El récord que batió el duelo entre Chile y Argentina

Messi ejecuta un lanzamiento ante la mirada de los hinchas (Foto: Reuters)

La Roja es protagonista de una marca en el fútbol mundial. Eso sí, la explicación parece ir por un lado ajeno a la presencia del combinado nacional.



En el Metlife Stadium se acerca el final del partido cuando se puede ver una cifra atractiva. Para Chile, claramente no es el marcador del encuentro, que le da la victoria a la escuadra transandina, aunque la superficie a la que hay que mirar es la misma: el tablero electrónico donde se lleva la cuenta de los goles y otros aspectos que permite la tecnología de punta con la que cuenta la pantalla.

La cifra es atractiva. Muestra que 81.106 espectadores han concurrido al recinto para observar la victoria del equipo de Lionel Scaloni sobre el de Ricardo Gareca. El dato aislado ya llama la atención.

La marca

En Europa también toman nota de la cifra, aunque más bien para establecer una comparación que, en este escenario, cobra relevancia histórica. La asistencia al choque entre la Roja y la Albiceleste supera el máximo de asistentes a un duelo por la Eurocopa, registrado en 1964, cuando casi 80 mil espectadores se dieron cita en el estadio Santiago Bernabéu, de Madrid, para observar la final de ese torneo, que disputaban España y Unión Soviética.

En todo caso, la comparación escapa a las cifras absolutas. Necesariamente, hay que considerar otros factores: el inicial es que la capacidad de los estadounidenses es, en general, mayor a la de los recintos europeos.

El público controlado en el duelo entre Chile y Argentina.
El público controlado en el duelo entre Chile y Argentina.

La segunda, en cambio, es la más importante: Argentina es el equipo en que juega Lionel Messi, la figura sobre la que los estadounidenses han construido todo para concentrar algo de atención en la Major League Soccer, una competencia que, en términos normales, no generaría un atractivo considerable. De hecho, ni la presencia de La Pulga la pone a la par de las ligas más tradicionales y hasta la millonaria apuesta árabe concita mayor atención.

Eso explica, por ejemplo, que la presencia del astro haya atraído a los estadios a muchos aficionados teóricamente neutrales, por sus procedencias, pero que no dudaron en reemplazar las camisetas de sus países de origen para estar a tono con el ambiente de veneración en torno al rosarino. De esa lógica no se escapa ni Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, quien, naturalmente, no puede vestir la Albiceleste, pero le dedicó un cercano saludo de cumpleaños al rosarino.

Pudieron ser más, pero...

Otra vertiente importante son, naturalmente, los hinchas argentinos que siguen a la Albiceleste con total propiedad. Ya el banderazo en Times Square, aunque estropeado magistralmente por hinchas chilenos que pagaron para exhibir una imagen de Alexis Sánchez sosteniendo la Copa América Centenario, había dado una señal potente.

La fanaticada auténticamente transandina está compuesta por una numerosa comunidad residente en el país norteamericano y por los no pocos que viajaron para presenciar lo que puede ser una de las últimas hazañas del rosarino en la alta competencia. La cifra puede crecer de cara a los partidos decisivos del certamen. Y ni hablar frente a una eventual final. El número pudo ser incluso mayor, de no mediar la lista de 12 mil barristas que tenían las puertas cerradas por sus antecedentes de violencia en los recintos deportivos.

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