Rodrigo Goldberg, director deportivo de la U: "Este trabajo me ha hecho llorar de rabia"

RODRIGO GOLDBERG

Foto: Richard Ulloa

Tras cinco meses como dirigente, Polaco no elude su responsabilidad en el momento del cuadro laico. Cree fervientemente que salvan la categoría y promete un futuro extremadamente azul.




A sus 48 años, Rodrigo Goldberg está de vuelta en la que considera su segunda casa, aunque a ratos también ha sido la primera. Pasa que el Polaco hizo sus inferiores en el cuadro azul y fue parte de los planteles que en 1994 y 1995 conquistaron las ligas chilenas y que para la U significó cortar 25 años de sinsabores. Hoy, el exdelantero tiene el desafío de aportar como director deportivo para que el equipo no pierda la categoría.

¿Llega en micro al CDA?

Cuatro de cinco días ando en locomoción colectiva. Lo vengo haciendo hace mucho tiempo. Me genera curiosidad que sea tema; la mayoría se transporta en micro o metro.

Se lo pregunto porque seguramente tiene más contacto con el hincha…

Pero hace tiempo, porque la decisión de bajarme del auto ya tiene dos años, por dos razones: de beneficio mental, porque me estresa y me carga manejar. Y aparte considero que vivimos en una ciudad saturada y contaminada. Todos tenemos que colaborar. Y subirme a la micro o el metro me ha dado tiempo para volver a leer. También para escuchar música. Y claro, a veces converso con alguien, hincha de la U u otro equipo. Ha sido siempre con respeto. Jamás un problema.

¿Usted y Sergio Vargas hipotecan su condición de ídolos o referentes al asumir este cargo?

Sergio es ídolo. A mí la gente me reconoce como alguien identificado con el club, pero no me siento ni referente ni ídolo. Y no sé si se hipoteca, pero sí se pone en riesgo. Es lógico. Porque en el fondo ahora los dos somos dirigentes, la gente lo dice. Te pasas a ese lado. Es el riesgo que uno corre y no le tengo temor. Y en mi caso, el beneficio de volver era infinitamente más grande que el riesgo.

¿Qué pensó que podía aportar?

Trabajé más de diez años en medios de comunicación y fui durante mucho tiempo apoderado de mi hijo, que jugaba en las inferiores. Y siempre, desde afuera, como comentarista, como papá, como exjugador y como hincha, tenía una visión. Que obviamente era muy parcial, no estaba adentro. Y le decía a mi señora: "Me encantaría que la U fuera así y asá. Me encantaría que pudiéramos ir por este camino". Y esas cosas las escribía en un cuaderno. Y en un minuto pude compartirlo, y ahí me llaman. No me lo esperaba. Fue una cuestión muy rápida. Me demoré menos de diez segundos en decir que sí. Era algo que había ideado en mi mente, pero jamás pensé que iba a pasar. Es bueno saber que tras tantos años que jugué acá, de nuevo puedo hacer algo por la U.

¿Chocan dos directores deportivos?

Con Sergio nos juntamos cuando ya estábamos decididos a llegar y empezamos a trabajar ciertas aristas del proyecto. En ese minuto nos dimos cuenta de que cada uno tenía su experticia y su lado mejor desarrollado. Él desde el punto de vista técnico, al ser entrenador, y yo desde el de la gestión. Fue súper sencillo ponernos de acuerdo. Y hoy, si bien los dos opinamos de las dos aristas, claramente él tiene una preponderancia mayor en su área y yo en la mía. De manera muy natural hemos separado los roles en un mismo cargo. Y planificamos para que no se nos escape nada.

Son los expertos del directorio, ¿los oyen como tales?

Sí. De hecho cuando vine muchos amigos me decían "¿para qué vas si no te van a pescar?". Y la verdad es que fue todo lo contrario. Cuando se habla de fútbol obviamente todos opinan, pero en cuanto a las opiniones técnicas, nos escuchan. Pero porque yo no voy al directorio y presento algo porque me tincó. Nosotros vamos y lo exponemos con argumentos, con números, que no parezca una decisión visceral, como un tincómetro. Siempre hay algo medible. Siempre con parámetros que mostrar, que son objetivos, dentro de una actividad subjetiva. Pero sí, he sentido que se nos escucha.

Más allá del primer equipo, ¿qué otras cosas han hecho?

Lo primero, una reestructuración completa del fútbol formativo. En ese momento llegó Hernán y después por circunstancias tuvo que asumir en el primer equipo, pero el proyecto continúa con las mismas directrices y metodología. A partir de octubre implementaremos la capacitación integral al área formativa. La U siempre tuvo un convenio con la Universidad de Chile, en términos de becas y preuniversitarios. Y viendo mi experiencia y la de mi hijo, cuando llegas a los 17 años ya es muy tarde para intervenir si no llegas a ser futbolista. Ya te perdiste. Y con la universidad ya diseñamos ciertos talleres para niños de 13 o 14 años, los cuales van a ir intercalados con entrenamientos. Serán de educación cívica, sexual, legal, financiera. Y no solo para ellos, también para los papás. ¿Y para qué? Para que el día de mañana sepan qué es un contrato, qué lo rige, qué significa firmar con un representante. En el fondo es prepararlos mejor para que cuando tengan 17 o 18 años, en el caso de que no lleguen, queden mejor parados para una eventualidad.

¿Por qué tanto énfasis en eso?

Partimos por ahí porque el plan es que de aquí a tres años el 40% de nuestros jugadores sean provenientes del fútbol formativo. Necesitamos formarlos mejor y trabajar más en la promoción. Que sea un paso más natural y no tan forzado.

Estuvo en los medios... ¿qué le parecen ahora las críticas a la gestión?

Se entienden. Lo que pasa es que había un modelo de gestión y ya no existe. Cuando estás adentro y conoces los detalles, te das cuenta lo que significa tomar ciertas decisiones. Cuando llegamos propusimos una metodología de trabajo, de cómo se iban a tomar las decisiones. Entonces, no podría comparar la gestión de antes y sus críticas. Tiendo a suponer cómo trabajó Sabino, Ronald o Pablo Silva. Pero no lo sé certeramente. Por eso propusimos trabajar con cuestiones medibles, para ver qué tan lejos estamos de lo que planificamos. Y eso no es fácil, porque te puedes equivocar.

¿Le llegó el mensaje de Pinilla, ese de "hay uno que con el micrófono hablaba con una autoridad..."?

De Mauricio Pinilla no voy a hablar.

¿Carlos Heller tiene línea directa con usted o el directorio?

Me imagino que con José Luis (Navarrete) debe tener línea directa. Pero yo te podría mostrar mi WhatsApp y desde que hablé con él, en marzo, cuando me propuso venir a la U, no hablamos más. De hecho, con Sergio decidimos no hablarle si es que él no lo hace. Y no lo ha hecho.

¿Por qué lo deciden así?

Porque durante demasiado tiempo se dio esa línea directa donde Carlos solucionaba muchas cosas. Entonces todos partían para allá. Y creo que no era la manera correcta. Queremos evitar eso. Obviamente tenemos algunos comités donde está José Luis, que es el presidente. Y con él sí tenemos línea directa todos los días y una relación de mucha confianza, de decirnos las cosas, donde han salido peleas también. Lo mejor es no meter a Carlos, ¿para qué, si él mandató a los directores que estamos en este minuto? Y yo lo que más le pedí cuando llegué era autonomía de trabajo. Y la he tenido hasta hoy.

¿Ha sido su trabajo más difícil?

Sí, es por lejos el más demandante de todos. Pero es contradictorio, porque también es el más gratificante por lejos. Por un lado no lo considero un trabajo. Imagínate para mí lo que es venir para acá, ver el chuncho gigante en el edificio, entrar a mi oficina y que todo sea de la U. De verdad que eso no puede ser un trabajo. Tengo un compromiso emocional con la U, no es ni económico. No tengo horario de entrada ni de salida. ¿Es estresante? Sí. Este trabajo me ha hecho llorar de rabia. He llorado de pena. Pero trabajar acá es una cuestión que no lo puedo cuantificar. Yo le digo a mi señora que tengo el mejor trabajo del mundo. Trabajar en tu equipo, viajar con el plantel, llegar al estadio, bajarse del bus, volver a sentir esa adrenalina, es impagable. Todo eso minimiza cualquier costo que pueda tener el haber llegado acá.

¿Quedaron con sensación de miedo tras el ataque a Felipe de Pablo?

Quedó una sensación, no sé si de temor, sí de tristeza e impotencia. En el caso de Felipe, que lo vivió en carne propia, es sentirse violado. Que por hacer tu trabajo se llegue a esos niveles donde no puedes estar seguro ni en tu casa, es preocupante. Pero lo dijo José Luis: no nos van a amedrentar. Y en lo particular hago mi trabajo a conciencia, con un amor inmenso por la U. Me voy a dormir con las preocupaciones lógicas, pero con mi conciencia tranquila. No tengo por qué tener miedo. Si alguien me va a hacer algo, me va a pillar en el estadio, caminando, o donde sea. Ojalá que no pase ni conmigo ni con nadie. Pero lo cierto es que tenemos un plan y lo vamos a ejecutar.

¿Cómo hacen para lidiar con la etapa final de la carrera de un ídolo como Johnny Herrera?

Con Sergio fuimos bien prácticos y quisimos hacer memoria de nuestra experiencia como jugadores. Y lo más importante siempre es decirle la verdad al jugador. Nosotros asumimos el 22 de abril y el 24 nos juntamos a almorzar con él. Fue a la primera persona que llamamos. Y las conversaciones, algunas con tonos más altos que otras, han sido siempre de mucha honestidad. Extrema, me atrevería a decir. Pero siempre con la verdad por delante. ¿Cómo lidiar con una carrera así? Con la verdad. Hablar con eufemismos no es bueno ni para él ni para nosotros. Y en ese sentido, si bien hemos tenido desencuentros, es un tipo que está entrenando bien, que está súper dedicado, que está apoyando con todo. Porque en este minuto necesitamos de todos. Tenemos que estar todos metidos, porque la situación deportiva no es sencilla; no es sencillo ver dónde estamos.

Con esa honestidad que habla, ¿ya tienen decidido si renovarle?

La única renovación que estamos viendo es la de Rodrigo Echeverría, porque aparentemente había interés de algunos clubes por él. Entonces nos quisimos anticipar y estamos viendo la posibilidad de alargar su contrato. Ha sido el único caso. El resto… no sabemos aún qué va a pasar el próximo año.

¿Trajeron a Caputto para tirar de él como DT en algún momento?

Por mis hijos, te juro que no. De hecho, siempre dije que el gran poroto que nos íbamos a anotar era haber traído a Hernán a las divisiones inferiores. Pero en su minuto tuvimos que sopesar, ver las circunstancias y sobre todo evaluar algo que es intangible: las sensaciones del plantel. Hablamos mucho con los jugadores y nos dimos cuenta de que había un tema del mensaje anterior que no estaban tomando del todo bien. Yo mismo dije: "No, a Hernán no, dejémoslo tranquilo". Pero luego nos dice: "yo soy capaz de sacar a la U de ahí...". Y lo dijo con un convencimiento tal que me dejó para atrás. Él, desde el primer día, dijo "soy el entrenador de la U". Quedé impactado, vi la cara de los jugadores y decían "este hueón llegó y es como que llevara años, como diciendo 'quédense tranquilos, todos juntos vamos a sacar esto adelante'".

En diciembre te puedo contestar eso. Ahí vamos a saber si lo hicimos a tiempo o no. Tomamos las decisiones cuando correspondían y analizando todo lo que teníamos a mano. En ese momento creímos que lo mejor era no tocar al cuerpo técnico.

¿Cuánta responsabilidad tendría Goldberg en un descenso de la U?

No porque hayamos llegado después con Sergio vamos a salvarnos. Obviamente también vamos a tener nuestra cuota de responsabilidad. Y se lo dijimos al plantel el día que llegamos, que nos subíamos al buque todos juntos. No nos vamos a escudar en que el plantel no lo armamos nosotros, ni que las decisiones las tomaron otros. Estamos acá, somos la cara visible, somos los responsables y hay que asumir.

¿Se salvan?

Soy un convencido de que nos salvamos. Y que hay que aprender de las experiencias.

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