Manifiesto Sebastián Gebhardt, coleccionista de zapatillas: “Lo máximo que he pagado han sido dos mil dólares”




Tengo 200 pares de zapatillas. No soy una persona que las junte pensando en revenderlas más tarde o por su valor como objeto coleccionable. Cuando veo algo que me gusta, trato de conseguirlo. Uso todas mis zapatillas. Me gustan mucho.

Mi abuelo se dio cuenta de que las zapatillas iban a pegar. No sé cómo. Era hijo de inmigrantes y tuvo que ingeniárselas para vivir en Chile. Partió con una fábrica de zapatos de cuero, pero después entendió que vendría una nueva moda. En 1983 abrió la primera zapatillería del país.

Fundé Bold para democratizar la cultura sneaker en Chile. Fue en un momento en que el retail estaba pasando por un tiempo de bonanza y nos preguntamos cómo seguir creciendo. Nos dimos cuenta de que había un mercado de gente que buscaba nuevas modas. Hicimos proyectos con Nike y nos fue bien. Ahora abrimos Drops, una boutique de zapatillas.

Nos ha ido bien con The Last Dance. Con la serie hay más interés por Michael Jordan y toda la moda detrás de su figura. Diría que él cambió para siempre el marketing deportivo. Te venden una idea de este jugador ganador y que vuela en la cancha. Esta semana hicimos el lanzamiento de las Jordan 1 color Royal Blue. Trajimos 250 pares, con un valor promedio de $ 140.000. Se agotaron en tres minutos.

Lo máximo que he pagado han sido dos mil dólares. Eran unas Jordan 1 en colaboración con Off White. Las Jordan son mis favoritas, tengo cerca de 10, en distintos modelos. Recuerdo, eso sí, que la primera vez que tuve deseos por una zapatilla fue por las Adidas Predators, para el Mundial de Estados Unidos 1994.

Identifico dos corrientes de coleccionistas. La primera es la de personas a las que les gustan las zapatillas, pero las compran porque en la reventa van a crecer; no las usan. Hay personajes bien conocidos en ese mundo, hay un grupo de chinos que compran acá para después venderlas más caras en China. En el segundo lote están quienes aman las zapatillas y no se compran necesariamente el par más caro. Sienten un amor por ellas y las usan a diario. Te encantan y acompañan en los momentos más importantes de tu vida. Ahí estoy yo.

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