El exitoso viaje de León XIV a Francia
La masiva recepción que recibió el Papa en un país tradicionalmente secular, confirma el renovado interés de los franceses en la religión y el hecho de que el Pontífice se esté alzando como una figura contrapuesta a la de líderes disruptivos.

El fervor que generó la reciente visita del Papa León XIV a Francia sorprendió en un país que ha hecho de la laicidad uno de los ejes de su identidad cultural y que por décadas ha sido visto como uno de los más secularizados de Europa. Más de la mitad de la población no profesa ninguna religión, y si bien sigue siendo mayoritariamente católica, solo un 29% de los franceses se declara como tal, lejos del 70% de hace cincuenta años. A ello se suma que menos de un 5% concurre semanalmente a misa. Pese a ello, la masividad con que la población recibió al Pontífice superó todas las expectativas y cerca de 800 mil personas se congregaron en la misa principal en París, superando ampliamente las 300 mil que reunió Juan Pablo II en su primera visita al país en 1980.
Lo sucedido durante el viaje, que además de París incluyó Lourdes y Metz, no se entiende solo por el interés en ver por primera vez a un Papa que lleva poco más de un año como líder de la Iglesia Católica y es el primer estadounidense en ocupar el cargo, sino por factores más de fondo, que explican además el momento que está atravesando Francia y Europa. El primero es el renovado interés que ha experimentado la religión católica en el país en los últimos años, y que registró un giro importante tras la pandemia. Según datos de la Conferencia Episcopal de Francia, en los últimos cinco años el número de bautizados ha venido creciendo sostenidamente, y en lo que va de este año 21 mil adultos y adolescentes recibieron este sacramento, cinco veces más que en 2021.
En un mundo incierto donde, además, las redes sociales han aumentado en muchos casos el aislamiento y la soledad, los jóvenes parecen estar viendo en la religión un espacio de comunidad y un sentido de propósito que habían perdido. Una realidad que se cruza con la revalorización de la identidad cultural europea y con los valores que la definen y que el Papa se preocupó de resaltar, en especial en su mensaje final en Metz, cuna de Robert Schuman, uno de los padres fundadores del proyecto de unidad europea. “Europa”, dijo León XIV, “es un continente en el que se prefiere el diálogo a la lucha armada” y que “se basa en el respeto al derecho internacional que, a diferencia de las legislaciones nacionales, no puede ser impuesto a la fuerza por un estado”.
Lo anterior remite al tercer factor que ayuda a entender el fervor que despertó el Papa, cual es el hecho de que León XIV se haya alzado, en el actual escenario mundial, como una voz que se contrapone al discurso disruptivo de líderes como el actual presidente de Estados Unidos. Si bien el propio Pontífice ha insistido que no es un político y no busca entrar en debate con Donald Trump, en la práctica muchas de sus palabras se leen en esos términos, como cuando, por ejemplo, defiende el multilateralismo y denuncia un mundo donde prima “la voluntad de dominación” y “se presume más bien la mentira y el engaño”. O cuando insiste en que la amenaza que representa la IA “no es un engaño”, como ha dicho Trump. Un mensaje que, además, encuentra especial acogida en un país que ha tenido una histórica rivalidad cultural con Estados Unidos.
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