Ciberataques, interferencia electoral y Ucrania: los asuntos que tensan la relación entre Rusia y EE.UU.

Una combinación de fotografías del Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y su homólogo ruso, Vladimir Putin. Foto: AFP

En menos de tres meses, las acusaciones cruzadas entre la Casa Blanca y el Kremlin han elevado la preocupación internacional. El Presidente demócrata, Joe Biden, envió un nuevo paquete de sanciones contra Moscú.


Dos días después de la conversación telefónica entre el Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y su homólogo ruso, Vladimir Putin, para “rebajar tensiones”, la Casa Blanca envió este jueves un nuevo paquete oficial de sanciones contra el Kremlin, al tiempo que ordenó una ronda de expulsiones a diplomáticos de Rusia. La confrontación reavivó las acusaciones contra Moscú por ciberespionaje, interferencia en las recientes elecciones presidenciales de EE.UU. y denuncias de promover acuerdos con los talibanes para atacar tropas norteamericanas en Afganistán, lo que elevó la preocupación internacional ante una mayor escalada de tensiones.

Las relaciones entre Putin y Biden no estaban en su mejor momento después de que en marzo el demócrata llamó “asesino” al mandatario ruso y criticó la detención del opositor Alexei Navalny, desatando el primer “roce” diplomático entre ambas administraciones.

En la última semana, tras un nuevo acercamiento -el segundo contacto telefónico público desde el 20 de enero-, ambos países volvieron a enfrentarse. Pero esta vez con una nueva agravante: el informe anual de Washington que tildó a Rusia de “una de las amenazas de inteligencia más graves para Estados Unidos”.

El Presidente Joe Biden pronuncia comentarios sobre Rusia en el Salón Este de la Casa Blanca, en Washington. Foto: Reuters

Según la orden ejecutiva firmada por Biden, Washington acusa estar “totalmente seguro” de que el Servicio de Espionaje Exterior de Rusia (SVR) fue el autor del hackeo generalizado contra el gobierno estadounidense y otras entidades del país, que se inició en 2019. Según el diario El País, durante más de seis meses, agentes extranjeros estuvieron infiltrados en el “cerebro virtual” del Ejecutivo norteamericano, siendo testigos sin que nadie sospechara de las labores diarias de, al menos, seis departamentos, entre ellos el de Defensa, Estado, Comercio y Tesoro.

Los días en que Estados Unidos se sometía frente a las acciones agresivas de Rusia se acabaron.

Presidente de EE.UU., Joe Biden, en febrero.

El ataque online no necesitó de un gatillante, sino que fue perpetrado mediante “actualizaciones automáticas a un software de un programa de sistemas informáticos proporcionados por un proveedor seguro, como la empresa de Texas Solarwinds”, y desde ahí tuvieron acceso a 18 mil redes federales, detalla el gobierno de Biden.

Un peatón camina frente a la embajada de Rusia en Washington. Foto: AFP

El decreto firmado por Biden da cuenta de “16 organismos y 16 personas objetivos de sanciones” por “socavar la conducción de elecciones democráticas libres y justas” en EE.UU. y “otros actos de desinformación”. Un informe norteamericano asegura que Putin habría dado luz verde a campañas de influencia en internet para dañar la candidatura del demócrata y promover la reelección del expresidente republicano Donald Trump.

Uno de los implicados en el listado de ciudadanos penalizados es Alexéi Gromov, primer subjefe de personal de la administración presidencial de Putin. En tanto, el Departamento del Tesoro incluyó a seis empresas de tecnología rusas en la lista negra por vínculos con servicios de inteligencia de Moscú.

Según NBC, con este movimiento EE.UU. designó por primera vez al excolaborador en la campaña de Trump, Paul Manafort, como un “conocido agente ruso”, y en la lista de sanciones aparece Konstantin Kilimnik, denominado como consultor político ruso y ucraniano y conocido agente de los Servicios de Inteligencia de Rusia, que entregó a los servicios de inteligencia del Kremlin “información sensible sobre las encuestas y la estrategia de campaña” durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016 y “buscó promover la narrativa de que Ucrania, no Rusia, había interferido en el proceso electoral”.

Una imagen del frontis de la empresa tecnológica SolarWinds, en su sede en Austin, Texas. Foto: Reuters

Además, al menos 10 funcionarios de la embajada rusa en Washington fueron expulsados de EE.UU. y tendrán 30 días para salir del país. Tal como había adelantado el diario The Wall Street Journal, Washington también prohibió a instituciones financieras estadounidenses comprar bonos en rublos desde el Banco Central de Rusia, el Ministerio de Finanzas y el fondo de riqueza soberana desde el 14 de junio, para “limitar uno de los principales medios de financiamiento del gobierno ruso”.

Washington debe darse cuenta de que tendrá que pagar por la degradación de las relaciones bilaterales. La responsabilidad de lo que está sucediendo es enteramente de Estados Unidos.

Cancillería de Rusia

Por su parte, el Kremlin rechazó todos los cuestionamientos y reclamó que responderá de la misma forma. “(Son) medidas hostiles que elevan peligrosamente la temperatura de la confrontación. Una conducta tan agresiva, por supuesto, tendrá una respuesta decisiva”, advirtió la Cancillería rusa.

Factor Ucrania

Esta semana ha sido definitoria para la política exterior que Biden llevará adelante por los próximos cuatro años. Durante la jornada del miércoles, el mandatario demócrata anunció el retiro de las tropas estadounidenses desplegadas hace dos décadas en Afganistán, envió una delegación no oficial de respaldo a Taiwán y emplazó directamente a Rusia por el reforzamiento de soldados en la frontera con Ucrania.

Tanques de las Fuerzas Armadas de Ucrania durante simulacros en un lugar desconocido cerca de Crimea. Foto: Reuters

La OTAN y el secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, realizaron una declaración en conjunto para expresar las preocupaciones por la situación ucraniana. El gobierno de Volodomyr Zelenski estima que el Kremlin ha acumulado hasta 50 mil militares en la frontera con su país y Estados Unidos acusa que serían alrededor de 40 mil miembros del Ejército, lo que es considerado como el mayor número de efectivos enviados desde la anexión de Crimea y la guerra en Donbass, en 2014.

El ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba, culpó al Kremlin de “amenazar abiertamente a Ucrania con una guerra y con destruir al Estado ucraniano. La línea roja para Ucrania es la frontera de su Estado. Si Rusia viola esta línea roja, sufrirá”, sentenció la autoridad en una conferencia en conjunto con los líderes de Estonia, Letonia y Lituania.

Los ministros de Relaciones Exteriores de Lituania, Letonia, Estonia y Ucrania durante una reunión el jueves, en Kiev. Foto: AFP

Según la cadena germana Deutsche Welle, el embajador de Ucrania en Alemania, Andriy Melnyk, planteó que su gobierno evalúa la posibilidad de adquirir armas nucleares para “garantizar nuestra defensa” si no logran convertirse en miembro de la OTAN. En 1994, Kiev renunció a bombas atómicas en su territorio si Rusia, Reino Unido y Estados Unidos garantizaban su integridad territorial.

Por otra parte, el Ejecutivo ruso asegura que el envío de fuerzas a la frontera con Ucrania está en el marco de “ejercicios militares” por “acciones amenazantes” de la OTAN. En esa línea, la BBC señala que una de las excusas para la intervención rusa es que alrededor de 500 mil residentes de Donetsk y Lugansk, en el este de Ucrania, han recibido pasaportes rusos en los últimos siete años.

El Presidente ruso, Vladimir Putin, asiste a simulacros conjuntos de las flotas del Mar del Norte y del Mar Negro a bordo de un crucero en el puerto de Sebastopol, Crimea. Foto: Reuters

En cualquier caso, EE.UU. envió dos buques de guerra al mar Negro, misma zona marítima en la que Rusia anunció que realizará simulacros “de fuego real” y donde Ucrania realizará “maniobras terrestres”.

No obstante, la Casa Blanca hizo un llamado para coordinar la primera cumbre con Putin, lo que ahora parece un evento lejano en las agendas de ambos líderes. Según CNN, durante la llamada telefónica del martes, Biden no ocultó que tomaría medidas esta semana, pero enfatizó en la conversación que busca una estabilidad en la relación de las dos potencias, y que si ambos están de acuerdo pueden comenzar a trabajar juntos.

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