Divisiones en Partido Demócrata de EE.UU.
Las disputas entre sectores moderados y progresistas que han marcado las primarias podrían acabar hipotecando las opciones del partido por recuperar el control del Congreso y, de paso, ahondar la polarización política en el país.

El actual periodo de primarias en Estados Unidos de cara a las elecciones de medio término previstas para el próximo 3 de noviembre ha dejado en evidencia la fuerte pugna al interior del Partido Demócrata, entre sectores progresistas, cuyo principal referente son los Socialistas Democráticos de América, y los sectores moderados, asociados al establishment de la colectividad.
La pugna adquirió especial relevancia con la disputa por la candidatura al Senado de ese partido en el Estado de Michigan, donde el candidato del ala izquierdista Abdul El-Sayed ganó los comicios, pero por un estrecho margen, y volvió a reflotar en la competencia por la candidatura para gobernador en Wisconsin, donde el triunfo recayó en el candidato moderado, David Crowley, por poco más de 3.000 votos.
Si bien, como revelan estos resultados, no hay un dominio claro de ninguno de los dos sectores y las disputas en otros estados confirman esta tendencia, es claro que los grupos de izquierda del Partido Demócrata, reforzados tras el triunfo del actual alcalde de Nueva York, Zohan Mamdani, en noviembre del año pasado, han venido creciendo en los últimos años. Hoy, según una encuesta de la cadena CNN, un tercio de los votantes demócratas se identifica como demócrata socialista y la tendencia se amplía entre los menores de 35 años, donde un 46% tiene una opinión favorable o muy favorable de ese sector. Los sondeos también perfilan a sus simpatizantes como hombres, en un 59%, sin estudios universitarios (66%) y con ingresos menores a US$ 100 mil al año (77%).
Este avance de los sectores progresistas no solo podría generar quiebres en el partido, sino también hipotecar sus posibilidades de recuperar las dos cámaras del Congreso en noviembre próximo, cuando se renueve el 100% de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Los republicanos llegan a esos comicios debilitados y con un presidente en su nivel más bajo de apoyo desde su regreso a la Casa Blanca. Por ello, pocos dudan de que los demócratas tomarán el control de la cámara baja. Distinto es el caso del Senado, donde la disputa es más estrecha. Los demócratas deben dar vuelta cuatro escaños para lograr el objetivo, algo que se hace más difícil -plantean algunos analistas- presentando candidatos progresistas en estados pendulares como Michigan, donde el voto independiente es clave.
Pero más allá de los riesgos electorales que podrían plantear para los demócratas los candidatos progresistas, la situación también evidencia la creciente polarización que viene experimentando el sistema político estadounidense. Frente a la apuesta populista y soberanista del Partido Republicano de la mano de Donald Trump, que recogió el descontento de una parte importante de la sociedad estadounidense, un creciente sector del Partido Demócrata busca responder con una receta populista y estatista, convencido de que ese es el camino para reconectar con aquel votante de clase media trabajadora del medio oeste que lo abandonó. Pero esa opción no solo está lejos de asegurar el éxito, como sugieren experiencias similares en otras latitudes, sino que previsiblemente acabará ahondando la grieta que divide a la sociedad estadounidense.
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