La batalla de los cortes

Barberos en Santiago.

Los barrios de Santiago hace años que tienen nuevos huéspedes: los barberos. El oficio ha tomado cada vez más adeptos, pero solo los mejores logran posicionarse en el tiempo. La competencia es inmensa y crece día a día, pero no solo navajas, tijeras y máquinas son las herramientas necesarias para quedarse en el puesto número uno.


Juan Ignacio Altimiras (32), ingeniero en sonido de profesión, siempre estuvo ligado al mundo musical. Recuerda que eligió esa carrera porque “respiraba música” y su vida giraba en torno a ella. En 2014 trabajó en Chilefilms y continuó en el Canal del Fútbol (CDF) como sonidista, la fuente de su primer ingreso. En paralelo comenzó a cortarle el pelo a sus amigos como un hobby. Partió con pedidos en las casas de sus cercanos, entremedio de aciertos y errores con las tijeras. Los videos en YouTube fueron sus primeros profesores, practicando con su cabeza los cortes que él mismo veía. Lo que empezó como un pasatiempo, fue tomando protagonismo en su vida. Aprendió más en cursos de barbería y su ingreso extra se convirtió en su único sustento. Dejó el CDF y se lanzó.

En 2016 llegó a la primera barbería del Barrio Italia: Chop and Rock. Altimiras amplió sus conocimientos y su cartera de clientes se expandió exponencialmente. “Yo fui pionero en Barrio Italia, era una barbería muy rockera”, cuenta hoy. La primera semana que trabajó ahí, advirtió que iba a ser un negocio rentable. Ahí conoció a Mauricio Grez, hoy su amigo y uno de sus clientes más antiguos. Le propuso crear un lugar vanguardista y moderno; la barbería donde trabajaba se estaba haciendo pequeña y su agenda vivía copada.

Al negocio que abrieron le pusieron Black Bird. Se instalaron en Barrio Italia en 2017, al igual que muchas otras barberías que se estaban tomando las calles de la zona. La competencia era fuerte: “Todos los días abrían barberías, era impresionante”, comenta. Juan Altimiras sabía que debía posicionarse como uno de los mejores para destacarse: “Me jugaba la estabilidad que tenía en la otra barbería, porque era superbuena”.

Juan Ignacio Altimiras atiende en promedio 1.700 personas anualmente en Black Bird.

A pesar de la fiebre de las barberías, hay lugares que se mantienen inmunes a las modas estacionarias. Diego Mondaca (47) trabaja en uno de ellos. Barbero hace más de 30 años, pertenece a la segunda generación de la longeva barbería Mondaca, negocio familiar desde 1978. Él mira con escepticismo este crecimiento repentino.

-Siempre supe que no eran competencia. En el fondo, ellos iban a ayudar a que la mayor cantidad de gente posible volviera a pensar en el cuidado masculino. Obviamente nosotros siempre nos diferenciamos por trayectoria, por años, por la forma de trabajo.

Mondaca vivió su infancia entre navajas de acero inoxidable y barbas frondosas. A los 16 hizo sus primeras aproximaciones al mundo de la estética masculina y desde entonces el rubro ha sido parte de él. Su cartera de clientes es variada; desde ministros, músicos, artistas y políticos de renombre se entregan a las manos de Mondaca. Ya perdió la cuenta de cuántos clientes atiende, pero dice que su trayectoria lo avala y lo clásico ha sido su constante. Pese al crecimiento del negocio de las barberías, no lo considera una amenaza. Las modas son efímeras, dice. Comenta también que incluso hay barberos que se denominan como tal y no saben hacer barbas, la espina dorsal del oficio:

-Yo no me disfrazo de barbero, yo soy barbero.

Diego Mondaca ha sido jurado en competencias nacionales e internacionales de barberos.

La mina de oro

La barbería se volvió tan popular en Chile, que comenzaron a realizarse eventos internacionales en donde barberos de renombre enseñan sus técnicas. Uno de los más reconocidos es Expo Barber Latam. Estos eventos masivos que hace diez años no existían, ahora incluso congregan a diez mil asistentes.

El ascenso de las barberías no tan solo se ve reflejado en la apertura del mercado a nuevos artículos. Juan Carlos Pérez, más conocido como Jota Master, barbero de la Selección Nacional y uno de los ganadores de Expo Barber Latam, comenta que le impresiona el aumento de personas que quieren ser barberos. Inauguró su academia hace cuatro años en Las Condes y ha tenido más de 260 alumnos desde que abrió hasta ahora.

-Es un rubro que te sirve aquí y en cualquier lado. Tengo alumnos que se han ido a vivir al sur y les está yendo superbién. Otros hicieron el curso para irse a trabajar al extranjero.

El valor de los servicios en promedio de un barbero con experiencia va desde los $ 20.000, si atiende a 6 personas diarias durante un mes, tendría un ingreso de $ 3.600.000, a esto hay que restarle los gastos de insumos. Los clientes asisten comúnmente una vez al mes, pero también hay una gran cantidad que va una vez a la semana según Altimiras.

Diego Mondaca recuerda que años atrás, en su adolescencia, el oficio era muy denostado. Antes ser peluquero o barbero era algo aburrido. Incluso se hacían bromas homofóbicas al respecto. Actualmente ser barbero tiene muy buena llegada con las generaciones más jóvenes. De hecho, los barberos ya no solo se dedican a cortar el pelo, ahora son creadores de contenido, influencers y celebridades dentro del rubro.

Juan Ignacio Altimiras también vivió ese furor: “Nos hacían notas en los diarios, estábamos en los noticiarios. Yo tomaba un Uber y me reconocían, a mis barberos lo mismo porque era el boom”. @John Stylee, barbero dominicano viviendo en Chile tiene más de 560 mil seguidores en Instagram. Incluso ha logrado ser embajador y auspiciado por marcas pioneras de la barbería como L3VEL3.

Los viernes y sábados son los días en los que barbería Black Bird recibe mayor número de clientes.

Los beneficios que trae el oficio son varios; independencia, capacitación a un corto plazo y el costo accesible de los cursos hace que sea un oficio atractivo. Además, de la posible alta renta que se puede alcanzar si se es exitoso. Andes Faúndez, directivo de Instituto Faúndez, con más de 60 años de trayectoria, comenta que ese es uno de los principales atractivos: “La gente necesita estudiar algo rápido para trabajar. Hay cursos que duran 6-8 meses y ya estás trabajando. Para cualquier persona es un beneficio monetario importante poder independizarse”.

Pero no todos logran establecerse y vivir de ello. Si bien es un rubro en ascenso, las posibilidades de mantenerse a flote en un ambiente tan competitivo son difíciles, explica Mondaca: “Hubo muchos colegas que simplemente esa pasión que ellos decían tener, esa pasión que ellos decían desarrollar y que la barbería para ellos lo era todo, en el primer momento de dificultad bajaron los brazos y se dedicaron a hacer Uber o se devolvieron a sus antiguos trabajos”.

Bajo amenaza

Al caminar por distintos barrios de la capital los postes tricolor se toman las calles. Las barberías ya son parte de la radiografía de la ciudad. Barrio Italia, Vicuña Mackenna, Barrio Lastarria, Barrio Yungay, Estación Central y muchos otros ofrecen una variedad de opciones; desde lo clásico hasta lo urbano, precios accesibles y otros más elevados.

Sin embargo, la llegada de una nueva cultura remeció a la barbería más hipster y clásica. Los cantantes de trap instalaron un cambio con respecto a la imagen de qué es lo que se definía como popular y a la moda. La juventud tomó una estética distinta, guiándose por nuevos referentes de estilo como Bad Bunny. A las barberías también llegó esta corriente que posicionó a otro tipo de barbero: los urbanos.

Johny Padilla es uno de ellos, hace más de diez años que es barbero y llegó a Chile desde Venezuela en 2016, con las raíces de la barbería urbana: degradados, color, cejas y diseños. Un nuevo competidor que se replica en muchas partes, gracias a la influencia de las barberías centroamericanas. Padilla indica que hay un cambio en el estilo del cliente chileno. Hace seis años los cortes no tenían mayores pretensiones que mantener un estilo ordenado, pero durante el último tiempo ha marcado la pauta lo urbano.

-El tema de los artistas influyó mucho, también la apariencia de los futbolistas. Siempre pasa que la gente llega con una foto de referencia de un futbolista o cantante que se haya hecho una línea o un diseño.

Pese a esto, los más tradicionales como Mondaca, confían en su trabajo y se separan de estas tendencias: “Los clásicos siguen siendo para nosotros la vanguardia. Hay cierto tipo de trabajo que nosotros no hacemos; no hacemos urbano, no cortamos cejas”. Valora que el cliente se está atreviendo más y que las nuevas generaciones lleven los cambios, pero dice que algunos de sus clientes viajan desde los extremos del país o incluso el extranjero para verse bien no para un corte “fresh” o “chori”.

Los valores de los servicios en Mondaca Barbería van desde los 15 mil a los 30 mil pesos.

También hay otros factores que no tienen que ver con la competencia, como la pandemia. La imposibilidad de abrir sus negocios debido a la cuarentena fueron momentos que la mayoría no pudo atravesar económicamente. Altimiras comenta que a inicios de la pandemia, en Barrio Italia existían al menos 40 barberías. Luego de la crisis sanitaria, más de la mitad cerró su negocio. Él tuvo que recurrir a créditos y ayudas gubernamentales para mantenerse a flote. Fue su etapa más complicada.

-Nosotros llevábamos unos cuatro meses sin saber cuándo íbamos a poder reabrir (...) Nos reunimos con mi socio y dijimos ya, ¿qué hacemos?, ¿cerramos el boliche o nos mantenemos?

El panorama no estuvo muy distante en el caso de Diego Mondaca. Sobrevivieron atendiendo a clientes a puertas cerradas de forma clandestina, sacando dinero de sus ahorros y endeudándose. Nunca pensó en cerrar, sus clientes le mantenían el espíritu en alto, ya que muchos de ellos le pagaban por adelantado mientras estaban en cuarentena.

-Fue lo más terrible que hemos vivido en términos económicos.

El pronóstico de un año difícil en lo económico ha vuelto a amenazar al rubro. Esto, sumado al pago de impuestos para los servicios de peluquería y belleza, vigentes desde este mes, ponen a las barberías una vez más bajo alerta.

Sólo que Juan Ignacio Altimiras no está pensando en eso. Sentado en un sillón negro de su barbería, rodeado de navajas y con la música fuerte, asegura que, en ese barrio y en ese mundo, no hay quién los desafíe:

“Aquí -dice- nadie nos mueve el piso”.

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