Diario Impreso

El observatorio rojo

<P>Un grupo de astrónomos de la URSS fue evacuado del país el 24 de septiembre de 1973. Sus 11 años de estudios quedaron inconclusos y los dos observatorios que habían desarrollado -uno en Cerro El Roble, cerca de Valparaíso, y otro en el cerro Calán- fueron abandonados. Casi 40 años después, una nueva comitiva llegó a reactivar el proyecto. Esta es la historia. </P>

Tal como sus compañeros del observatorio de la URSS en el cerro Calán, Vadim Gubanov depositó su maleta en la parte trasera de un camión y se subió a un bus. Hacia donde volvía la cabeza, sus ojos encontraban un militar armado. Mañana del 24 de septiembre de 1973. La embajada soviética estaba sitiada; todos los ciudadanos de su país debían salir de Chile, porque Moscú había roto las relaciones diplomáticas. El bus salió de Apoquindo y fue rodeado por jeeps, cuyos ocupantes cargaban rifles automáticos.

Al llegar al aeropuerto Pudahuel, Gubanov tuvo que pasar dos controles. Recuerda aquella inspección: un soldado abrió su equipaje y se encontró con un montón de piedras que había recogido en la Cordillera de los Andes, con huellas de moluscos incrustados hace millones de años. Cuando el soldado intentó quitárselas, Gubanov se negó. "No podían entender por qué quería llevarme unos tontos escombros a un país distante 10 mil kilómetros", recuerda. Sólo cuando un oficial de rango superior comprendió que era astrónomo, le permitieron abordar el avión con sus rocas.

Al salir del espacio aéreo chileno, los pasajeros y la tripulación arrasaron con todo el alcohol presente en la nave. Lo perseguían las imágenes de lo que había visto en los últimos días: columnas de tanques enfilando hacia el centro, redadas de personas al lado del observatorio de Cerro Calán y cuerpos flotando en el Mapocho. Aunque no entendía los noticiarios, meses antes Gubanov comprendió que su aventura científica en el país no iba a durar mucho. Era evidente, después de presenciar la violencia de las marchas y sufrir el desabastecimiento. Mientras veía pasar el cielo nocturno con el Gran Instrumento de Pasaje (GIPP) de Cerro Calán, escuchaba explosiones. Hoy, con 70 años, el astrónomo resume el año y medio que pasó en el país así: "Chile olía a pólvora".

Regreso a El Roble

Como alumno de Gubanov, el doctor Vladimir Yershov, de 59 años, conoce bien la historia del equipo de la ex URSS que trabajó casi 11 años en Chile. Pero sólo cuando estuvo delante del GIPP de Cerro Calán pudo dimensionar el trabajo que sus maestros del Observatorio de Pulkovo, en las cercanías de San Petersburgo, Rusia, realizaron hace 40 años. Su perfecto castellano le valió ser elegido para revivir la comunicación entre la Academia de Ciencias de Rusia y la Universidad de Chile.

Yershov llegó a Santiago a fines de abril. A su lado estaban el vicedirector del Observatorio de Pulkovo, Alexander Deviatkin, y el ingeniero Sergei Zinoviev. Juntos visitaron las instalaciones de Cerro Calán para reunirse con René Méndez, director del Departamento de Astronomía, y proponerle su idea de recuperar el Observatorio de Cerro El Roble, ubicado a 80 kilómetros de Santiago, justo a medio camino entre la capital y Valparaíso. Allí se encuentra el Maksutov AZT-16, un telescopio de campo grande, especialmente diseñado para fotografiar las estrellas. "El tamaño es menor a los telescopios de La Silla o Paranal, pero todavía tiene mucha utilidad para observar miles de objetos que no conocemos", explica Yershov.

Los rusos fueron a El Roble y adaptaron el Maksutov a una cámara digital. Las imágenes obtenidas los dejaron satisfechos y serán presentadas como prueba ante la Academia de Ciencias de Rusia, que deberá autorizar los fondos para reacondicionar la estación astronó- mica. "No se ha invertido un peso en los últimos 20 años", se lamenta José Maza, Premio Nacional de Ciencias Exactas en 1999 y uno de los astrónomos chilenos, junto a Mario Hamuy, cuyos estudios ayudaron a comprobar que la velocidad de expansión del universo va acelerando. "El Maksutov no lo operaba nadie, porque es muy complicado. No hay agua, el edificio no está impermeabilizado y tiene un computador prehistórico. Trabajé ahí cinco años durante los 80, pero me aburrí de nadar contra la corriente y me fui al Tololo", agrega el especialista de 65 años.

Maza acompañó a la delegación rusa en su paseo por Cerro Calán. Les mostró diversos telescopios y los llevó hasta la cúpula que alberga el GIPP, donde Gubanov calculaba la posición de las estrellas en el cielo y la creciente distancia entre ellas.

-¿Gubanov era uno alto y flaco, medio parco? -preguntó Maza.

-No, era más bien bajo. Me parece que ese era Vladimir Nikonov. Su mujer todavía usa un poncho chileno -respondió Yershov.

Maza asintió.

-Todos recuerdan su estadía en Chile como el mejor episodio de sus vidas -dijo el astrónomo ruso.

Irse de golpe

La inauguración del observatorio en El Roble marcó el apogeo de las actividades astronómicas de la URSS en Chile, pero la actividad había comenzado varios años antes, el 12 de octubre de 1962, cuando Mitrofan Zverev encabezó un grupo de avanzada, conformado por cuatro científicos. Su misión era medir la posición exacta de 11.376 estrellas al sur del Ecuador. Con la ayuda del GIPP, hecho en Pulkovo, los soviéticos comenzaron a trabajar en Cerro Calán.

Su hogar era una casona de Paul Harris, justo debajo de la colina, que estaba repleta de productos soviéticos, desde electrodomésticos hasta un piano, en el cual Zverev daba verdaderos recitales. Se atrevieron a hablar español y a entablar relaciones amistosas. Al fragor de unas copas, algunos fueron expresando sus verdaderas opiniones políticas, muchas veces contrarias al régimen comunista. Los chilenos, por su parte, apenas podían seguirles el ritmo. "Al Maksutov mandaban chuicos de 25 litros de alcohol etílico para limpiar la óptica. Con un poquito de eso, diluido en agua, se hacían súper piscolas", bromea Maza.

En El Roble, el cuidador del observatorio, Juan Parra, puede dar fe de la resistencia del equipo ruso. "Eran buenos para el vodka. Tomaban cuando estaba nublado y no se podía usar el telescopio, pero trabajaban 21 días del mes, eran muy responsables", comenta el trabajador.

La llegada al poder de Salvador Allende estrechó las relaciones entre Chile y la URSS. Una nueva delegación de astrofísicos del Observatorio de Crimea, Ucrania, llegó a reforzar el estudio del cielo chileno y se instaló en una casa de Nuestra Señora del Rosario, en Las Condes. Su misión principal era construir una estación más potente en el norte, como las que Estados Unidos y Europa desarrollaban en los cerros Tololo y La Silla. Arcady Arjarov llegó en esa época y trabajó en Cerro La Peineta, cerca de Copiapó. "Chile tiene el mejor cielo para la observación, pero lo que pasó en 1973 detuvo todo nuestro trabajo", sostiene.

El equipo soviético estaba desperdigado entre Santiago, El Roble y La Peineta cuando ocurrieron los hechos del 11 de septiembre. Arjarov cuenta que dos compañeros, Pahonov y Pronik, quedaron incomunicados en el norte. Con el miedo de ser detenidos por los militares, trataron de pasar inadvertidos en bus. En la capital, Gubanov vio una columna de tanques en dirección al centro. Aunque intuía algo malo, pensó que se trataba de un ensayo. A la mañana siguiente se enteró de que el golpe de Estado estaba en desarrollo. Sólo tres días después se levantó el toque de queda.

Una orden de la Junta de Gobierno exigía a todos los extranjeros presentarse en el Estadio Nacional. Gubanov llegó hasta la casa del director de Cerro Calán, Claudio Anguita, para usar el teléfono. "Pregunté a la embajada qué debíamos hacer y nos ordenaron olvidar lo del estadio, porque si íbamos, desapareceríamos seguro", revela. Le instruyeron prepararse para evacuar a todo el personal en los días siguientes, pues la URSS rompería relaciones con el gobierno de facto.

Se realizó un breve inventario. Entre todos rescataron la mayor cantidad de información que pudieron en cuadernos y cintas del GIPP. Sin embargo, el grueso de los datos quedó abandonado y hoy ocupa estantes olvidados en Cerro Calán. Maza dice que todavía, de vez en cuando, se encuentran con carpetas llenas de anotaciones en cirílico.

Antes de viajar a Chile, Yershov se reunió con Gubanov y Arjarov. Este último le prestó el viejo mapa que usaba en sus viajes por el norte, cuando buscaba instalar un observatorio de mayor envergadura.

-Quizás podríamos intentar recuperar ese plan. Podemos proponer algo más grande, como lo de La Peineta -deslizó Yershov.

-Es un excelente lugar -contestó Maza, entusiasmado.

Hasta la fecha, el Maksutov ha sacado más de 5.000 fotografías del espacio, pero permanece desatendido desde fines de los 80. Sus próximas imágenes no serán iguales a las de hace 40 años; el universo ha seguido su imparable expansión.

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