Rueda se enreda en sus propios pecados

REINALDO RUEDA

A cinco meses del inicio de las Eliminatorias, la Selección acumula dudas y bajos rendimientos. Y el técnico agrava la situación con medidas contradictorias que poco ayudan al equipo.




El cuarto lugar en la Copa América calmó en cierto punto a los críticos de Reinaldo Rueda que no esperaban mucho de la Selección en Brasil. Pese a que la Roja perdió más partidos de los que  ganó en el certamen, el hecho de haberse metido en semifinales supuso una mejora a lo que venía mostrando el equipo en los amistosos de preparación y un balón de oxígeno para el colombiano, quien hasta había recibido disparos del propio presidente de la ANFP. El partido de cuartos de final ante Colombia quizás fue el mejor recuerdo que dejó el combinado nacional y que hizo ilusionar a muchos de que finalmente el cafetalero le había encontrado la vuelta al funcionamiento.

Sin embargo, a tres meses del torneo continental, todo parece haberse quedado en el olvido. O lo que es peor, el equipo parece haber perdido la memoria y, lo más peligroso, parece haber perdido el carácter, tan propia de una generación acostumbrada a dar pelea en todos lados. Hoy, la Roja luce apagada, desganada y sin demasiadas herramientas futbolísticas para torcer la adversidad. Y lo que es peor, con un entrenador más preocupado de enumerar los inconvenientes que debe afrontar antes de cada convocatoria que de encontrarle soluciones a los problemas futbolísticos que padece el equipo cada vez que entra a la cancha.

La Selección volvió a dejar muchas dudas. Ni siquiera la victoria sobre Guinea maquilla la pálida gira que brindó el equipo por Alicante, donde volvió a demostrar serios problemas ofensivos, especialmente en la generación de juego. Y Rueda parece atrapado en un laberinto  donde no encuentra la salida ni menos las variantes para cambiarle el rostro a la Roja, con el agravante de que solo tiene dos amistosos antes del inicio de las eliminatorias. Así, del equipo que transitó por Brasil en la Copa América, quedan pocas huellas y las interrogantes se vuelven a instalar en el camarín de la Roja.

Aunque el entrenador ha insistido preferentemente con un esquema que incluye cuatro defensores, un mediocampista central, dos interiores y tres delanteros, aunque alguno de los extremos termine jugando en la zona de volantes, lo cierto es que el equipo no se ha visto todo lo cómodo después de la Copa América. Es cierto que en el medioterreno no ha podido coincidir el triángulo Pulgar-Aránguiz-Vidal después del certamen continental, pero las variantes hasta ahora no han estado a la altura. Y todo parece quedar supeditado a la aparición de alguna individualidad, como ocurrió el martes ante Guinea, cuando el jugador del Barcelona se puso el equipo al hombro.

En ataque el tema se agrava no solo por la falta de gol (con Rueda se tiene el peor promedio goleador de los últimos cinco técnicos de la Roja), sino por la falta de variantes y sobre todo el poco desequilibrio indvidual. No hay movimientos de desmarque, ni tampoco demasiado desdoblamiento de los laterales para darle superioridad por afuera a los extremos. Y aquello si se le puede reprochar a Rueda, que en su búsqueda de un hombre confiable en el área ha olvidado lo más importante: cómo generarle ocasiones a ese delantero de área. Y allí viene fracasando hace rato. Ante Argentina, Honduras y Colombia, la Selección apenas se generó una chance de gol por triangulación en los últimos metros (remate al travesaño de Pinares tras centro de Vargas frente al combinado transandino).

Las dudas se multiplican

Uno de los aspectos que ha llamado la atención en Rueda es la argumentación para justificar algunas convocatorias y también por qué decide no llamar a ciertos jugadores. La explicación que más se repite en sus conferencias tiene que ver con la inactividad que tienen los futbolistas en sus clubes, lo que les quita chances de estar en la Selección. Y allí cae en evidentes incongruencias que le terminan explotando en la cara. Por ejemplo, él justificó la ausencia de Claudio Bravo en la Copa América porque justamente no había jugado el último año en el Manchester City. No obstante, no tuvo problemas en convocar a Francisco Sierralta, quien según propia confesión del colombiano "lleva más de un año sin jugar", y más encima hacerlo jugar de titular ante Guinea, en desmedro de Sebastián Vegas, que en la gira anterior jugó los dos partidos (Argentina y Honduras) y ahora solo debió conformarse con 25 minutos.

Las concesiones del técnico cafetalero en favor de los clubes han sido sistemáticas. A principio de año no se hizo mayor problema ante el pedido de Universidad Católica y Palestino de contar con todos sus jugadores para disputar la prestigiosa Supercopa chilena, que no da clasificación a nada. Lo mismo ocurrió con Parot, quien en marzo prefirió disputar la supercopa argentina con Rosario Central. Pero lo que hizo ahora en Alicante rozó lo ridículo al liberar a un futbolista que milita en el fútbol español (Fabián Orellana) y a un defensor que jugará con los suplentes de su equipo este viernes contra Arsenal (Paulo Díaz). Lo peor es que este último futbolista, que asoma como titular en el inicio de las eliminatorias por la sanción a Gary Medel, podría faltar a los amistosos de noviembre si River Plate clasifica a la final de la Copa Libertadores, programada cuatro días después del duelo con Perú en Lima. ¿Alguien se puede imaginar que el zaguero tendrá la cabeza en dos amistosos por sobre una definición de esa magnitud?

Para el final está el manejo de la crisis interna que todavía se vive al interior del camarín. Más allá de que logró que Bravo y Vidal convivieran en una concentración, la imposibilidad de gestionar un diálogo cara a cara entre ambos es cuestionable. Así como tampoco que hubiese sido capaz de poner reglas internas con las redes sociales, pare evitar mensajes como el que publicó el mediocampista en pleno hotel de Murcia y que posteriormente borró, ante la repercusión que tuvo. Sin duda que el buen clima que vivió la Selección en Brasil tuvo un giro hacia comportamientos más fríos y con mucho de estrategia a la hora de demostrar cada uno su liderazgo.

A cinco meses de las eliminatorias, Rueda sigue buscando alternativas. Pero al mismo tiempo suma interrogantes y acumula justificaciones para explicar el mal momento de la Roja. Que bien supo disimular en la Copa América, pero que hoy no alcanza a meter debajo de la alfombra. El tiempo le juega en contra y los números del equipo también.

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