La historia de Donovan y Favian Loyola, los hermanos nacidos en Estados Unidos que sigue la Roja

Donovan Loyola, en un amistoso de la UC frente a Deportes Recoleta. Foto: gentileza Raúl González.

Ambos son apoyados por Raúl y Mark González, quienes ven en su historia el reflejo de su vida en Sudáfrica. El mayor de los futbolistas juega en el equipo juvenil de Universidad Católica, mientras que el menor defiende a Orlando City. Ambos son hijos de padre de chileno y madre italiana.


Hace más de 35 años, los hermanos Mark y Raúl González crecían en Sudáfrica. Ambos hijos de Raúl González, un futbolista de destacada trayectoria, con pasos por Santiago Wanderers, Palestino y la selección chilena, quien luego desarrolló su carrera en diversos equipos de ese lejano país. Sus dos hijos varones heredarían el talento para el balón, aunque solo Mark llegaría a lo más alto. Raúl terminaría dedicándose a la actuación, participando en diversas producciones. Sin embargo, siguió involucrado al fútbol de una manera bastante particular.

El actor decidió entrar al mundo de la representación, haciéndose cargo de guiar a dos promisorios talentos, los hermanos Donovan (18) y Favian Loyola (16). Ambos nacidos en Estados Unidos, hijos de padre chileno y madre italiana. El mayor de los hermanos hoy es parte del equipo juvenil de Universidad Católica, donde se desempeña como lateral derecho, aunque también puede jugar como volante mixto. Mientras que el menor es zurdo y juega de volante creativo en Orlando City.

”Vengo de una familia de tradición futbolística, partiendo por mi hermano Mark; mi padre, Raúl González; y mis tíos abuelos, Carlos y Reinaldo Hoffmann, respectivamente. Pertenezco y conozco los procesos por los que pasa un deportista y su entorno. Es por esto que en 2014 decidí gestionar y asesorar carreras deportivas, proporcionando herramientas deportivas claves para orientar al futbolista y su entorno a ordenar sus objetivos en el deporte y, mediante ellas, prepararse para los distintos desafíos que se le van presentando. Vi cómo muchos chicos se perdían en el camino tratando de ser futbolistas por falta de orientación, oportunidades, desconocimiento, malas decisiones, problemas familiares, apoyo, etcétera. Fue en este contexto que conocí a la familia Loyola Viola en el año 2016.”, explica Raúl.

La familia Loyola Viola y Raúl González, en una visita a San Carlos de Apoquindo en 2016.

Jonathan Loyola, el padre de los jugadores, lo contactó desde Estados Unidos tras encontrarlo por internet, después de haber gestionado una prueba masiva para el área de captación de Universidad Católica, en el sur de Chile. “Luego de entrevistarme, les expliqué mi forma de trabajar y comencé a gestionar y sugerir posibilidades para la familia, lo cual culminó con una prueba para Donovan y Favian en sus respectivas categorías, precisamente en Universidad Católica”, agrega.

El intérprete confiesa que le generó un sentimiento muy especial el haber conocido a estas dos promesas. “El día que los conocí tuve una sensación difícil de explicar, un sentimiento especial, ya que me vi reflejado en ellos, Donovan tenía 13 años; Favian, 11; su hermana Faith, 4. Es exactamente la misma edad que tenían mi hermana Vanessa, mi hermano Mark y yo cuando llegamos de Sudáfrica. Además hablaban inglés, muy poco español, y venían de un país extranjero igual que nosotros”, recuerda. Y añade: “La pierna hábil de Donovan es la derecha, igual que la mía. Favian es zurdo, como mi hermano, y las personalidades de cada uno son muy parecidas a las nuestras. Simplemente sentí que la vida me estaba dando una señal, de poner todo mi conocimiento, contactos, redes y experiencia en pos de este proyecto”.

Los hermanos también sienten algo parecido. “Mark y Raúl son una gran parte de lo que mi hermano y yo proyectamos. Han sido una bendición para nuestro viaje futbolístico. Mark es una inspiración por todos sus logros. Eso me impulsa a alcanzar los mismos logros y a saber que nada es imposible. Por otro lado, Raúl siempre ha estado ahí para mí. Desde que llegué a Chile me ha apoyado. Es mi mentor para el fútbol y en la vida en general. Cuando los miro es como mirarnos a mi hermano y a mí en un espejo de nuestro futuro”, sostiene Favian.

Los hermanos González y los hermanos Loyola, compartiendo hace algunos años.

“El hecho de que hayan vivido casi todo lo que vivimos mi hermano y yo, es la razón por la que nos relacionamos tanto con ellos. Es mucho más que fútbol. Saben lo que se necesita para pasar al siguiente nivel y han hecho todo lo posible para guiarnos a mí y a mi hermano a ser los mejores jugadores dentro y fuera de la cancha”, complementa Donovan.

El origen de la historia

Jonathan Loyola ha vivido más de la mitad de su vida en Estados Unidos, donde echo raíces. “Llegué a en 1994, a los 10 Años. Mi mamá y padrastro se vinieron a trabajar. A los 17 años, conocí a la madre de mis hijos, También me inscribí en la Marina estadounidense. En 2004, me tocó ir a Irak, cuando Donovan tenía un año. Cuando volví de Irak, Marzia quedó embarazada de Favian”, relata el padre de los fútbolistas.

Como la sangre tira, la familia se radicó en Chile, pero luego terminaron regresando. No obstante, fue ahí donde se profundizó el amor por el fútbol. “En 2016 decidí volver a mi país. Nos asentamos tranquilamente y luego de un tiempo los chicos quisieron practicar este deporte en un club profesional. Además, por el hecho de ser chilenos, todo fue más fácil. De ese modo pudieron conocer el sacrificio de un futbolista, la mentalidad y la técnica que existe en Sudamérica, ya que existe un hambre diferente a la que hay en Estados Unidos”, explica, para luego decir cómo imagina el futuro de sus retoños: “Yo veo a mis hijos como exitosos profesionales de fútbol. Han aprendido mucho y saben lo que se necesita para llegar a ser un buen profesional”.

Favian Loyola, en un partido de Orlando City.

Entre la Roja, Estados Unidos e Italia

El buen desempeño de los hermanos Loyola llamó la atención en Chile. “Un scout de la selección adulta me contactó para conocer a Donovan y Favian como jugadores extranjeros con nacionalidad chilena. Sí han sido llamados por la Federación de Fútbol de Estados Unidos para participar en un microciclo”, comenta Jonathan.

Para Donovan, jugar en la Roja es un objetivo, más ahora que representa a la UC. “Mi papá es chileno y mi mamá, italiana, pero crecí viendo jugar a la selección de Chile toda mi vida. Una parte de mí siempre quiso experimentar jugar en el fútbol chileno. Cuando tuve la oportunidad de jugar aquí, supe que mi estilo de juego podría ser atractivo en Chile”, señala. “Disfruté la experiencia de jugar con la selección de Estados Unidos en divisiones inferiores, pero mi corazón siempre ha estado con Chile. Sería un honor vestir la camiseta de la Selección”, enfatiza.

Donovan Loyola y Edson Puch, en un entrenamiento del primer equipo. Foto: Cruzados.

Favian, en tanto, aún no toma una decisión. “No he elegido un país en particular para representar. En este momento, solo estoy concentrado en jugar para mi club y llegar a ser profesional. También existe la posibilidad de jugar por Italia. Así que veremos”, dice, aunque reconoce que lo vivido en el país fue enriquecedor. “Mi experiencia en Chile fue muy buena. Las dos veces que fui a Universidad Católica lo hice bastante bien. El estilo de juego allí es completamente diferente en términos de intensidad, hambre y técnicamente, y realmente valoro el estilo de juego en Chile o Europa”, sostiene.

El menor de los hermanos se define como “un jugador de mentalidad muy ofensiva”. “Soy muy creativo y efectivo cuando recibo el balón y mi mayor atributo es el regate”, afirma, razones por las cuáles fue citado a un campamento de la federación estadounidense. “Fue una gran experiencia jugar con varios de los mejores jugadores del país y asistir al centro de entrenamiento y, por supuesto, es un honor participar en eventos como este”, cuenta.

Quien sí regresó al país fue Donovan, convirtiéndose en buena figura de la UC. Incluso, esto le ha valido la posibilidad de entrenar algunos días en el primer equipo cruzado. Eso sí, antes debió esperar tiempo hasta que volviera el torneo del fútbol joven. Esa espera no fue fácil para el lateral. “Si soy honesto, ha sido difícil adaptarme a un nuevo país sin mi familia. Sin embargo, también he aprendido y he madurado mucho hasta ahora, dentro y fuera de la cancha”, admite.

En la cancha, se define como “un jugador muy técnico, con buen toque, buena visión y pases. Tranquilo con el balón, además de buen defensor”. Y añade: “También me gusta encarar a los jugadores en el ataque”. Hoy cuenta con todas las armas para convertirse en un futuro recambio en una posición que nunca es fácil renovar.

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