Educación

Fue jefe de Un Techo para Chile: el sacerdote e ingeniero comercial al mando de la U. Alberto Hurtado

El rector de la UAH, Cristián del Campo SJ, analiza los desafíos que vive la educación. “La universidad está llamada a ser un espacio que devuelva la esperanza a los jóvenes”, y agrega que las instituciones de educación superior “no solo deben asegurar un buen empleo, sino que también formar para ser ciudadanos que defiendan la democracia, los derechos humanos y terminar con las exclusiones que siguen presentes en nuestra sociedad”.

Cristián del Campo SJ, rector de la U. Alberto Hurtado.

El ingeniero comercial y teólogo de la Universidad Católica, MBA del Boston College, Cristián del Campo, asumió la rectoría de la Universidad Alberto Hurtado (UAH) en marzo de 2024, cuando su institución atravesaba por un complejo momento financiero que ya está quedando en el pasado, gracias a un proceso de ajuste y sostenibilidad.

Es que el sacerdote jesuita sabe de números y de gestión de instituciones complejas. Antes de asumir como máxima autoridad de la UAH, dirigió Un Techo para Chile, Techo Internacional y el Servicio Jesuita Migrante, además de ejercer como provincial de la Compañía de Jesús, el cargo más importante de esta congregación en el país.

Hoy, la UAH se apronta a cumplir tres décadas con una acreditación avanzada de cinco años, un proyecto académico marcado por la vocación pública, social, vinculada a las humanidades, las ciencias sociales, la educación, la economía y el derecho, aunque en los últimos años ha ampliado su oferta formativa hacia el área de la ingeniería. El próximo año se titula la primera generación de ingenieros.

“Estamos en una etapa de mirar hacia adelante, hacia el futuro y tratar de imprimirle a la universidad una visión que, por una parte, recoja lo que ha sido su tradición, muy fundada en la humanidad, las ciencias sociales, la educación, hacia una que, manteniendo eso, se abre a un mundo donde las tecnologías están irrumpiendo con nueva fuerza, y eso evidentemente impacta el proyecto universitario desde múltiples perspectivas”, afirma el rector que a mediados de julio fue elegido como miembro del Comité Ejecutivo del Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH).

¿Por qué las humanidades y las ciencias sociales siguen siendo necesarias en este contexto tan tecnológico, donde priman la eficiencia y el resultado?

Las humanidades han sido cultivadas desde el inicio de nuestras civilizaciones y eso tiene que ver con preguntas muy de fondo que a veces pasamos por alto. ¿Para qué?, ¿cuál es el sentido?, ¿hacia dónde vamos?, ¿hacia dónde va el ser humano? Si esas preguntas no están, nos podemos perder en el camino y salir muy trasquilados como humanidad. Entonces, la reflexión de las humanidades, que a veces suelen ser catalogadas como poco productivas, poco eficientes, poco medibles, la verdad es que sí son medibles y tienen un impacto fundamental si es que no nos queremos perder en el camino.

Hoy el Estado prioriza recursos a las universidades para obtener resultados que generen desarrollo, riqueza y empleo. Y las humanidades hablan “otro idioma” y se le quitan recursos.

Es una discusión bien interesante, en la cual nosotros como universidad, y los miembros del Consejo de Rectoras y Rectores, hemos tenido una postura bastante unánime, en el sentido de que pretender un desarrollo sostenible en el tiempo para nuestra sociedad, desfinanciando o despriorizando las humanidades y las ciencias sociales, lo consideramos un error. Porque los problemas que hoy enfrentamos, los desafíos son muy complejos; y pretender que esos desafíos se van a canalizar solo desde algunas disciplinas que uno podría llamar más técnicas, me parece que es una lectura un poco miope. Entonces, respecto de la discusión que se ha dado por las áreas de priorización y algunas otras medidas, como el financiamiento de los Fondecyt de postdoctorado, nosotros nos hemos puesto más bien firmes, porque esa es la base científica del país y esa base tiene que estar abierta para que aquello que promovamos, elijamos y financiemos, sean investigaciones de altísima calidad, independiente de su área de disciplina.

Cristián del Campo SJ, rector de la U. Alberto Hurtado. PEDRO RODRIGUEZ

Estamos en un momento que es bien desafiante para los jóvenes, hay incertidumbre laboral y problemas de salud mental entre los jóvenes que obtienen un título profesional. ¿Qué papel cumple la universidad frente a este problema de empleabilidad?

La primera respuesta es cómo logramos que nuestros estudiantes aseguren buenos niveles de empleabilidad y eso me parece que es básico, especialmente para jóvenes que estudian con gratuidad, que en nuestro caso corresponde al 70%, que vienen de sectores más vulnerables y un buen empleo puede cambiar sus trayectorias y movilidad social. Eso es lo básico. Pero lo segundo, a propósito de la salud mental y tantas otras cosas, creo que la universidad está llamada a ser un espacio que devuelva la esperanza a los jóvenes, que los ayuda a mirar que este mundo, que tiene todos estos problemas y que presenta todas estas incertidumbres. El cambio climático, la falta de empleo o cuál va a ser el lugar de nuestra profesión, si la inteligencia artificial se sigue desarrollando como tal; o cómo afectan las guerras. Hay mucha gente que mira el futuro con mucha incertidumbre y con miedo, quizás por ahí hay algo que pueda explicar la baja de la tasa de natalidad también, que es un tema en sí mismo. Por eso, las universidades están llamadas a devolver la esperanza. El Papa León escribió un documento muy bueno sobre educación católica que se llama “Diseñar nuevos mapas de esperanza”. Y nosotros estamos llamados no solo a asegurarles un buen empleo, sino formarlos para ser ciudadanos, porque vale la pena defender la democracia, los derechos humanos y terminar con las exclusiones que siguen presentes en nuestra sociedad.

¿Y el sistema universitario como tal está en esa misma línea o cree que la Universidad de Alberto Hurtado es más bien una excepción?

Hay muchas universidades que hacen un enorme trabajo. Yo creo que el compromiso de las universidades, de muchísimas universidades, por recibir estudiantes de distintas procedencias, distintas realidades socioeconómicas; o universidades regionales que reciben una cantidad enorme de estudiantes de zonas rurales, aisladas, desconectadas, hacen una labor tremenda. Pero también creo que el sistema universitario hoy tiene un sistema de acreditación que está muy pendiente de mirar no solo aquellas cosas que uno podría decir más duras académicamente, sino también de visualizar cómo la universidad cumple una labor más integral, que también tiene que ver con la formación, con el vínculo con las comunidades a las cuales sirve.

“La IA debe ser una revolución que incluya y no excluya”

¿Cómo están abordando en su universidad la irrupción de la inteligencia artificial?

Estamos implementando una política de inteligencia artificial, una estrategia. Nos parece que este desarrollo tecnológico puede ser muy positivo, pero tiene que ser bien discernido. Porque utilizado acríticamente puede tener consecuencias perniciosas para el mismo proceso formativo que estamos intentando llevar a cabo con nuestros estudiantes. Por lo tanto, estamos llevando a cabo todo tipo de capacitaciones, investigaciones en términos de docencia, en investigación, en cómo el estudiante aprende.

¿Cómo recogen la encíclica del Papa León XIV Magnifica Humanitas en la que plantea que la inteligencia artificial debe estar al servicio de la dignidad humana?

Por una parte, no ponernos del lado de que todo esto es un drama del cual nos tenemos que defender, como lo dice el Papa. Pero tampoco de aceptarla simplemente, acríticamente. Hay que tener las habilidades para saber mirar críticamente la inteligencia artificial y los datos que recibimos de ella, los análisis que realiza esta herramienta. Porque esa inteligencia artificial se construye en base a ciertos modelos. Tenemos que ser capaces de mirar críticamente esos modelos, cuáles son los sesgos que tiene, y que se reproducen en sus respuestas. Este examen crítico es el que una universidad está llamada a realizar. Que no vaya esto contra el ser humano. Y eso el Papa lo dice desde múltiples maneras, como la imagen de Nehemías, que con la comunidad, cada uno con su bloque, van construyendo los muros de Jerusalem. El camino es cómo vamos edificando ese futuro tecnológico con la comunidad, para que la IA realmente sea una revolución que incluya y no excluya, que no profundice la desigualdad de acceso al conocimiento; y que en el camino examinemos críticamente cómo estas herramientas llegan a nosotros, cuáles son desde los gastos energéticos que producen, quiénes son los que están atrás etiquetando datos o juntando los minerales raros necesarios para producir los elementos que componen los chips, los servidores.

¿Cómo vislumbra al sistema universitario en los próximos 10 años? ¿Cuáles son los cambios fundamentales que deberá vivir?

La IA va a transformar todo lo que conocemos. Va a requerir adaptaciones en cómo se imparte docencia, en cómo los estudiantes aprenden, cómo se evalúa. Otro asunto importante es el tema demográfico. En unos años más, el número total de estudiantes que van a dar la PAES va a decaer. Y también vemos que el mercado laboral está requiriendo competencias nuevas, por lo que las universidades se van a ir moviendo hacia una formación continua en el tiempo.

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