Carles Puigdemont: “La fantasía de un referéndum acordado por la independencia de Cataluña no es posible”

Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat de Cataluña y actual eurodiputado.

En conversación telemática con La Tercera, el expresidente de la Generalitat, exiliado en Bruselas, habla sobre el nuevo rumbo de Cataluña tras las elecciones y su relación con España.




Lo hizo. Y lo hizo en tiempo récord. En cuestión de días, pasó de ser el alcalde de una ciudad de 100.000 habitantes a presidir una región de siete millones de personas. En dos años, se sometió a una moción de confianza tras no poder aprobar los presupuestos y la ganó. Su partido -Convergencia i Unió (CiU)- desapareció y mutó a Junts per Catalunya, convocó un Pacto Nacional por el Referéndum, celebró un referéndum de autodeterminación y declaró la independencia de Cataluña. Una independencia que duró ocho segundos y que terminó con nueve políticos presos y ocho exiliados, entre los que, al día de hoy, se encuentra el 130º presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont.

Desde su despacho en la Casa de la República, ubicada en la Avenida del Abogado número 34 de Waterloo (Bruselas), el expresidente catalán y actual eurodiputado en el Parlamento Europeo habla vía telemática con La Tercera sobre las elecciones catalanas del pasado 14 de febrero, las discrepancias con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), su socio de gobierno hasta el momento, el nuevo rumbo de Cataluña y su relación con España, y cómo encaja el movimiento independentista catalán en la Unión Europea.

Cuando llegó a Bruselas a finales de octubre de 2017, Carles Puigdemont no sabía que sería diputado en el Parlamento Europeo dos años después, que estaría una semana en la cárcel de Neümunster (Alemania) ni que estallaría una pandemia sanitaria sin precedentes. Tampoco sabía que España cambiaría de rumbo y formaría un gobierno socialista de coalición y que, en Cataluña, el independentismo superaría por primera vez la barrera del 50% de votos en las elecciones del pasado domingo. Lo que sí sabía el expresidente es que la sentencia del Tribunal Constitucional español sobre la reforma del Estatuto de Autonomía de Catalunya de 2010 fue “el catalizador” que lo empezó todo: “Esa sentencia fue una humillación y la gente hizo una declaración íntima de independencia; asumió que ya no había recorrido posible dentro del Estado español”. También sabía que los movimientos independentistas no son una novedad para la Unión Europea y ahora está convencido de que “el mejor escenario para la sociedad catalana, incluida la parte que no quiere la independencia, es un referéndum acordado con el Estado”.

La candidata del partido "Junts per Catalunya" (Juntos por Cataluña) Laura Borràs y otros miembros del partido escuchan al expresidente catalán Carles Puigdemont en la noche de las elecciones regionales de Cataluña en Barcelona, el 14 de febrero. Foto: AFP

Durante todo este tiempo, tanto en Barcelona como en Bruselas, Puigdemont se sintió solo. En su libro M’explico: De la investidura a l’exili (2020), el expresidente catalán también reflexiona sobre su paso trascendental por la Generalitat y dice que se siente “como un personaje” que no es él.

¿Cómo es este personaje y quién es Carles Puigdemont?

Sabes qué pasa, que es un personaje que no existe. Entre las fake news que publica la prensa española y las opiniones descalificadoras sobre mi manera de ser, en la mente de mucha gente que no me conoce existe un Carles Puigdemont que yo no reconozco. ¿Cómo me tengo que relacionar con la percepción de esta persona a veces maléfica e incluso perversa?

Puigdemont, que nació el 29 de diciembre de 1962, aún se reconoce como un chico de Amer, el pueblo de 2.000 habitantes donde creció. “De familia modesta, que nunca ha tenido grandes bienes y que no ha buscado nada más que hacer aquello que quería hacer”, explica a La Tercera. Y lo que hacía era ser periodista. De hecho, en 1986 viajó a Argentina en el marco de un viaje de prensa oficial del expresidente Jordi Pujol, quien gobernó Cataluña durante 23 años bajo las mismas siglas -CiU- con las que se presentaría a las elecciones municipales de Girona en 2011.

La dualidad entre personaje y persona lo persigue desde que asumió el cargo. “Este personaje, que yo no conozco, es más poderoso que mi yo auténtico”. Real o no, Puigdemont tomó muchas decisiones. Y las últimas que tomó desde el Palau de la Generalitat, en Barcelona, fueron decisivas y condicionaron el mapa político catalán y español.

Cambio de guardia

La situación en España es inestable, incierta y tensa desde hace 10 años. En esta década, los españoles y las españolas han votado en cinco elecciones generales. En esa misma década, los catalanes y las catalanas han votado un total de 11 veces: cinco elecciones autonómicas y un referéndum de autodeterminación que se suma a los cinco comicios estatales. Ambos gobiernos llamaron a los ciudadanos a las urnas bajo un telón de hartazgo provocado por la crisis económica y social que estalló en 2008 y resquebrajó y debilitó el estado del bienestar español. Desde entonces, un malestar crónico impregna las instituciones y las calles.

El líder catalán de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), el candidato Pere Aragonès, el presidente de ERC Oriol Junqueras y Laura Vilagrà durante una conferencia de prensa para valorar los resultados de las elecciones catalanas en la sede de Barcelona, el 15 de febrero. Foto: Reuters

Con la crisis de 2008 llegaron los gobiernos liberales de Convergencia i Unió en Cataluña (2010) y el Partido Popular en España (2011). No obstante, progresiva y gradualmente, se dieron dos fenómenos: por un lado, la irrupción de partidos de izquierda como Unidas Podemos en España y la Candidatura d’Unitat Popular (CUP) en Cataluña, que empiezan a ocupar las instituciones. Por otro, empiezan a cosecharse discursos de extrema derecha que culminaron el domingo con la entrada de VOX como cuarta fuerza en el Parlament.

En este contexto, en 2019 hubo cambio de guardia en el gobierno español con la llegada del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Pedro Sánchez a la presidencia, formando el primer gobierno de coalición en España junto a Unidas Podemos. Mientras, en Cataluña, por primera vez en 80 años ERC ha superado en votos a Junts, el partido de Puigdemont, y tiene en sus manos la responsabilidad de presentar un proyecto de gobierno.

Sin embargo, la pregunta sigue siendo exactamente la misma que en los últimos años: ¿Qué dirección debe tomar Cataluña a partir de ahora?

Todos sabemos que el mejor escenario es un referéndum pactado con el Estado. Esto es indiscutible. Yo mismo se lo propuse al Presidente Rajoy en su momento. Pero sabemos que esto no pasará nunca. Ahora nosotros tenemos que mantener nuestra posición. Desde mi punto de vista, los resultados -del pasado 14 de febrero- nos obligan al conjunto de las fuerzas independentistas a explicar bien a la gente qué haremos con esta mayoría y cómo queremos transitar esta legislatura para que no sea una legislatura perdida.

Cataluña ha celebrado elecciones autonómicas en un contexto inédito marcado por la pandemia del Covid-19 y una victoria sin precedentes del bloque independentista. ¿Qué lectura hace de los resultados electorales?

Estos resultados se consiguen tras tres años y tres meses de durísima represión, y aún así, el independentismo no se ha asustado y confirma lo que venimos diciendo desde hace tiempo: España no tiene ningún proyecto para Cataluña. Mi lectura de las elecciones, en ese sentido es positiva y envía un mensaje al mundo que contradice la narrativa de la propaganda oficial española que se esforzó mucho para mostrar que el independentismo se había terminado y que las divisiones internas que tenemos eran letales.

El candidato del Partido Socialista de Cataluña (PSC) Salvador Illa habla durante una conferencia de prensa para evaluar los resultados de las elecciones catalanas en su sede de Barcelona, el 14 de febrero. Foto: Reuters

¿Cuáles son estas divisiones entre los partidos independentistas?

Todos estamos de acuerdo en que es necesaria la independencia de Cataluña y que la mejor manera es la República Catalana, nuestras diferencias son tácticas. Nosotros -Junts per Catalunya- pensamos que el Estado español ya ha dejado claro que no pactará ningún referéndum. Cuanto antes se asuma que la fantasía de un referéndum acordado no es posible, más tiempo tendremos para ganar esta confrontación democrática con el Estado español.

¿Desconfía de Esquerra Republicana?

Yo diría que la desconfianza se expresó desde el gobierno con algunas deslealtades que también cuento en mi libro. A pesar de tener motivos acreditados para desconfiar, yo no dejé de hacer lo que tenía que hacer y continué el camino con ERC y la CUP. No hay otra vía.

¿Por qué piensa que ha ganado tanta fuerza un partido de extrema derecha como VOX en Cataluña?

La extrema derecha siempre ha estado en el mundo unionista. El unionismo que defiende la anexión con España ha basculado hacia la extrema derecha nacionalista y el independentismo ha crecido por la izquierda, básicamente por la CUP. Esto creo que es digno de señalar. VOX es el grupo parlamentario del “a por ellos” que corean desde Madrid y muchos lo han aplaudido: desde el rey hasta los medios de comunicación. Algunos llegan tarde a lamentarse.

¿Cataluña está profundamente dividida?

Cataluña nunca ha estado dividida. En Cataluña hay mucha diversidad. Yo quiero vivir en un país donde haya divisiones de opinión. Me gusta el contraste de opinión, el debate y la polémica, me gustan las discrepancias, porque son la materia prima de la democracia. La división que se creó es la división entre los que no nos quieren dejar votar y los que queremos votar.

¿Qué modelo de país defiende para una Cataluña independiente?

Un país donde realmente haya un empoderamiento ciudadano. Un modelo más parecido al suizo que al español. Un modelo donde el talento, que es la materia prima de la cuarta revolución industrial, se pueda explotar política y económicamente en Cataluña, porque tenemos las condiciones para que sea posible. El modelo de país es este y en España no lo podemos hacer.

Manifestación por la independencia catalana en Barcelona, en septiembre de 2015. Foto: AFP

La independencia no es un fenómeno nuevo para la Unión Europea. ¿Cree que resulta problemático en el contexto actual?

Por un lado, están los Estados que hoy son miembros de la UE pero que hace 30 años no lo eran, como Eslovenia, Croacia o la República Checa. Esto es un proceso importante, porque las independencias pasan, es normal. Por otro, están los movimientos de las naciones sin Estado dentro de la UE que luchamos contra Estados muy poderosos. Europa hoy está fundada por unos Estados con un modelo obsoleto. La gestión del poder que la democracia liberal le ha dado al Estado, de alguna manera entra en crisis porque hay ámbitos de soberanía que la gente puede hacerse propios muy fácilmente.

El mes de marzo se vota el suplicatorio y, en el supuesto de que se levantara la inmunidad parlamentaria, se podría reactivar su proceso de extradición. ¿Tiene previsto volver a marcharse?

No, no, no. Llegué a Bélgica no para esconderme, sino para utilizar el foco que tiene la capital europea para denunciar los abusos del Estado español y poder luchar contra estos abusos en condiciones de respeto. Por lo tanto, yo quiero seguir luchando. No tengo ningún miedo.

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