Eugenio Tironi: "Piñera ha demostrado una capacidad de dominar su propio ego que era bastante inimaginada"

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Muchos le dieron el carácter de "desastrosos" a los resultados de la encuesta CEP divulgados el jueves de esta semana. Pero el sociólogo Eugenio Tironi llama a no dramatizar las cifras. Lo que él ve, es que pese a que se derrumbó la confianza en las instituciones, la salida a la crisis social sigue siendo por la vía institucional y, más allá de la molestia, los chilenos no quieren dar un salto al vacío, sino que un cambio al modelo gradual y negociado. Su mayor preocupación está puesta en otros temas: que el plebiscito de abril quede legitimado por una alta participación y en la forma en que como sociedad enfrentemos el estado depresivo en que nos encontramos.

¿Es de los que tuvieron que comer azúcar para tragar los resultados de la encuesta CEP, como recomendó el encargado del estudio?

No, esto era predecible. No fue una sorpresa para nadie. Además, ver al Presidente moverse del 10 o 12% a un 6% tampoco hace una gran diferencia. Lo más dramático es este estado depresivo, este ambiente pesimista de la sociedad, de la economía, del sistema político, de lo cual escapa únicamente la percepción que se tiene del ambiente familiar. Diría que estamos en un ambiente depresivo que lo inunda todo. Y hay Estados depresivos que se convierten en patologías permanentes y otros que se superan con cierta facilidad y terminan siendo solo rasgos melancólicos que se superan con antidepresivos. Si uno ve la historia reciente, podemos ver muchos Estados que han pasado por periodos depresivos y se han repuesto. Otros, como Francia, vienen gestionando su estado depresivo desde que se acabaron los gloriosos años 30, previo a la Segunda Guerra Mundial. Tengo la impresión de que esa visión que tenemos los chilenos, que es tan chovinista, de que nos va a pasar lo de Argentina, de que vamos a entrar en una decadencia perpetua, o que nos va a pasar lo de Venezuela, que entró en un proceso de decadencia que desencadenó en el chavismo, son tonterías. Si algo ha quedado demostrado en todas estas semanas es la resiliencia de los chilenos, de su economía, de sus instituciones, las que, pese a estar bombardeadas, siguen buscando una salida a la crisis. Por eso no dramatizaría con los resultados de una encuesta. Estamos en un momento en que nuestro estado de ánimo cambia a cada momento.

¿Cómo se puede gobernar con un 6% de respaldo, la cifra más baja desde el retorno de la democracia?

Haciéndolo como se ha venido haciendo en el último tiempo, que es cogobernando con el Parlamento y, en cierto modo, incorporaría en la ecuación a los municipios, que más menos se defienden en la percepción de la ciudadanía. Pasamos de un sistema presidencialista a un semipresidencialismo de facto. Además, ambos se necesitan, porque no es que la deslegitimación de uno haya jugado en favor del otro, sino que ambos están en el suelo. También eso coincide con la mayor demanda por concordar cosas.

¿Un 6% de respaldo puede alentar la presión sobre el Presidente para que renuncie o la idea de que no terminará su mandato?

No veo a ningún actor político que esté realmente interesado en la renuncia del Presidente Piñera, ni en el mundo empresarial o militar. Tampoco está eso en el carácter del Presidente, cuyo ego está muy alojado en la resiliencia, en su capacidad de reponerse a los golpes duros. Piñera ha demostrado una capacidad de dominar su propio ego que era bastante inimaginada, tuvo que tirar por la borda su programa de gobierno, sufrir la humillación de asumir las banderas de sus adversarios y de su antecesora, como en el caso de la ley de pensiones, ha tenido que esconderse de la luz pública y aceptar más protagonismo de algunos de sus ministros, ha tenido que abandonar escenas como la COP25 y la Apec, que eran espectaculares para él. O sea, ha demostrado el tipo de ductilidad que se adquiere en el mundo de los negocios y eso es meritorio para gobernar en los tiempos que estamos viviendo.

Con un proceso constituyente ad portas, ¿cree que estamos viviendo los últimos días del sistema presidencialista en Chile?

Otra de las falacias narrativas es que en Chile el parlamentarismo habría fracasado, que no se aviene con el carácter del chileno, que necesitamos una suerte de un padre como Presidente de la República. Estamos demostrando empíricamente de que sí es posible, de que podemos funcionar con un sistema mucho más horizontal, más parlamentario. El problema es que lo estamos haciendo sin los ajustes institucionales necesarios. Si hubiésemos tenido un sistema parlamentario habría sido mucho más fácil administrar esta crisis de lo que ha sido.

Llama la atención en los resultados de la CEP la alta valoración de las movilizaciones y que pese a la violencia que se ha registrado en estos tres meses hay bastante tolerancia a ella. ¿Cómo se explica eso?

El que baje la seguridad a un quinto lugar de las preocupaciones me parece una buena noticia, porque el temor a la delincuencia es el combustible para respuestas autoritarias. Además, corresponde a nuestros niveles objetivos de delincuencia. Segundo, lo que mide la encuesta es una aprobación de la protesta pacífica, pero no hay una valoración masiva de los saqueos. Lo que sí nos muestra la encuesta es que el tema de los derechos humanos sigue siendo muy sensible en Chile, por nuestra historia, y que hay un test enorme de legitimidad para Carabineros. Una institución como Carabineros no puede operar en la sociedad si no tiene legitimidad.

A la luz de los resultados, ¿se sostiene el argumento de la derecha de que no están dadas las condiciones para realizar el plebiscito en abril?

Ese argumento es totalmente injustificado, es tramposo. Nosotros definimos en una decisión que encuentro magistral, que fue ese acuerdo del 15 de noviembre, que nos permite canalizar institucionalmente esta expectativa de cambio de construcción de una nueva narrativa que nos una como sociedad, porque la que teníamos fue desbordada. Es la única manera de reponer la convivencia pacífica entre nosotros. Si ese proceso aborta, estaríamos en serios problemas, mucho más graves que los que tenemos ahora.

¿Y cree posible sacar adelante ese proceso constituyente cuando la credibilidad y respaldo de tres de los actores políticos clave para darle viabilidad -gobierno, Congreso y partidos políticos- están en el suelo?

Hay que tomar con precaución lo que señalan las encuestas. Porque lo que reflejan tiene mucho del momento, de la atmósfera, de la intención de mandar un mensaje, de dar un castigo. Una cosa es que hagamos una crítica a las instituciones y otra muy distinta es que nos hayamos desinstitucionalizado por completo, eso no ha pasado. Aquí no ha surgido un Mesías por encima de las instituciones. Ahí me preocuparía.

Según la CEP, el 67% de los chilenos está favor de una nueva Constitución y solo un 13%, en contra. ¿La derecha se equivoca al centrar el mensaje en el rechazo a la nueva Constitución y no en el mecanismo?

Yo estoy por el "apruebo", pero reconozco la legitimidad de la opción "rechazo". A mí me gustaba la idea de un apruebo más transversal, pero no hay duda de que se va producir una dicotomía. El voto "rechazo" será mayor del que hoy aparece, pero va a ser derrotado. Al final, se va repetir el Sí y el No del 88, cuando esta crisis te daba la oportunidad de dar eso por clausurado. Fue un error estratégico enorme el que no estén por el "apruebo". Lo que me preocupa más y a lo que le prestaría más atención es a la tasa de participación. Porque si esta es baja, cual sea la opción que gane, va a tener una baja legitimidad. Aquí lo que necesitamos es que el "apruebo" o el "rechazo" gane con una gran diferencia de votos y que haya una altísima participación.

Con un Congreso que tiene un 2% de aprobación, uno pensaría que la convención constituyente -completamente elegida- arrasaría en el plebiscito, pero la diferencia con quienes prefieren que la nueva Constitución sea redactada por un 50% de parlamentarios ya en ejercicio y 50% de constituyentes electos es estrecha (44% vs. 37%). ¿Cómo se entiende eso?

En estos momentos de gran euforia, a veces se pasan por alto algunos elementos que son constantes y que son más profundos; en nuestra sociedad hay elementos conservadores que son muy fuertes. Es una sociedad que no le gusta dar saltos al vacío. Esto de la hoja en blanco que tanto les gusta a los cientistas políticos produce un grado de temor en la gente. No tenemos que olvidarnos que hemos vivido bajo estas reglas por más de 40 años, reglas con las que hemos tomado decisiones vitales. Una cosa es salir a la calle con un cartel que dice queremos partir de cero y otra muy distinta es cuando uno se sienta a pensar y empieza a sacar cuentas, a ver sus ahorros... Nosotros hemos operado con el mercado por mucho tiempo, tenemos expectativas ligadas al dinero que están muy constituidas. No vamos a salir así no más de eso. Se necesitó una dictadura para salir del tipo de orden que teníamos hasta septiembre de 1973; aquí sin una dictadura no se va a salir del orden que teníamos hasta el 18 de octubre. Y como no vamos a tener una dictadura, así lo espero, esto va a tener un talante reformista, gradualista, negociado y moderado. D

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