León Cohen, siquiatra: “A medida que avanza el mes, a la angustia se va a sumar un miedo creciente"

León Cohen.| Foto: Patricio Fuentes Y.

Con ya varios días de encierro, toque de queda y una incertidumbre que se agiganta, el sicoanalista describe aquí qué nos está pasando. Y qué está por venir.




“Del miedo y la rabia del estallido social, a la angustia de la invasión viral”. Así es como percibe el siquiatra y sicoanalista León Cohen el cambio en las preocupaciones de los chilenos durante este último mes. Una angustia, dice, que irá creciendo a la par de los números de contagiados y muertos por la pandemia en Chile, y que ya nos tiene viajando -con más o menos control- por los vericuetos de la mente.

-Junto con la angustia, curiosamente, también veo una serie de comentarios positivos. Se habla de la pandemia, de las muertes, del contagio, de los peligros -obviamente que todo esto es negativo, genera miedo-, pero las personas no están hablando siempre de eso, ya que están saturados con las noticias y con los chats. Como la mayor parte de la gente tiene claras las cosas más gruesas, hablan de otras cosas, de temas nuevos respecto de lo que han estado viviendo, inéditos para ellos: rutinas domésticas que dan espacio para compartir, distribución de nuevas tareas, conversaciones originales en la familia, colaboración y amabilidad, antes infrecuentes, e incluso aquellos que son solos han tenido un encuentro diferente consigo mismos. Esta situación ha llevado espontáneamente a una especie de acuerdo social, en este caso familiar, que tiene un aspecto positivo. Ojalá que persista.

¿Y no será porque estamos partiendo acá en Chile?

Estamos en los inicios, pero la mayor parte de nosotros estamos informados de lo que está ocurriendo en aquellos países que ya llevan un tiempo en esto. Y diría que lo que va a ir aumentando a través del tiempo es el miedo. Más que la angustia. La muerte concreta estará más presente y más cerca de cada familia. Por ahora, es angustia, esa desazón profunda frente al atacante invisible y múltiple.

¿Podría distinguir bien qué es el miedo, qué es la ansiedad y lo que es la angustia?

El miedo es una emoción de alerta frente a lo amenazante que puede aparecer o que vemos en la realidad concreta, como en un camino oscuro donde uno puede ser asaltado. También sentimos miedo frente a amenazas internas, pensamientos, fantasías que aparecen y nos perturban e incluso nos enferman, como es en la hipocondría o en el ataque de pánico.

La situación actual es peor, porque se trata de una amenaza invisible. Que está en todas partes, en mayor o menor densidad. Que además nos invade a todos, a todo el planeta. Es una pesadilla enloquecedora que nos lleva a angustias primitivas, cercanas a las que se sienten en la psicosis, en la locura, una sensación de ser perseguidos por todos lados.

El enemigo poderoso e invisible, que dijo el Presidente para el estallido social.

Para él ese estallido era muy perturbador e inesperado, pero el actual es enloquecedor. Por ello, tampoco son alienígenas, como dijo la primera dama, porque, por lo menos en todas las películas, estos se ven. Este virus no se ve. Te invade, te parasita, se mete en tus células, se replica ahí, se multiplica, sale de ahí, destruyendo, para seguir invadiendo. Y que sean parásitos llama la atención. Hace poco estábamos hablando mucho de parásitos a raíz de la película coreana o de los políticos. Es curioso cómo los conceptos del imaginario colectivo toman una corporeidad siniestra.

Es tan así que el virus es un enemigo que adquiere características místicas, primarias, medievales. Como decía antes, nos lleva más allá del miedo. Junto con esto nos produce una angustia muy primaria, que es el tipo de angustia que se da en los estados psicóticos. Por ejemplo, vas por la calle y te pones a pensar que te bajas del auto y estás pisando un suelo infectado, y se te están metiendo por tu nariz, por tu boca, por tus ojos. Ese funcionamiento cuasipsicótico es cercano a lo que sufren algunas personas afectadas por Trastorno Obsesivo Compulsivo, que están viviendo la angustia tremenda de que en todas partes habría enemigos invisibles que pueden destruirte. Y es un enemigo tan poderoso y tan invisible que solamente hay una manera de enfrentarlo.

Magia y ave marías

¿Cuál?

La magia. Esa persona, en ese estado, piensa que está contaminada y no tienes otra posibilidad para exorcizar todo eso que decir “bueno, si digo tres avemarías, se me va a pasar”, o “si cuento del 1 al 10 al revés”. Y así me alivio.

Claro, pero en este caso no es un delirio, como en el TOC. El virus es real.

El problema es que en la magia la mente te dice “niégalo”. Por lo tanto, es peligroso cuando una señora que está infectada entra al Jumbo porque está negando la situación. No es que sea mala, es que no quiere pensar en el tema. Incluso, aunque sea doctora y sepa que sí va a contagiar, piensa que no. La magia del autoconvencimiento ciego y voluntarista: va más allá de tu inteligencia y de tu saber científico, y te lleva a una convicción para tranquilizarte. Esta negación está a la base de lo que se llama la defensa maníaca. Entonces tú, para no sentir la angustia de desesperación, te sientes estupendo, que estás bien, que no haces nada malo.

Como la gente que sigue juntándose.

En la Edad Media las fiestas apocalípticas no eran infrecuentes. Había orgías apocalípticas, donde todo está permitido, porque está ahí el fin de mundo. Eso es lo que se llama la defensa maníaca: en forma omnipotente y negadora se entra a una euforia, para entonces dejar atrás toda la tremenda angustia y miedo que genera la situación. La defensa maníaca te puede llevar a conductas impulsivas. Por ejemplo, si yo estoy un poco ansioso e impulsivo, pero no lo reconozco, entonces de repente se me ocurre decir que el valor de la cama en el Espacio Riesco es menos que lo que gana un parlamentario, algo así, y esto produce un conflicto serio a nivel de las autoridades, cuya calma y contención espera la población asustada. ¿Por qué dijiste eso? Porque la ansiedad que tienes, que no la reconoces, te arrastra, te impide pensar y darte cuenta de las consecuencias que tus palabras van a provocar. No es falta de inteligencia, es una dificultad para la contención emocional del mundo interno. A todos nos pasa, pero cuando se trata de autoridades, todo ello termina siendo un acelerante de la curva exponencial de miedo.

¿Usted ve al Presidente en un estado de negación o defensa maníaca?

Curiosamente, lo he visto mejor de lo que se habría podido esperar. Creo que él ha hecho todo un esfuerzo para mantenerse lo más firme posible para no caer en las piñericosas, para no caer en este tipo de cosas. En este momento hay que dejar de lado las diferencias ideológicas, políticas, socioeconómicas. Esto nos contagia y nos mata. Ayudarnos mutuamente sirve para enfrentar nuestros errores, debilidades y egoísmos.

"En la Edad Media las fiestas apocalípticas no eran infrecuentes. Había orgías apocalípticas, donde todo está permitido, porque está ahí el fin de mundo. Eso es lo que se llama la defensa maníaca: en forma omnipotente y negadora se entra a una euforia". dice el sicoanalista. FOTOS: PATRICIO FUENTES Y./ LA TERCERA

¿Cuál es la diferencia entre angustia y ansiedad? Una vez leí un artículo que decía que la ansiedad es la representación física de la angustia.

La angustia tiene más que ver con una especie de desazón permanente. La ansiedad está mucho más ligada con un estado de estrés, un estado de alerta, y está más asociada con el miedo, con lo que viene. Ahora, curiosamente, la angustia te permite valorar más los vínculos con las personas que tú quieres. Poco antes de la cuarentena y con el virus ya presente, noté una cosa bien especial que no es tan frecuente aquí en Chile. ¿Sabes qué es? Que la gente estaba siendo amable.

¿Eso tendrá que ver con la cercanía de la muerte y la enfermedad?

No es algo consciente, pero sí creo que la muerte invasora puede desplomar nuestro narcisismo y, sin vergüenza, movernos en busca de ayuda y amor. Ahora, encerrados en la cuarentena, más protegidos, pero más expuestos a nosotros mismos, corremos el riesgo de que la ansiedad, la impulsividad y la irritabilidad aparezcan en la cotidianeidad.

Lo normal en nosotros, como seres humanos, es que seamos neuróticos. O sea que tenemos conflictos, tenemos problemas, tenemos angustia, miedo, ansiedad, etcétera. Después hay todo un espectro, que es de lo que se llaman las personalidades limítrofes o borderline, que van desde lo más leve hasta lo más grave, que se caracterizan por cierta inestabilidad del sistema mental.

En la medida en que tu estructura tiene una inestabilidad derivada de diversas cosas, por ejemplo de núcleos de rigidez o traumáticos que hay dentro de ti o de ansiedades paranoides o de rasgos narcisistas muy intensos, a medida que eso es más protagónico dentro de tu mente, te entrega menos flexibilidad y hace que puedas elaborar con menos facilidad lo que viene de la realidad externa y de la realidad interna. Entonces, sobre todo en un período como este, estas noticias pueden llevarte incluso a un funcionamiento cuasipsicótico, lo que significa que tú empiezas a entrar en ansiedades muy intensas, puedes tener reacciones impulsivas, agresivas, a niveles de desconfianza muy grandes y a tener temores apocalípticos, relacionados con los miedos a la desintegración de la mente.

El panorama se ve riesgoso en un país que en que la enfermedad mental venía al alza.

En los casos en que se trata de un sistema familiar donde hay personas, por ejemplo, limítrofes eso va a generar un índice de estrés y de inestabilidad y probablemente hasta de mayor violencia intrafamiliar. Si eres limítrofe, y te dicen algo que no te gusta, tienes una reacción rabiosa, tremenda, le puedes pegar a alguien con un florero en la cabeza.

Pero esa actitud que describe como limítrofe no es tan rara. ¿Quiénes son limítrofes?

Es muy complejo, muy difícil tener una estadística así. Es más fácil el diagnóstico de depresión o de psicosis. Hay noticias de personas presuntamente limítrofes porque al ser personajes públicos, de una u otra manera, todos llegamos a enterarnos de reacciones que son muy inadecuadas, que están fuera de lugar, que no son reconocibles por ellos, a partir de estímulos poco significativos y que generan un quiebre en la conversación pública.

Sí, pero veo que todos podemos ser limítrofes, al menos leve.

La mente es, dentro de un núcleo de estabilidad, plástica y puede tornarse tumultuosa, impulsiva e incluso llegar a actos horribles. Pensemos en la Segunda Guerra Mundial o en situaciones vividas durante la dictadura en Chile. Nuestra normalidad neurótica no promete permanencia a todo evento.

Si tú eres limítrofe leve, pero estás con un esposo que te conoce y te quiere, en un momento de conflicto puede que él piense: “Bueno, en realidad, en las actuales circunstancias estos temas no voy a conversarlos con ella, porque en realidad es muy sensible y le ponen los pelos de punta, así que prefiero no hablarlos ahora”. Esa es una coordinación positiva. Si tu esposo es del mismo tipo o peor, entonces va a ser bien difícil la cuarentena para los hijos, porque va a ser esa típica familia donde los papás andan a los gritos y después actúan como si nada hubiera ocurrido. En esa familia los niños se sienten en la cuerda floja.

Mesa común

El horror que vemos en otros países va a llegar en mayor o menor grado, pero va a llegar igual, entonces ¿cómo enfrentamos como sociedad, y en términos de salud mental, cómo preparamos el camino para eso? Puede estarse generando una falsa expectativa de que lo estamos haciendo estupendo y eso no va a pasar.

Yo diría que las autoridades han estado tratando de funcionar de la mejor manera posible dentro de los recursos que tenemos, y en eso hay ciertos iconos que han sido positivos. El ministro de Hacienda, por ejemplo, y el ministro de Salud, con una tremenda y agotadora responsabilidad, la ministra del Trabajo. Ciertamente que la presión, la ansiedad y el propio modo de ser llevan a errores. Lo que esperamos los ciudadanos es que haya transparencia, seriedad y profesionalismo científico en estas circunstancias. Es la imagen que se espera de un médico como el ministro o como la presidenta del Colegio Médico, un orgullo, en verdad, para nosotros.

A medida que avance el mes y aumente la cantidad de muertos y de contagiados, obviamente que a la angustia se va a sumar un miedo creciente. Y lo que se espera es que ese miedo pueda ser encauzado a que la gente extreme los cuidados.

Todo lo que representa la autoridad va a ser muy importante en esta primera etapa, que yo llamaría de sobrevivencia, que más o menos es de 60 a 90 días, en que tratas de que la cantidad de contagiados y de muertos no sea tan alta, que la curva sea plana y de que no se saturen los servicios de atención intensiva. Esto tiene que ser cada vez más explícito, más público. Es decir, no se trata de un gobierno que está a cargo de todo eso, se trata de un país que está a cargo de este problema. ¿Qué significa esto? Yo creo que ya es la hora de que todos quienes tiene prestigio en la sociedad, y son representativos, se unan en una sola presencia para salir adelante. Que no sea exclusivamente La Moneda, o el Parlamento, que están muy desprestigiados, sino que un conjunto de personas que están en sintonía para poder abordar esto como “una gran y continua Teletón”.

Cuando piensa en ese mundo después de la etapa de supervivencia. ¿Cómo es? ¿Cuál es la sociedad que va a quedar? ¿Qué va a pasar?

Para que podamos sobrevivir y luego recuperarnos y reconstruirnos es necesario que haya una convocatoria ecuménica y sincera de verdad. No basta con aumentar los impuestos ni con iniciativas particulares y de caridad. Significa que el país se junte. Es necesario estar todos juntos en una mesa.

¿Cuál es su mayor temor? ¿La pobreza pospandemia?

Va a haber mucha gente que no va a tener plata para poder comer. Por lo mismo es que aquí tiene que haber una convocatoria, que sea creíble, que sea concreta y que represente a todos quienes logremos -o logren -sobrevivir a todo esto. Si no lo hacemos, estamos a un paso de lo que está ocurriendo en el sur de Italia, que es el caos social, que va a ser mucho peor que el estallido social, porque va a estar motivado por hambre pura.

A partir de lo que observa, ¿cuál dirías que es la gran pregunta que todos nos hacemos hoy?

Lo pregunta que más me hacen, y que yo también me hago a mí mismo, es qué va a pasar, y tiene que ver con la angustia más que con el miedo. Y la respuesta es “bueno, tenemos que apechugar y tenemos que ser disciplinados y poder salir adelante juntos”.

En este país nosotros hemos sido criados en una atmósfera de escepticismo y desconfianza. En este caso es imprescindible tratar de luchar contra eso y generar un espacio que sea de mayor confianza, ya sea que pongamos ahí a varios Felipe Berríos o Mario Kreutzberger, o a personas que tengan ciertos espacios de credibilidad, de confianza, de poder, de recursos, etcétera, para que la gente pueda decir: “Les creo, están de acuerdo, van a hacer cosas concretas ahora”. Esa debería ser la promesa de un acuerdo social múltiple, heterogéneo, solidario, honesto y realista. Eso es lo que es imprescindible que ocurra para ganar este desafío, en honor de todos, de las víctimas y de los miles de servidores que día a día salen a la lucha contra el invasor, asumiendo el riesgo, pero con el amor que motiva salvar a muchos compatriotas. D

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