Carrère, el montajista: una escritura más cinematográfica que literaria

Emmanuel Carrere (AP Photo/Joel Ryan, File).

Galardonado hoy con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2021, el escritor francés Emmanuel Carrère ha desarrollado un trabajo escritural donde destacan sus novelas en base a las vidas de otros. Pero también ha ocupado material desde su propia existencia, acaso usándose como un personaje. En La Tercera PM, dos especialistas desmenuzan su obra, una guía para quien quiera acercarse a sus libros.




Ni que fuera planificado, ni que hubiese un mago moviendo hilos. Pero hay algo que ocurre cada cierto tiempo en la literatura. Se da un fenómeno particular en que un país -o una región- se pone a marcar tendencia global en base a su producción literaria.

En los últimos años, ese país es Francia. Nombres como Virginie Despentes (Teoría King Kong, Lo bueno de verdad ), Michel Houellebecq (Plataforma, El mapa y el territorio), Annie Ernaux (Pura pasión, La vergüenza) o Édouard Louis (Para acabar con Eddy Bellegueule, Historia de la violencia) se han hecho un espacio a costa de buenos títulos y un trabajo original.

“A mí entender, ha existido un desplazamiento”, opina el crítico literario Matías Rivas, al teléfono con La Tercera PM. “Porque a fines del siglo XX y comienzos del XXI, los que la llevaban eran este grupo de escritores ingleses, como Ian McEwan o Julian Barnes. Era como el ‘dream team inglés’. Ahora son los franceses”.

Ese cambio, piensa Rivas, tiene que ver con una nueva mirada, menos enmarañada y menos añosa. “A diferencia de los franceses anteriores, que eran mucho más ilegibles, más complejos, estos son muy claros. Todos tienen la virtud de la elocuencia, la claridad, los puede leer cualquier persona”.

En ese sentido, no es de extrañar que en esta jornada se haya anunciado la entrega del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2021 a un escritor francés que no deja a nadie indiferente: Emmanuel Carrère (63).

Carrère, quien en febrero de este 2021 editó en castellano vía Anagrama su último libro, Yoga, es alguien que ha tenido una trayectoria importante, donde ha incursionado en la difuminación de la línea ficción/no ficción, pero también ha hecho crónicas.

Emmanuel Carrere (Photo by JOEL SAGET / AFP).

Documentalista disfrazado de escritor

11 novelas, 3 ensayos, y una biografía (sobre Philip K. Dick) constituyen el centro líquido de lo que ha publicado el parisino. ¿Qué ha hecho tan particular su obra que ahora es galardonada? El escritor y crítico literario Antonio Díaz Oliva señala que, de alguna forma, el francés se ha vuelto como un sinónimo de “onderismo”.

El autor de La experiencia formativa lo explica así: “Es lo que Paul Auster fue alguna vez. No me gusta convertirme en el tipo de persona que dice yo-escuchaba-Arcade-Fire-antes-que-todos, pero recuerdo que hace casi 13 años Álvaro Bisama, a propósito de una conversación sobre Philip K Dick, me dijo que en la librería Metales Pesados tenían una suerte de biografía rara, apócrifa, sobre Dick escrita por un francés. Fui, y Sergio Parra, o puede que haya sido el Víctor López, me dijo que ese escritor francés era medio conocido”.

El volumen al que hace referencia Díaz Oliva es Yo estoy vivo y vosotros estais muertos (1993). “Leí ese libro y quedé deslumbrado no solo por la vida de Dick, sino por cómo Carrère aborda los personajes y las vidas que explora; de una manera dedicada, casi obsesiva, casi enfermiza -dice Díaz Oliva-. Y eso es lo que lo hace particular: Carrère sabe que un buen escritor, es un escritor obsesionado y obsesivo. Es un documentalista que se disfraza de escritor. Sus libros son más cinematográficos que ‘literatosos’”.

Matías Rivas complementa: “Lo que hace a Carrère un personaje especialmente atractivo para la literatura es haber mezclado muy bien la no ficción, el periodismo, con una forma de relatar absolutamente precisa, rápida, veloz, de estos tiempos. Un aliento entretenido, de aventura, de suspenso. Hasta su aparición, la literatura francesa tenía poco de eso. Carrère logró armar novelas de esas características, que uno se entretiene mucho, y a la vez, siente emociones casi cinematográficas”.

“Creo que escribe muy claro y es muy preciso”, agrega el también poeta.

¿Difuminando los límites?

Un rasgo característico de trabajo de Carrère, es que usa mucho material basado en su propia vida y en quienes le rodean, aunque también ha usado la vida de los demás. De alguna manera, en la mayoría de los artículos que se han escrito sobre él, se destaca que ha ido difuminando los límites entre lo real y lo ficcional. Aunque los especialistas aterrizan ese punto.

“[Carrère] Se ocupa a sí mismo como personaje, pero a mí en lo personal, me parece el menos atractivo de todos sus personajes -opina Rivas- Creo que sus novelas funcionarían perfectamente si él no estuviera, donde eso es posible. En Yoga, que es su novela más autobiográfica, me parece que es cuando es más débil. Él sabe muy bien desnudar a los otros, pero cuando le toca desnudarse a sí mismo, es muy pudoroso. Las cosas que dice de Limónov no las diría de sí mismo”.

“De hecho, en Yoga, la parte más aburrida es cuando empieza a contar sus problemas, porque no lo hace de manera tan cruda como uno lo espera de un autor que ha sido capaz de meterse en las vidas de los otros sin piedad. Al momento de escribir de sí mismo es muy francés, muy antiguo, y Houellebecq hace lo mismo. De hecho, puede ser importante preguntarse: ¿por qué no le dieron el premio a Houellebecq?”, agrega el también director de Ediciones UDP.

Coincide en ese punto Antonio Díaz Oliva. “Creo que el problema de Yoga fue ese: ¿Qué sucedería si un escritor francés comenzara a creerse sus propios libros? En Yoga, Carrère se volvió un personaje de Carrère que no sabe que está dentro de un libro de Carrère”.

Ahora, Díaz Oliva aclara que el francés no el precursor de la difuminación del límite ficción/realidad. “Eso siempre ha existido. Lo que pasa es que hoy, por las redes sociales, vivimos en la época del ‘yo extremo’. El noruego Karl Ove Knausgård lleva eso al máximo. Usa la vida de los demás para hablar de sí mismo; Carrère, al contrario, usa su vida para hablar de la vida de los demás”.

El autor nacional agrega que esa difuminación tiene que ver con que siempre hay que jugar con eso en la literatura. “No existe el libro de no-ficción que no mienta. Lo mejor que puede hacer un autor, en ese caso, es ser consciente, y dejarle pistas al lector a lo largo del libro, que lo que tienen en sus manos es una manipulación de la realidad. Escribir es eso: hacer de la realidad un montaje, y Carrère es un hábil montajista, la mayor parte del tiempo. No por nada sus libros llegan más allá de los circuitos ‘literatosos’”.

Algunos libros imprescindibles

Ok, estimada lectora o estimado lector. No todo el mundo conoce a Carrère tan de cerca, ni lo ha leído tan detenidamente. Pero siempre es un buen momento para comenzar a descubrir un autor. Por eso, pedimos a nuestros entrevistados que contaran cuáles son los libros que más les gustan del francés, a modo de disparador de ideas. Quizás ayude a pasar mejor la extensa y desgastante cuarentena.

“Me gustan El adversario y Limónov -dice Matías Rivas-. También El reino, me parece que está bien, me gusta la biografía de Philip K. Dick y me gusta también parte de su obra periodística, particularmente un libro que se llama Conviene tener un sitio adonde ir, que es donde reúne crónicas. Es importante decirlo, es un gran cronista. Tiene una crónica sobre Macron, una donde explica por qué no le puede hacer una entrevista a Catherine Deneuve, cosas donde él hace de reportero y son muy buenas. Vale la pena meterse en su obra de periodista”.

Por su lado, Antonio Díaz Oliva dice: “Limónov estuvo de moda, y me lo pasé bien, aunque el personaje es tan luminoso y vasto que en verdad ese libro lo podría haber escrito otro escritor. Es el menos Carrère de Carrère, y es el libro más Limónov de todos los libros de Limónov. Yoga me gusto mucho al principio, pero luego se fue desinflando. El libro sobre Philip K. Dick sigue siendo mi favorito. Me gusta mucho cuando alguien escribe una biografía y el biógrafo no es del mismo país, ni lengua, que el biografiado”.

Un detalle, antes que se escape de las teclas. “Creo que ese libro, la biografía de Philip K. Dick, de hecho, inventó al Carrère que conocemos (”Es muy probable que fuese en ese libro que di con la voz por la que se me conoce hoy”, dijo Carrère al diario El País)”, cierra Díaz Oliva.

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