un concierto de tres horas bajo la lluvia torrencial, y ahí está, junto al piano, con toda su ropa elegante, dando su ‘maldito’ espectáculo. Eso es ser una profesional. Eso se gana mi respeto.

Tocó en Viña un día

Stewart Copeland es un hombre de opiniones categóricas y mirada ácida. Así quedó de manifiesto hace muchas décadas, cuando junto a The Police pasó por el Festival de Viña 1982, en una de las visitas más extrañas y memorables que registre el certamen: en plena conferencia protocolar con los medios, hicieron pedazos una bandera británica y se molestaron cuando les preguntaron por qué usaban aros.

En el escenario, en las dos noches que se presentaron, compartieron día con Gloria Simonetti, Franco Simone, Pujillay, Óscar Andrade y Emmanuel. Además, Summers le dio un rodillazo en plena Quinta Vergara a la animadora de esa versión, María Olga Fernández.

CEDOC COPESA

“Lo recuerdo todo muy vívidamente”, admite el músico. Luego sigue: “Cuando volvimos a Chile en nuestro retorno de 2007, fue como terminar una fase. La primera vez, en 1982, Chile era un país muy diferente y se notaba en las calles. Teníamos a alguien con nosotros todo el tiempo para asegurarnos de no hacer nada que amenazara a la junta de gobierno, y cometimos algunos errores”.

“La conferencia de prensa en el aeropuerto, cuando llegamos después de un largo vuelo, quién sabe de dónde, entramos y había tres banderas: la estadounidense, la británica y la chilena. Y con nuestra actitud punk rock, las destrozamos todas. No nos interesaba eso, lo que estaba bien para la bandera estadounidense y la inglesa, pero no para la chilena, que no merecía ser maltratada ni que le faltáramos el respeto. Ese fue nuestro error, y me disculpo 40 años después por esa estupidez que hicimos en Viña, pero eso molestó a la gente, y ahora entiendo por qué”.

“Éramos simplemente rockeros sin pensar y ese fue un error que cometimos. Antes de nuestro concierto había una cantante femenina que era muy buena y se decía tras bambalinas que tenía un fuerte resfriado, entonces Sting pidió un micrófono diferente; ya sabes que cuando un cantante canta, lo babea por todas partes, entonces esta petición de que se desinfectara el micrófono o se usara uno diferente, se convirtió en un insulto gigantesco para la niña mimada de la música pop chilena, y la gente se molestó por eso. Una vez más fue nuestro error”.

Archivo Histórico/Cedoc Copesa CONSORCIO PERIODISTICO DE CHILE - COPESA

“Durante el concierto, pudimos ver que en las primeras filas estaban todos los ricos y poderosos de la sociedad chilena, y Sting miró por encima de sus cabezas y les dijo a los de atrás: ‘Pasen, pasen, pasen’. A los de adelante no les gustó eso, así que, una vez más, cometimos otro paso en falso. Pero fue un gran concierto. Cuando volvimos muchos años después, nos dimos cuenta de que era un país distinto”.

-Usted tuvo un papel clave en el origen de The Police. Fue quien invita a Sting al grupo y el primer sencillo, Fall out, es una composición suya, ¿no?

Sí. Cuando empezó la banda, llamé a Sting y le dije: ‘Oye, mira, tengo una banda en Londres’. Él todavía estaba en Newcastle. Y tengo esta banda y lo tengo todo en marcha. Tengo canciones, tengo conciertos, tengo de todo: ven a Londres, vamos a conquistar el mundo. Y lo raro fue que todas las tonterías que le solté, balbuceando, intentando convencerlo de venir a Londres, resultaron ser ciertas. Vamos a conquistar, vamos a ser los más grandes, no eran tonterías. Conquistamos el mundo. Pero le dije que tenía canciones, pero eran todas malas, estaban hechas a la medida para tocar en clubes punk. Es singular que no haya huido cuando las escuchó, a pesar de ser un músico de jazz muy serio. Confió en ellas.

¿Por qué el éxito de canciones como Every breath you take sigue siendo tan fuerte incluso hoy?

Esa es una pregunta curiosa. He hablado con miembros de los Stones y los Beatles sobre esto. Y ambos dicen, Mick Jagger y Paul McCartney te lo dirán, que nunca esperaron que sus canciones duraran más de cinco minutos. Las hicieron como sándwiches para comer hoy y olvidar. Y mañana les haremos otra. Están tan sorprendidos como cualquiera, y también por The Police, en el sentido de que lo que fue música pop se haya convertido en un clásico. Y que medio siglo después, su música pop, se estudie en las universidades. No lo vieron venir. Y en The Police, no pensábamos en eso. Así que es muy gratificante. Y tenemos mucha suerte de que los niños de hoy respeten los clásicos. Creo que ocurrió alrededor del año 2000. En lugar de escuchar la derivación del rock, volvieron a descubrir a los originales: Led Zeppelin, The Beatles, Stones, Jimi Hendrix, y se dieron cuenta de que los originales tenían más fuerza que las bandas que los copiaron. Y, afortunadamente, The Police encajaba en esa categoría donde se nos considera clásicos.

-¿Se considera uno de los bateristas más influyentes de la historia del rock? Su huella en Latinoamérica sigue siendo muy fuerte.

Por supuesto. Sí. Sigue, sigue, adelante, adelante. Estoy de acuerdo con todo eso (dice en forma irónica). Tienes una lista de los 10 mejores bateristas, pero son pura mierda. Rolling Stone me tiene en el top 10. Buddy Rich no está ahí. Mitch Mitchell tampoco está. Cuando veo que su nombre no está al principio de la lista, me doy cuenta de que es una tontería. Y, bueno, no es como en los deportes. En los deportes, tienes un número. ¿Cuántos goles marcaste? ¿O qué tan rápido corriste? En el arte, es solo cuestión de opinión. Y es bueno que la gente tenga esta opinión. No voy a discutir. Me encanta. De hecho, Ringo y yo estamos entre los 10 mejores bateristas. Y estoy feliz por eso. Un Beatle y yo. Puedo soportarlo. Puedo vivir con eso.

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