La dulce condena de los Rodríguez

Leo y Thomas comparten en una cafeteria.

Están destinados al éxito. Leo brilló en la U, en Europa y fue campeón de América con la selección argentina. Su hijo Thomas lo mira con admiración e intenta emularlo. Eso sí, eligió Chile y ya es parte del horizonte de Rueda mientras destaca en La Calera.




Leonardo y Thomas Rodríguez hablan el uno del otro con una complicidad que más se parece a la de dos amigos. El volante de Unión La Calera, de 24 años, se refiere a su interlocutor, en la charla por Zoom que organiza La Tercera, como Leo, el apodo que siempre acompañó al ex volante de Argentina y de Universidad de Chile, quien en agosto le sacó treinta años de diferencia.

El ex volante azul y de la Albiceleste campeona de América en 1991 es, naturalmente, uno de los ídolos de Thomy, el mediocampista cementero, quien alcanzó a participar en el último microciclo de la Selección. Y se acostumbró a decirle así al padre porque se lo escuchaba a todo el mundo. A Leo no le incomoda, en lo absoluto. Con esa misma fluidez irán dialogando. Surgirán expresiones familiares, sin la necesidad de intervenciones externas. Cada uno está orgulloso del otro. De sus logros y de sus progresos. El vástago admira a su progenitor. El jefe de familia ve en él a su proyección. Pero sin presiones, dice.

Leo Rodríguez (LR): Tenemos una relación divertida. Estamos muy conectados. Hablamos mucho de fútbol porque más allá de que es nuestro trabajo, es nuestra pasión. Pero también hablamos de cómo está Argentina, de cómo está Chile. De nuestros futuros. Thomas termina contrato en diciembre y también hablamos de eso, de qué será de su carrera. Tenemos muchas charlas. En nuestra familia no somos tantos. Tengo una hermana que tiene dos hijas. Yo tengo a Thomas e Ivo. Tenemos una relación de mucha complicidad.

Thomas Rodríguez (TR): Le digo Leo porque desde muy chico en el estadio todos hablaban de Leo. A mi madre también le digo Gaby. Los he llamado siempre por el nombre. Esa costumbre se la pegué a mi hermano. Conversamos casi siempre de fútbol. Hablamos muchas veces por día. Mis compañeros me ‘cargan’ por eso. (Felipe) Seymour, con quien nos vamos y volvemos de las prácticas, siempre me pregunta en la mañana: “¿Cuántas veces ya te llamó Leo? ¿Siete u ocho?”. Nos une el amor por esta profesión que él tantos años ejerció. Leo siempre intentaba sacar siempre lo positivo. No es un padre-técnico. No me gritaba ‘para la derecha, para la izquierda’. Era todo lo contrario. Lo hemos hablado alguna vez. Vemos padres que hacen esas cosas y consideramos que ese no es el camino. Cuando estaba en la U era el ídolo, todos querían una foto con él, pero en otros países como Italia o Portugal, donde el futbolista sudamericano no es tan reconocido, era más tranquilo. Acá en Chile la primera pregunta de cualquier persona es cómo fue mi papá porque perteneció a una de las U más importantes, más ganadoras. Eso repercute.

LR: Lo he acompañado desde chiquitito. Siempre apoyándolo. Tuve la suerte de que encontré un excelentísimo profesional. Él le da 100% a su profesión. Mejora día a día fuera y dentro de la cancha. Trato de decirle lo bueno que es. Llegó a Chile y jugó grandes partidos con Paqui (Francisco Meneghini), con (Walter) Coyete, a un nivel muy alto. Por eso lo citan a un microciclo, que es algo muy importante. Cuando le tengo que decir algo, es por alguna cosa que pude ver en el partido. Es una persona muy madura. Es muy moderno, muy dinámico, corre, defiende, deja todo. Cuando un futbolista tiene el comportamiento de Thomas se le puede corregir diciéndole “mejor que de rabona, pégale de zurda”. Pero no hay mucho que decirle. Tiene una personalidad más fuerte que la mía. Mentalmente se sobrepone y mejora. Desarrolló esa personalidad. Jugó en River, en Vélez. Después, cuando jugó en Banfield, había competencia. Está formado con carácter. Somos distintos futbolísticamente. Es como Simeone mediocampista y el hijo (Giovanni) delantero. Somos tan diferentes que la comparación no es válida. Es como comparar a Higuaín con el hijo, nada que ver. Yo hacía cosas que él no es capaz de hacer, y él hace cosas que yo no fui capaz de hacer. El que entiende de fútbol no nos compara.

TR: Leo fue un jugador muy marcado, el típico 10. Tenía muy buen juego de espaldas. Giraba y asistía. Eso no lo puedo hacer, porque me siento más cómodo por las bandas. Me gusta más la derecha. Si hubiésemos jugado juntos nos hubiésemos potenciado. Un jugador de las características de Leo potencia a los jugadores de mis condiciones. Nunca probé ser 10. Desde chico era rápido, potente y me gustaba encarar. De 10 tienes poco tiempo: debes girar y filtrar. A mí me gusta el uno contra uno, centrar, encarar, correr al espacio.

LR: Thomas tiene algo que yo no tenía. Yo estaba los 90′ pensando en moverme, girar y asistir a algún compañero. En encarar, pegarle al arco de media distancia. No tenía en mi cabeza recuperar la pelota mucho más atrás de la mitad de la cancha. Thomas tiene un ida y vuelta que yo no. Yo tenía una visión de gol, un último pase filtrado mejor que el suyo. Él tiene un retroceso a su sector, recupera, agrede. Y después sale a 300 kilómetros por hora. Yo era un futbolista más sudamericano, el 10 clásico, el de la pelota parada. Thomas es un jugador más europeo, que ataca y defiende en todo el momento. Yo esa parte no la tenía. Y la rabona de Thomas tampoco la tengo.

TR: No sé si soy más europeo. Son épocas diferentes. Quizás en la época de hoy, Leo hubiese sido más interno. El fútbol va cambiando y uno se tiene que adaptar. Los mejores jugadores que miro, como Sterling, tienen una cantidad de metros recorridos para atrás muy grande. Si lo hacen los mejores, uno lo tiene que hacer. Me gusta atacar, pero un lateral debe ser capaz de cubrir todo.

LR: De Thomas me gustaría tener su personalidad. Juega bien en las difíciles. Cuando hay obstáculos juega mejor que estando relajado. Me gustaría tener su dinámica, pero así no podría haber jugado de enganche. Tiene varias cosas que yo no tenía. De su futuro no me preocupa nada. Seguramente tendrá la oportunidad de seguir en La Calera. Y ya hay equipos que lo quieren. Ya conversamos con Thomas de que ese tema lo hablaremos en diciembre. Se vienen muchos desafíos. Soy de los que creen que los futbolistas tienen que hacer una carrera. No me gustan los que la rompen y en seis meses no sabes dónde están. Me gustan los que están doce o trece años en un determinado nivel. Logrando eso, duermes tranquilo.

TR: Si uno piensa siempre en lo que viene, no disfruta. Hoy en La Calera soy muy feliz, por el club y por los resultados que hemos tendido. Hemos enfrentado a rivales importantes, con campañas históricas. Tenemos un plantel muy bueno, de muy buena relación. Intento disfrutar, porque no sé si en diciembre sigo yo o muchos de mis compañeros. Ahora tenemos Copa Sudamericana. Estamos muy motivados con volver a hacer algo como lo que hicimos en el Maracaná. Trabajo siempre al cien por ciento. Es una manera de vivir el fútbol, porque esa es la manera de conseguir futuras citaciones a la Selección. Me encantaría volver. Esos tres días fueron inolvidables.

LR: A mí me puso muy contento el llamado de Thomy al microciclo. Había tenido una convocatoria a la Sub 20 o Sub 17, que Thomas me corrija, cuando estaba Borghi en la Selección y Fernando Carvallo y Roberto Hernández en las series juveniles. Ahí no tenía los papeles en línea. También fue convocado a la Sub 17 de Argentina. Cuando se fue a Italia, me dijo que quería tener los papeles en orden en Chile porque en algún momento podía jugar en Chile y no quería ocupar cupo de extranjero. Y sabía que si destacaba podía ser llamado a la Selección. Se fue dando. Estando en Italia, fue a Milán, pidió la documentación. Esto es el premio a un sacrificio que hizo de dejar el fútbol italiano, de ir al fútbol argentino y preferir el chileno. Si alguna vez Thomas juega contra Argentina, quiero que le haga cinco goles. Uno pone al hijo por encima de cualquier otro sentimiento. Si le tiene que clavar goles, que se los clave y los gritamos.

TR: Ya llevo tres años en Chile, tengo muchos amigos acá. Viví los primeros años acá y después me fui con Leo. Uno se va robando palabras. Pasa al revés también. A (Fernando) Cordero, que jugó en Argentina, se le sale el ‘boludo’ a cada rato. El microciclo me puso muy contento. La decisión de volver a Chile y no a Argentina fue acertada. Estoy muy feliz porque es un equipo que crece mucho en resultados, en infraestructura, en todo.

Leonardo Rodríguez junto a su hijo, Thomas, en uno de los tantos duelos defendiendo a Universidad de Chile.

El ‘no’ a Colo Colo

LR: La respuesta es complicada porque si vos decís que nunca jugaría en Colo Colo, la gente de Colo Colo le cae encima. Nosotros, por una cuestión natural, y lo decimos con mucho respeto porque Colo Colo es un club muy grande, tenemos ciertas identificaciones. Y es muy complicado pasar de un equipo a otro. Es difícil jugar en River y en Boca, por ejemplo. En el fútbol chileno hay dos equipos populares que son la U y Colo Colo. Católica no es popular. Es un equipo muy grande y muy importante que ha crecido mucho, pero no es popular y los números lo demuestran. Thomas, por todo lo que logré en la U, es de la U. Hay miles de fotos de Thomas dando vueltas olímpicas en mis brazos, corriendo por el Nacional. Esa es la realidad. Por una cuestión de respeto al hincha de la U y Colo Colo, no va. Es por sentido común, no por rechazar a Colo Colo, es por respeto al hincha de la U y al de Colo Colo.

TR: Esa pregunta me la han hecho, la respondo bien y queda el título como que ‘nunca jugaría en Colo Colo’. Y no lo digo con la idea de faltar el respeto, sin que con el mayor de los respetos. No hay ningún problema con la gente de Colo Colo, pero yo arrastro de muy chico una identificación con la U, por Leo.

Leonardo y Thomas sonríen para la fotografía.

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