Columna de Héctor Soto: No nos gustamos

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Si bien todos los liderazgos bajan y ningún sector político capitaliza el malestar, puesto que el 72% de los encuestados rechaza toda identificación política, son primero la derecha y después el centro los sectores más damnificados. La izquierda mantiene sus niveles históricos de adhesión en torno al 15%, y esto podría apoyar la tesis de que el país se ha izquierdizado. Efectivamente hay algo de eso


Son valiosos los insumos que la reciente encuesta CEP entrega para entender al Chile de hoy. Y también para no entenderlo. Hay varios indicadores que implican contradicciones internas de la propia sociedad, lo cual no debiera ser tan extraño dadas las anomalías del momento. En tiempos de estallido y de gente enojada, las percepciones se vuelven mucho más emocionales que en días normales. No significa eso que no haya que tomarlas en serio. Aunque tampoco implica que esta sea la última página de nuestra historia y que lo que está escrito aquí permanecerá tal cual para siempre.

Tal vez más interesante que el análisis particular de las cifras sean las grandes líneas tendenciales. De partida, estamos más enojados. Estamos, asimismo, algo más pesimistas de nuestra propia situación económica, pero respecto de la situación económica del país, el pesimismo es mayúsculo. Así y todo, la brecha entre el bienestar propio y el del país, que es una anomalía que viene de años, ha tendido a reducirse. Por otro lado, estamos mirando con bastante escepticismo los próximos cinco años. Y es nada, apenas un 6%, el apoyo que tiene el Presidente, la gente que cree que el país está progresando.

Tenemos, además, como sociedad, una nueva agenda de prioridades públicas. Es rara, pero se supone que es la voz del pueblo. Pensiones se arrancó lejos y subió su rating en un 70%. Es un reconocimiento muy justo, pero quizás no habla muy de nosotros haber tomado conciencia de que los pensionados ganan poco de manera tan súbita. Otra rareza: como desde octubre en adelante los portonazos dejaron de estar presentes en la tele, sea porque no se produjeron, sea porque los noticiarios estaban en la épica de las marchas o en la violencia de la primera línea, la delincuencia perdió la mitad de la urgencia que tenía y bajó del primero al quinto lugar. Vaya que es importante la televisión. Si no, que lo diga otro de los datos de este estudio, cuando señala que el 64% de los encuestados cree que Carabineros violó los derechos humanos durante las manifestaciones. Esa es una percepción que obviamente instalaron los matinales y noticiarios y en su momento el tema tendrá que ser analizado y discutido.

Tal como la delincuencia pasó a pérdida, también fue relegado al octavo lugar de las prioridades el empleo, y lo curioso es que esto ocurra precisamente en momentos en que solo en el mes de diciembre se destruyeron más 65 mil puestos de trabajo y cuando la gran preocupación de la cátedra es si el desempleo superará o no los dos dígitos en los próximos meses. En fin, otro gran perdedor fueron las drogas como problema. Lo que era una pesadilla en el imaginario nacional de temas pendientes (17%) parece haber dejado de ser un problema y bordea la nada misma: solo ranquea con un 6% de las prioridades, igual al porcentaje de respaldo que tiene el Presidente.

Si bien todos los liderazgos bajan y ningún sector político capitaliza el malestar, puesto que el 72% de los encuestados rechaza toda identificación política, son primero la derecha y después el centro los sectores más damnificados. La izquierda mantiene sus niveles históricos de adhesión en torno al 15%, y esto podría apoyar la tesis de que el país se ha izquierdizado. Efectivamente hay algo de eso. La gente ahora concede mayor protagonismo que antes al Estado para la superación de las personas. Valora también un poco más las libertades públicas y un poco menos el orden y la seguridad que antes. Pero la encuesta también revela anclajes autoritarios que podrían pararle los pelos a la izquierda. Por ejemplo, casi la mitad del país piensa que lo que se necesita es un líder fuerte que le marque al país el camino correcto. Porcentajes algo menores piensan que en el mando, la obediencia y la disciplina está la salida a la crisis, y esos datos en algunos contextos pueden ser terroríficos.

Tanto o más que un país en pugna con todas sus instituciones, con todas sus autoridades, con la derecha, con el centro y con la izquierda, la encuesta también muestra una sociedad en pugna consigo misma. Chile se está mirando desde hace rato al espejo y no le gusta lo que está viendo. Toda la razón: no somos ni Suiza ni Finlandia. Ni siquiera Australia. De pronto nos dejamos seducir por la idea de reformatearnos y de partir de nuevo, desde cero. Es una idea poéticamente poderosa, pero desde el punto de vista psicológico, ciertamente es muy adolescente. La gente puede cambiar, seguro, pero la madurez implica saber que, como no podemos amputarnos el pasado y lo que fuimos, estamos obligados a asumirnos incluso en lo que nos cuesta aceptarnos.

La quimera de la hoja en blanco no será la última. Pero es la que hoy por hoy nos define mejor.

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