Educación

Formación de ingenieros para los desafíos del futuro

José Rodríguez y Cristián de la Maza, Centro de Transición Energética de la Universidad San Sebastián.

El escenario de la industria y el mercado que recibirá a los futuros profesionales ya no será el esperado para el cual se formaron las generaciones hoy en ejercicio.

La transición energética, cuyos objetivos el país ha fijado en instrumentos como la Ruta Energética 2026-2030, coincide con la automatización de procesos, la manufactura avanzada, las opciones que abren las herramientas de inteligencia artificial y las exigencias de adaptación para lograr mayor resiliencia climática. Se trata de transformaciones que ya modifican el trabajo de la ingeniería y que se intensificarán en los próximos años, lo que afecta directamente a quienes están iniciando hoy su formación profesional.

Pareciera que las nuevas tecnologías están reemplazando a las personas en muchas áreas, automatizando procesos establecidos y procesando grandes volúmenes de información en tiempos que superan las capacidades humanas. Pero ello releva aún más el rol del ingeniero civil en el diseño y conducción de estos sistemas. Le corresponde definir e identificar los problemas a resolver, innovar, modelar sistemas y decidir sobre la base de evidencia, aunque bajo incertidumbre, estableciendo criterios de riesgo, eficacia y eficiencia. A ello se suma una capacidad no delegable en máquinas: definir objetivos adecuados y liderar proyectos y equipos humanos orientados a alcanzar estas metas bajo presión de tiempo y costos.

El siglo XXI ha sido denominado el siglo de la electricidad, con avances relevantes en generación desde fuentes renovables, electrificación industrial y del transporte, y mejoras en los procesos de transmisión, distribución y gestión de redes. En ese escenario, Chile dispone de recursos naturales críticos para la transición energética y para la transformación productiva derivada de las nuevas tecnologías. Si bien muchas de esas tecnologías pueden adquirirse en el mercado mundial, la capacidad de concebirlas, diseñarlas, evaluarlas, integrarlas y operarlas en forma segura y eficiente constituye una competencia esencial de los futuros ingenieros civiles, en particular en las áreas de electricidad, mecánica y robótica.

La buena formación de los futuros profesionales no reside solo en el trabajo de aula. Requiere además profesores situados en la primera línea de la investigación y una vinculación permanente con la industria. De esa combinación surgen, desde la academia, soluciones con distintos grados de madurez tecnológica, en las que participan docentes, alumnos de pregrado y profesionales de posgrado. Ello se logra mediante centros de investigación avanzada integrados a las facultades de ingeniería.

En sintonía con esa necesidad de integrar aulas, investigación e industria, la Universidad San Sebastián abrirá en 2027 las carreras de Ingeniería Civil Eléctrica e Ingeniería Civil Mecánica, simultáneamente en Santiago y Concepción. Esta formación nace articulada con nuestro Centro de Transición Energética USS, lo que asegura la exposición de los estudiantes a la investigación avanzada, a proyectos con la industria y a la vinculación internacional. Se trata de un avance concreto para ofrecer a las nuevas generaciones la oportunidad de formarse desde hoy para los desafíos de ingeniería que marcarán las próximas décadas.

*José Rodríguez y Cristián de la Maza, Centro de Transición Energética de la Universidad San Sebastián.

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