Manuel Inostroza, exsuperintendente de Salud: “No descarto que en 20 o 30 años podamos llegar a un fondo único de salud, pero antes debemos pasar por muchas otras etapas”

En el contexto de la discusión constitucional, el académico sostiene que los privados cumplen un rol importante en la resolución de problemas médicos de toda la población. De hecho, recalca que la modalidad de libre elección "constituye una estrategia fundamental para dar atención oportuna a 7 millones de personas que son beneficiarios de Fonasa".


Manuel Inostroza es médico de la Universidad de Chile y tiene un máster de Salud Pública con mención en Financiamiento y Gestión de la Universidad Johns Hopkins. En marzo de 2003 dejó su cargo de director del Centro de Referencia de Salud Peñalolén Cordillera Oriente para asumir como superintendente de Isapres durante el Gobierno del Presidente Ricardo Lagos.

En 2005 se creó la Superintendencia de Salud, organismo que comienza a funcionar como sucesor legal de la hasta entonces Superintendencia de Isapres. En ese contexto, Inostroza asumió como su titular, cargo que también ocupó durante el Gobierno de Michelle Bachelet (2006-2010) y parte del mandato de Sebastián Piñera (2010).

Actualmente, es académico del Instituto de Salud Pública de la UNAB y sigue muy de cerca el debate de salud en la Convención Constitucional. En ese escenario, sostiene que transformar Fondo Nacional de Salud (Fonasa) en uno universal, no constituye una solución a los problemas actuales, como lo planteó el director de Fonasa, Camilo Cid, a La Tercera: “Es bastante reduccionista o insuficiente, porque no cabe duda que un fondo único tiene algunas ventajas, pero los problemas de salud en Chile son mucho más complejos”.

¿Es funcional lo que está aprobado hasta ahora en la Convención en cuanto a salud?

Lo que se aprobó en la Convención es un proyecto abortado del Sistema Nacional de Salud, porque la intención de los convencionales o la mayoría de ellos era aprobar un modelo específico en la Constitución, cosa que en general no es lo recomendable. Para que este sistema sea coherente, no debe tener seguros privados ni tampoco prestadores privados, sino que funcionar exclusivamente con prestadores públicos. Ahora, los incisos que limitaban la posibilidad de seguros complementarios y la complementariedad público-privada se cayeron, quedó un proyecto extraño, porque tiene el título de sistema universal, pero sin sus principales herramientas de política pública.

¿Cuál es la importancia que tiene la Modalidad de Libre Elección?

Hoy constituye una estrategia fundamental para dar atención oportuna a 7 millones de personas que son beneficiarios de Fonasa. En los últimos seis años, y a pesar de la pausa de 2020 por pandemia, el aumento de prestaciones por libre elección subió un 56,4%, es decir, de 51 millones de prestaciones pasamos a 79 millones. Solo el incremento de 2021 respecto a 2020 fue del 28%, pues se pasó de 62 millones de prestaciones a 79 millones. Entonces, la lista de espera, a pesar de que ha crecido, no creció todo lo que pudo, porque la gente que no ha querido seguir esperando y ha decidido poner de su bolsillo para comprar un bono a través de la libre elección.

¿A qué le atribuye que las personas de Fonasa acudan al sistema privado para resolver sus problemas?

Básicamente, por la incapacidad que tiene el sistema público para darles atención oportuna. Las cifras que más crecen son las prestaciones de endocrinología, en un 83%, y las prestaciones de medicina transfusional, un 119%. Especialidades como neurología también aumentaron un 62% y dermatología un 66%, y son especialidades donde están gran parte de las listas de espera del sistema público. Entonces, la gente va donde los pueden atender y no donde las listas de espera siguen creciendo.

Un fondo único de salud no sería el mejor camino...

Yo no descarto que en 20 o 30 años pudiésemos llegar a un fondo único de salud, pero antes de llegar a eso deberíamos pasar por muchas otras etapas. Pensar en que el camino de corto plazo es el fondo único y pretender que por esa vía se van a resolver todos los problemas, como los determinantes sociales, la organización de la prestación cultural y social de los hospitales o la falta de solidaridad de la atención primaria, es de un reduccionismo que me alarma, que me preocupa. Yo no descarto que en un futuro podamos llegar a un fondo único, pero creo que antes de siquiera plantearse ese camino, hay muchas otras cosas que tenemos que hacer que, si no las hacemos, está el riesgo de que terminemos generando más problemas que soluciones.

¿Por qué un fondo único no resolvería el problema estructural?

Yo creo que la propuesta y el planteamiento que hace Camilo Cid es bastante reduccionista o insuficiente, porque no cabe duda que un fondo único tiene algunas ventajas, pero los problemas de salud en Chile son mucho más complejos. Nosotros tenemos un incremento de costos que está afectando al sector público y está el aumento de las tecnologías, el efecto de los determinantes sociales, las listas de espera, los problemas de eficiencia productiva de la atención primaria y de nuestros hospitales públicos. Ninguno de esos problemas se resuelve con la idea de un fondo único de salud. Y lo que me llama la atención es que alguien tan importante como el director de Fonasa dé señales de que los principales problemas del sistema de salud de Chile se resuelven con un fondo único.

¿Cree que un sistema universal sería capaz de absorber las necesidades de toda la población?

A pesar de que en Chile los últimos cuatros gobiernos ha llegado a invertir alrededor de mil millones de dólares anuales para construir hospitales, seguimos teniendo un déficit de infraestructura hospitalaria pública. Además, durante los últimos diez años nosotros pasamos de aportarle al sistema público hospitalario y a la atención primaria, de 4 billones de pesos a 8,5 billones anuales para su mayor financiamiento. Esto significa más personal, más insumos y más medicamentos, y aún con esta 2,15 veces más de presupuesto en los últimos diez años, la resolución de listas de espera en vez de disminuir, no hace más que aumentar. Entonces, tanto por la necesidad de inversión como por la necesidad de mejora a las deficiencias estructurales de gestión que tiene nuestro sistema, por lo menos quedan unos 20 o 30 años más de cambio. Y veo impensado que en el corto o mediano plazo el sistema público sea capaz de absorber lo que en teoría se pretende escribir en una constitución o incluso eventualmente en algún proyecto de ley.

¿Cuán importante es el rol de los privados en el sistema de salud?

Yo creo que en las prestaciones es fundamental. Yo no visualizo, por lo menos por los próximos 30 o 40 años, un sistema de salud chileno en el que los prestadores privados no sigan siendo un aporte sustantivo. Hoy resuelven el 45% de los problemas de salud de las personas porque la modalidad de libre elección no son decisiones de la autoridad, son decisiones de personas que están dispuestas a gastar un poco más con tal de atenderse. En el ámbito del financiamiento es más complejo, pero si uno mira la experiencia internacional más exitosa, como la de Alemania o Bélgica, se ve que pueden convivir en un sistema de aseguramiento público, como un Fonasa fortalecido, con entidades privadas de seguridad social. Yo creo que no es necesario revivir la experiencia de las isapres como seguros individuales de corto plazo, con preexistencia y cautividad, porque sabemos que eso no tiene ninguna viabilidad en Chile. Yo creo que es posible establecer legalmente administradoras de la seguridad social privada, que es una experiencia que hasta ahora los chilenos no hemos tenido y que perfectamente se podrían construir por la vía legislativa. Pero, lo que sí me parece fundamental es la permanencia de los prestadores privados en la solución de los problemas de salud de la población chilena.

¿Qué rescata de lo aprobado en la Convención hablando ahora de ese proceso?

Que se incorpora el concepto de salud como bienestar integral, como nos propone la OMS, se propone el acceso integral como derecho humano esencial, se incorporan todas las dimensiones desde la prevención y promoción hasta la rehabilitación, incluso cuidado paliativo y se establece la atención primaria como piedra angular del modelo de atención. Creo que todos esos son avances sustantivos, que lamentablemente fueron opacados por este intento de haber querido aprobar, de manera no recomendable en mi opinión, este sistema de salud. Porque en ninguna de las experiencias constitucionales exitosas se articula un modelo específico. Si solo nos hubiéramos quedado con estos principios generales y con estas herramientas, probablemente hubiéramos tenido una sensación mayor de que estábamos aprobando una constitución en salud que realmente recogía los anhelos de la mayoría de la población.

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