Santiago polarizado

La batalla senatorial por la Región Metropolitana quedó en los extremos. Un republicano, una víctima del estallido, además del retorno de una comunista a la Cámara Alta después de casi cinco décadas. También quedaron Luciano Cruz-Coke y J.M. Ossandón: aunque este último ya lejos del contundente poderío electoral que mostraba con anterioridad.


Había muchas expectativas sobre lo que ocurriría en la elección senatorial por Santiago. No sólo porque era primera vez que la región, que posee el mayor número de electores (casi siete millones) competía en una sola circunscripción, y no dividida entre Oriente y Poniente, sino también por lo dura de la competencia: eran 45 postulantes para cinco cupos.

Las semanas previas a la elección la mayoría de los pronósticos vaticinaban dos cupos para la izquierda, dos para la derecha y un quinto cupo que se pelearía mesa a mesa. Los resultados mostraron que esas proyecciones no estaban tan erradas. Fabiola Campillai, independiente y fuera de pacto, se convirtió en la candidata más votada con un 15.3% de los sufragios (ver nota aparte).

El segundo más favorecido en las urnas fue el senador Manuel José Ossandón. El RN, al cierre de esta edición, contaba con el 10,6% de los votos, con el 90.76% de las mesas escrutadas: era una baja importante respecto del 24,43% que había conseguido en 2013, cuando ganó el cupo por Santiago Oriente. Pero de igual forma corroboraba un favoritismo que hasta sus propios adversarios reconocían.

La real sorpresa en la derecha fue la arremetida de Rojo Edwards. Después terminar cuarto en la elección de gobernador metropolitano de mayo pasado, con un 6,68% de los votos, logró meterse en el Senado gracias a su 9,3%, más el 3,3% que le aportaron sus cinco compañeros de lista del Partido Republicano. En su comando hicieron la siguiente lectura: la votación pasada fue motivada por los ánimos de cambios que rodeaban a la votación de convencionales. Esta elección parlamentaria, tan presidencializada, estaría muy influida por el crecimiento de José Antonio Kast por temas como el orden y la seguridad, además de la presencia de un público más diverso en los centros de votación.

“Kast es una locomotora que nos tira a todos”, comentaba Rojo Edwards a días de la elección.

En la vereda opuesta, Claudia Pascual hizo historia al convertirse en la primera comunista en 48 años que ingresa al Senado. La exconcejala de Santiago y exministra de la Mujer obtuvo el 5,2% de los votos, con un despliegue territorial muy fuerte en el centro de la capital, que antes eligió a Irací Hassler, y mostrando que, a pesar de lo que se anticipaba, su destino electoral no dependía del rendimiento que pudiese tener su compañera de lista, Karina Oliva, quien alcanzó 98.554 votos, pese al desmarque de Gabriel Boric y de los partidos de Apruebo Dignidad a su candidatura.

El Evópoli, Luciano Cruz-Coke fue el útimo en asegurar un escaño. En una competencia muy reñida con Jaime Mañalich, logró imponerse gracias a la ventaja que le sacó en comunas del sector oriente, como Vitacura, Las Condes, La Reina y, sobre todo, Lo Barnechea. La apuesta del exministro de Salud, que apuntaba a marcar diferencias con los votos de comunas como Santiago, Colina y Ñuñoa, no fue suficiente. Cruz-Coke, que apelaba a la base de 38.105 votos ganados hace cuatro años en el distrito 10, obtuvo el 5,4%, mientras que el médico que compitió en cupo Evópoli, un 4,8%.

Los caídos de una lucha fratricida

La derrota no era un escenario que Jaime Mañalich tuviera como el más probable. Desde su equipo, en la semana previa a la votación, hacían énfasis en “el buen envejecimiento” que estaba teniendo su gestión en el Minsal, donde enfrentó los comienzos de la pandemia. Lo mismo pasó con Marcela Sabat. La RN llegó al Senado en julio de 2020, como reemplazante de Andrés Allamand, que asumía en Cancillería. Su desempeño previo como diputada por el distrito 10, donde cosechó 54.573 votos en 2017, la ponían como una de las cartas dentro de la competitiva oferta de la derecha en la Circunscripción 7. Sin embargo, las dudas sobre si debía posicionarse como una alternativa más liberal y moderna dentro de su lista o, por el contrario, apelar a un voto más tradicional, le pasaron la cuenta. Con un 4% de los votos quedó fuera del Parlamento.

La UDI tampoco sacó ningún escaño, pero eso estaba lejos de ser sorpresivo. Después de apostar una de sus cartas más potentes a la Convención, como Marcela Cubillos, la directiva de Javier Macaya no logró convencer a ninguna carta fuerte para competir en Santiago. Tentaron, por ejemplo, a Joaquin Lavín León y a Patricio Melero, pero ninguno estuvo dispuesto a una pelea senatorial que, después del estallido, se presumía muy difícil para alguien del gremialismo. La apuesta entonces fue por mujeres nuevas. Dos abogadas emergieron: Daniela Cabezas (41) y Carolina Lavín (49). Al final de la jornada, ninguna superaba el 0,7%.

Auge y doble caída de Karina Oliva

En su segunda elección en menos de un año, el escándalo del financiamiento le pasó cuenta: con el 4,3% de los votos, con el 90.76% de las mesas escrutadas, Oliva no logró salir electa senadora.

Después de un largo silencio, Karina Oliva no logró pasar desapercibida cuando llegó a votar al Liceo 1 Javiera Carrera, en Santiago. Un ejército de periodistas esperaban su llegada para consultarle por el último escándalo financiero que terminó por acabar con su carrera senatorial: después de sumar 600.781 votos en mayo pasado, cuando compitió por la Gobernación Metropolitana, en esta jornada y hasta el cierre de esta nota no logró estar ni cerca de eso.

Su performance en esa elección, donde quedó segunda después del DC Claudio Orrego, la dejaba bien posicionada para ir de candidata a senadora por la Región Metropolitana en la lista de Apruebo Dignidad. Ahí era la carta más fuerte en una lista que compartía con Guillermo Teillier, Gonzalo Martner y Claudia Pascual.

Así, todo iba bien hasta que, a dos semanas de la elección de hoy, un reportaje de Ciper terminó por darle su segundo golpe: millonarias boletas emitidas por su equipo de campaña como gobernadora sumaban $ 137 millones entre siete militantes de su partido. Lo que vino después solo empeoró: la misma Oliva admitió en televisión que pagó altos honorarios con financiamiento fiscal a siete colaboradores para compensar el trabajo de precampaña. Además de eso, se destapó una fundación fantasma creada por ella misma que proveyó servicios por $ 120 millones y toda su coalición le quitó respaldo -incluyendo su propio partido y el candidato Gabriel Boric-. Entremedio, la fiscalía abrió una investigación de oficio por presunto fraude en su contra y con metralletas en mano, el Gope realizó un allanamiento a la sede de Comunes para recopilar antecedentes. Eso, en su comando pensaron que podría jugarles a favor y darle una última chance a su candidatura. Sin embargo, no lo lograron. El día antes de ir a votar, Karina Oliva publicó un video en su Twitter en el que decía “seguir en pie”, sin embargo, la votación de esta noche terminó con su derrota.

Otros de los golpeados por la caída de la politóloga de izquierda fueron su compañero de lista Gonzalo Martner, que regresaba a una elección luego de haber perdido la senatorial por Santiago Oriente hace 16 años, y Sebastián Depolo (RD), que durante la tarde habló con La Tercera mostrando preocupación de hacia dónde podrían escaparse los votos que antes ostentaba Oliva. Las respuesta de los votantes fue contundente.

Depolo y Martner, hasta el cierre de esta edición, estaban casi empatados: el primero obtuvo el 1.8% y el segundo 1,7%. La mejor carta de Nuevo Pacto Social, la PS Paulina Vodanovic, no estuvo mucho mejor: solamente obtuvo 2,7% de los votos. Así, por primera vez desde el retorno de la democracia que la ex Concertación no tendrá un representante en el Senado.

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