Correísmo vs. anticorreísmo: Ecuador define su futuro bajo la sombra del expresidente

Simpatizantes de Andrés Arauz sostienen un retrato del expresidente Rafael Correa durante la manifestación de clausura de su campaña el jueves, en Quito. Foto; AP

Las últimas encuestas antes del balotaje de hoy anticipan un empate técnico entre el delfín de Rafael Correa, Andrés Arauz, y el exbanquero Guillermo Lasso.




Durante la jornada de hoy Ecuador elegirá a su próximo mandatario y definirá el futuro del país en unos disputados comicios que amenazan con desencadenar un “empate técnico” y que vuelven a enfrentar a dos viejas y conocidas opciones electorales que dividen a los ecuatorianos: el regreso del correísmo de la mano de Andrés Arauz o la consagración del anticorreísmo, a través del por tercera vez candidato Guillermo Lasso. La polarización está instalada en el país sudamericano y es probable que al igual que en la primera vuelta del 7 de febrero, el resultado final se conozca días después del cierre de urnas.

Cuando el Tribunal de la Corte Nacional de Ecuador condenó a ocho años de prisión al expresidente Rafael Correa (2007-2017) por cohecho en un caso de corrupción, surgió la idea de instalar a Andrés Arauz, un economista de 36 años, como la opción idónea para sustituirlo en la papeleta, ya que inicialmente el plan era que el joven y “desconocido” político fuera tan solo el compañero de fórmula del exjefe de Estado.

Todo cambió después de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) inhabilitó de ejercer cualquier cargo público a Correa.

Empleados preparan material electoral en Quito, en víspera de la segunda vuelta presidencial. Foto: AFP

Desde que fue proclamado candidato de la Unión por la Esperanza (Unes) el 18 de agosto pasado, Arauz marcó la campaña realzando la imagen de Correa, que desde 2017 está radicado en Bélgica, país natal de su esposa y donde vive junto a su familia. El denominado “delfín” del correísmo recorrió el país acompañado con una figura de cartón de tamaño real del líder izquierdista, mientras el rostro de Correa estuvo presente en casi todos los medios de propaganda electoral. Incluso, el exmandatario fue invitado como un holograma a un acto.

Arauz nació en Quito, está casado con Paula Mariana Véliz y tienen un hijo, aunque en medio de la carrera por el sillón del Palacio de Carondelet y un día antes de un debate presidencial, el 22 de marzo, los Arauz Véliz revelaron que esperan a un nuevo integrante familiar. El favorito en las encuestas fue director del Banco Central y ministro de Conocimiento y Talento Humano y de Cultura en la gestión de Correa.

Aún con la escasa experiencia política dentro de las filas del correísmo, Arauz se alzó como la opción más confiable para la izquierda, especialmente después del desenlace de las elecciones de 2017, en las que el entonces exvicepresidente de Correa, Lenín Moreno, ganó los comicios. Si bien este era visto como el continuador del gobierno progresista, al poco tiempo se divorció de Correa, transformándose en su enemigo.

Andrés Arauz ondea una bandera ecuatoriana durante el cierre de su campaña electoral en el Centro Cultural Deportivo Cumanda, en Quito, el juevez. Foto: AFP

En la primera vuelta de febrero, las encuestas adelantaron que ninguno de los 16 candidatos alcanzaría más del 50% de los votos o superaría el 40% más una diferencia de 10 puntos porcentuales sobre el segundo lugar. Y así fue. El heredero del correísmo obtuvo un 32,7% de los votos, “la votación más baja desde la primera vuelta en 2006” del movimiento Alianza País, cuya vertiente correísta se unió al Unes.

El segundo lugar -tras una serie de disputas y acusaciones- fue para el exbanquero, empresario y líder del movimiento CREO, Guillermo Lasso, que gracias a tres décimas aseguró su paso al balotaje con un 19,7% de las preferencias en la primera vuelta.

El (eventual) rol de Correa

“El correísmo tiene un voto duro asegurado. Un electorado que indistintamente del candidato van a votar por Correa. Por otro lado, Lasso es un actor político conocido. Ambos tienen perfiles muy distintos en cuanto al Estado y al manejo económico. Arauz promete que sea un Estado planificador, que acapare algunas actividades y cuenta con experiencia pública en el gobierno de Correa y Moreno. Por otro lado, Lasso está muy relacionado con el sector privado y el correísmo lo ha utilizado para desprestigiarlo. De esta manera, se ha vuelto a reeditar el correísmo y anticorreísmo del 2017 y las encuestas de opinión proclaman un empate técnico con un 51% frente a un 50%, por lo que es difícil prever quién obtendrá la presidencia”, explica a La Tercera Karen Garzón-Sherdek, politóloga ecuatoriana y directora de relaciones internacionales de la Universidad Internacional SEK.

Ante la prohibición por ley de divulgar nuevos sondeos 10 días antes de los comicios, la incertidumbre vuelve a ser protagonista de las elecciones. Este escenario marcado por las dudas se ha visto potenciado después de que las encuestas erraron en el poderío del líder indígena y tercer lugar en la primera vuelta, Yaku Pérez, que no recibía más del 10% de intención de voto y sorprendió al casi desbancar a Lasso e instalarse en el balotaje después de obtener un 19,3%.

Según el diario El País, el proyecto autónomo Cálculo Electoral otorgó la que sería la simulación más probable para hoy, un 52,4% para Arauz y un 47,6% para Lasso, pero además entrega distintas previsiones en base a los niveles de incertidumbre. De esta manera, en dos de cada tres estimaciones Arauz sería ganador, mientras que en uno de cada tres la victoria sería de Lasso.

“Según la Constitución, quien toma las decisiones es el Presidente. Y seré yo. Las condiciones para ello están dadas. Pero, evidentemente, Correa será uno de mis principales asesores. Él tiene una inmensa experiencia en la gestión pública, en la transformación social de nuestro país, ya demostrada en excelentes resultados en materia económica, que brindó estabilidad, seguridad económica a las familias ecuatorianas”, señaló el candidato Andrés Arauz en conversación con La Tercera, en octubre pasado.

Guillermo Lasso saluda a simpatizantes rodeado de sus familiares durante el mitin de clausura de su campaña en Guayaquil, el jueves. Foto: AFP

Aunque partió como una promesa de que Correa tendría un rol central en un posible gobierno suyo, la idea de Arauz ha ido perdiendo fuerza hasta asegurar ahora que será tan solo un asesor. Sin embargo, un regreso del expresidente se ve distante. Más aún con un legado de políticas que pareciera no sumarle al eventual sucesor de Lenín Moreno.

“Rafael Correa llena todas las características de político populista. Para mí, no es de izquierda ni tampoco de derecha, toma lo que le place de cada lado y lo transforma en su discurso. Cuando estuvo en el poder reprimió a los movimientos sociales, al indígena, dividió a los sindicatos y desarmó los colegios profesionales, o sea, fue en contra de la participación ciudadana. Muchos dicen qué se robó Correa si vive humildemente, pero al exmandatario no le mueve tener un Rolex o vehículos de lujo, lo que le mueve es el poder”, comenta a La Tercera Ana Karina López, periodista ecuatoriana y coautora del libro El Séptimo Rafael, que con 120 entrevistas y una investigación de dos años intentó descifrar la imagen del exmandatario.

En esa línea, López sostiene que antes de los comicios de 2017 Correa vio mermados sus intentos de instaurar una reelección indefinida y el único que podría recibir los votos necesarios sería Lenín Moreno, por lo que su relación se mantuvo únicamente con fines utilitarios.

Para evitar repetir una “traición”, como tildó Rafael Correa su ruptura con Lenín Moreno, la periodista ecuatoriana explica que la elección a dedo de Arauz fue debido a que es “más manejable”. “En el libro hicimos un recorrido de la gente cercana al expresidente. Arauz es de 1985 y Correa de 1963, tenían una relación de jefe-servidor público en los gobiernos en que trabajaron juntos”, detalla López.

Desde que en abril de 2020 la justicia ecuatoriana ratificó la sentencia definitiva contra Correa, cerrando las puertas a un eventual retorno a la actividad pública, el político utiliza sus redes sociales para denunciar un lawfare, una guerra judicial en su contra, al tiempo en que insiste en que buscará resolver su situación judicial por medio de cortes internacionales.

Rafael Correa y Lenin Moreno, ecuador
Rafael Correa junto a Lenín Moreno.

“Los jueces que dictaron sentencia contra Rafael Correa son jueces temporales y ya hay una acción para que se resuelva si sus fallos son constitucionales o no”, explicó Pedro Donoso, analista político y director de la consultora Icare, al diario El País.

Por el momento, lo cierto es que sigue vigente la condena ejecutoriada de cárcel para Rafael Correa. En el caso de intentar llegar a Ecuador sería detenido por la policía y trasladado a una comisaría.

“Sabemos que, si gana Arauz, Correa estará directamente relacionado y tendrá influencia en el gobierno. Pero un punto importante es que no sabemos cuál hubiera sido el respaldo del electorado a Arauz si este no hubiera sido candidato del correísmo. Entonces, será muy difícil que Arauz se separe del correísmo. Rafael Correa para esta ocasión fue más selectivo al elegir a su candidato para que precisamente no vuelva a ocurrir lo que ya le pasó con Lenín Moreno”, apunta Karen Garzón-Sherdek.

Fantasma de fraude electoral

Más de 13 millones de ecuatorianos están habilitados para votar en el balotaje de hoy, y volverán a las urnas por segunda vez en el año con mascarillas, alcohol gel y distanciamiento social ante un nuevo embiste de la pandemia del Covid-19.

El sucesor de Lenín Moreno, que asumirá el 24 de mayo, deberá enfrentar como una de sus primeras tareas liderar la campaña de vacunación contra el coronavirus. El país registra casi 345 mil casos y más de 17 mil fallecidos, pero además enfrenta una dura crisis económica. Con una población de 17,8 millones de habitantes, desde la llegada del virus 3,2 millones de personas descendieron a los estados de pobreza y pobreza extrema.

Un niño camina junto a carteles electorales que promueven al candidato presidencial Guillermo Lasso en Quito, el viernes. Foto: AP

Los sondeos de Ipsos, Market y Atlas Intel advierten que entre un 32% y un 50% de los encuestados cree que la situación del país empeorará en los próximos meses.

Otro factor que será determinante para el proceso electoral de hoy son las acusaciones de fraude electoral impulsadas por varios sectores, entre ellos el propio Correa.

No obstante, para la politóloga Karen Garzón-Sherdek es “muy difícil un fraude en el sistema electoral ecuatoriano”, debido a que “los miembros de la junta receptora del voto son ciudadanos. Ellos en el conteo de sufragios anotan los resultados en actas. Estas son custodiadas por personal militar y son escaneadas para ser subidas al sistema del CNE, donde cualquier persona puede entrar. Además, entregan copias de las actas a los sujetos políticos. Si hay actas con novedades deben ser revisadas y si ocurre podríamos tener que esperar dos semanas para poder saber a ciencia cierta el ganador”, advierte la experta ecuatoriana.

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