La ópera y el ballet: dos artes fuera de la ley

Imagen de El Cristo de Elqui, de Miguel Farías y Alberto Mayol, la última ópera chilena en estrenarse y que hasta la semana pasada se presentó en el Teatro Municipal.

Tras el rechazo en la Comisión de Cultura del Senado a las indicaciones a la nueva Ley de Artes Escénicas, la ópera, el ballet y los coros quedaron fuera de los beneficios que busca la iniciativa. ¿Cómo se llegó a esto? La “ignorancia” e incomunicación aparecen como causas evidentes.


Todo empezó hace cuatro años. Específicamente el 11 de mayo del 2014, en el Día Nacional del Teatro. En aquella jornada, el Sindicato de Actores (Sidarte) decidió realizar una jugada ambiciosa y lanzar su Plataforma de Artes Escénicas junto a representantes del entonces Consejo Nacional de la Cultura y de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados. El objetivo era crear la Ley de Artes Escénicas y ya en ese momento se hablaba de beneficiar al teatro, a la danza y al circo. Con el tiempo se agregarían también los títeres y la narración oral. Nadie mencionaba a la ópera o el ballet. Cuatro años después, con la ley ya a punto de salir del Congreso, la ópera y el ballet siguen siendo dos fantasmas. Peor, no existen.

Se podría hablar de un defecto de fábrica al no estar consideradas en la génesis de la Plataforma de Artes Escénicas, pero después de todo el Gobierno introdujo el 3 de abril las indicaciones para que la nueva ley sí contemplara a ambas disciplinas. ¿Qué pasó entonces? Esta vez fue la Comisión de Educación y Cultura del Senado, en su discusión del 14 de junio, la que no creyó necesaria su incorporación en el nuevo marco legal. La comisión estaba integrada por Ena Von Baer, Yasna Provoste, Juan Ignacio Latorre, José García Ruminot y Jaime Quintana.

El último trámite legislativo fue un auténtico balde de agua fría para los cantantes y bailarines locales. Sin embargo, desde el Ministerio de las Culturas defienden las indicaciones y confían en que no está dicha la última palabra. Así lo ve la ministra Alejandra Pérez: “Esperaremos la votación en la sala del Senado, pues pese a que la comisión rechazó la indicación que incorporaba la ópera y el ballet, buscaremos que la sala pueda reincorporarlas”.

Pero, ¿qué es la Ley de Artes Escénicas? En primer lugar, no es más dinero del que ya existe en los fondos concursables. En segundo término, permite una mejor racionalización y entrega de aquellos recursos, con líneas específicas. En tercer lugar aquella orgánica se traduce en la creación del nuevo Consejo Nacional de las Artes Escénicas, del Fondo Nacional de Fomento de las Artes Escénicas y del Premio a las Artes Escénicas Presidente de la República. Las dos primeras instancias al menos son similares a las existentes en el campo audiovisual: desde ahora, los actores, directores teatrales, diseñadores, artistas circenses, bailarines de danza, titiriteros y narradores orales tendrán su propio consejo representativo que velará por sus derechos. No así la ópera y el ballet, que también se presentan escénicamente.

Entre las razones que entregó la comisión de Cultura del Senado para rechazar las indicaciones se argumenta que el Teatro Municipal ya recibe una sustantiva cantidad de recursos a través de otras vías y que la actividad coral está considerada en el Consejo de la Música. “Si bien la actividad coral está presente en el Consejo de la Música, éste sólo vela por la asignación de fondos y no por la cautela de los derechos de los cantantes”, afirma la declaración del Colectivo de Cantantes Líricos de Chile, integrado por más de 100 miembros, entre ellos Verónica Villarroel y Maureen Marambio.

Con respecto a las líneas de financiamento del Teatro Municipal como parte de los argumentos para rechazar las indicaciones del Ministerio de las Culturas, la soprano Patricia Cifuentes tiene una postura clara. Básicamente quiere borrar aquella identificación de cantante lírico con Teatro Municipal, como si fueran la misma cosa. “Los cantantes de ópera en Chile no somos empleados del Teatro Municipal. Sólo nos llaman para producciones específicas. No tenemos sueldo fijo”, dice. Y agrega: “Los cantantes líricos no solamente cantamos en la ópera. Lo hacemos en muchas partes.

Por eso es doloroso quedar fuera de una ley que busca representar mejor y velar por los derechos de los artistas”.

Para otros actores de la escena clásica chilena tampoco hay coherencia entre la nueva ley y la creación permanente de teatros regionales, entre ellos el Teatro del Biobío, inaugurado hace tres meses. Entre ellos, el de Rancagua y el Regional del Maule han sido albergues habituales de valiosas producciones de ópera. “Todo esto genera una innecesaria división entre las artes”, afirma Carmen Gloria Larenas, directora artística del Teatro del Lago de Frutillar. Luego aterriza los puntos: “A la larga Chile es un país muy legalista y se rige por lo escrito. Y si la ópera, el ballet y el coro no están mencionados en la Ley de Artes Escénicas, se puede pasar sobre ellas fácilmente. Todo queda sujeto a interpretación. No veo por qué no se pueden incorporar en la ley”.

Desde el gobierno, la ministra Pérez se refiere al afán inclusivo que tienen las indicaciones, que eventualmente podrían beneficiar proyectos concretos: “Nos interesa democratizar el acceso a todas las disciplinas culturales y también fortalecer su desarrollo en las regiones. ¿Cómo podrían quedar fuera, por ejemplo, proyectos en la línea de la ópera El Cristo del Elqui, del compositor Miguel Farías, basado en una obra de Hernán Rivera Letelier?”.

Cultura de elite

Uno de los más furibundos críticos de la decisión del Senado es el ex director del Teatro Municipal, Andrés Rodríguez. Máximo ejecutivo del principal coliseo lírico del país por casi 30 años, Rodríguez tiene al menos dos objeciones: una conceptual y otra de fondo.

Sobre lo primero dice: “El Legislativo no puede definir qué es y no un arte escénico. Las artes escénicas están definidas por sí mismas. Esto tiene una traducción en inglés: performing arts, que son las artes de la representación. Es lo mismo. No se puede, por tanto, hacer prescindir u omitir ciertas disciplinas en una ley que pretende definir qué es y no el arte escénico. Marginar tres áreas habla muy mal de nuestros legisladores”.

Sus apreciaciones de fondo tienen que ver con los eventuales problemas que puede generar la no inclusión de la ópera, ballet y cantantes de coro en la ley. “Yo no quiero que se favorezca principalmente a la ópera. Pero lo que no se puede hacer es omitirla ni discriminarla. Insisto en que prevalece un desconocimiento en torno a lo que son las artes escénicas. En Chile hay varios cultores de la ópera y quizás no van a poder postular a fondos púbicos. Van a ser excluidos también de los premios que crea el mismo proyecto de ley”, advierte.

Aunque en el Teatro Municipal nadie ese refirió públicamente a la ley de fomento en trámite, sí se sabe que hay descontento en su directorio. La percepción elitista que hay de la ópera y el ballet sólo sería perpetuada a través de una legislación que las relega aún más. Pero además la nueva disposición iría contra la política de creación de audiencias: se sabe que el público clásico es esquivo entre los jóvenes y justamente los últimos abonos del Municipal buscan atraer esa audiencia arisca. Las cifras de la Encuesta de Participación Cultural 2017 precisamente ratifican una realidad sombría: la ópera, con un 1,9 por ciento, es la disciplina con menor asistencia en Chile, bajo los conciertos clásicos y la danza.

La subdirectora del Ballet de Santiago, Luz Lorca, tiene reparos hacia la eventual representatividad de la ley. En estricto rigor, el ballet clásico estaría considerado bajo el concepto más amplio de danza, que sí está en la ley. Pero aún así no basta. “La desconfianza nace en la descripción de los delegados que nos representarán en el nuevo consejo. Por ejemplo, desde mi punto de vista no son viables ni suficientes sólo un coreógrafo y un intérprete para velar por las complejas producciones que demanda una ópera y un ballet de repertorio. Es en este punto que radica la desconfianza hacia este proyecto. Si esto se mantiene, digan lo que digan estamos marginados”, afirma.

A estas alturas, es evidente que esta discusión sólo ha ampliado la brecha entre artes consideradas de elite como la ópera y el ballet y otras más populares, como el teatro o el circo. Desde el momento en que nació la Plataforma estaban fuera y según los actores los cantantes y bailarines nunca respondieron a los llamados a sumarse a la discusión.

Desde el Teatro Nacional, su director Ramón Griffero tiene una postura algo más salomónica: “Me parece que la ópera se ha hecho de alguna manera invisible en este país. Tal vez el hecho de que durante 40 años el Teatro Municipal haya tenido apenas dos directores ha tenido que ver en eso. En general, la ópera se ha visto como una disciplina alejada de los creadores chilenos y recién ahora con El Cristo de Elqui pareciera haber más sintonía”, comenta. Luego reconoce: “Pero evidentemente y de acuerdo a los tiempos que corren, la ópera y el ballet deberían estar en la nueva Ley de Artes Escénicas. Esta omisión sólo refleja a nuestra clase política”.

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