Catalina Abbott y su juicio con la viña Viu Manent: "Es como una violación constante a mi derecho y mi persona"

CATALINA ABBOTT-POSANDO-SANTIAGO

CATALINA ABBOTT - ARTISTA CHILENA - SANTIAGO - CHILE

La pintora revela las repercusiones personales que le ha acarreado el conflicto. Ahora, exige explicaciones por una réplica de sus ilustraciones en China.


Fue el 11 de abril de 2018, cuando la reconocida artista plástica nacional Catalina Abbott presentó la primera demanda en contra de la Viña Viu Manent, a la que acusó de utilizar sin autorización una de sus obras, llamada "el rey". Varios años antes, el 2003, ella había desarrollado una serie de ilustraciones para que sus entonces amigos, José Miguel y Lorena Viu, usaran en las etiquetas de su vino "Secreto", por las cuales le pagaron poco más de un millón de pesos. Pero el rey no estaba entre ellas. La justicia en primera instancia acogió la acción y condenó a la bodega a pagar una indemnización de 8.000 UTM (unos $386 millones) por los daños materiales y morales.

Sin embargo, la pintora inició ahora una nueva arremetida en contra de Viu Manent: hace dos semanas, exigió que la viña revele una serie de documentos en relación a la venta de una línea de vino en China. Se trata de "Petit Secreto" en cuyas etiquetas aparecen ilustraciones atribuidas a la artista, en circunstancias que, dice Abbott, no es así.

La pintora no solo está molesta, sino que enumera una serie de repercusiones emocionales, familiares y de salud que, dice, le ha traído este conflicto con la compañía vitivinícola. Para ella, a pesar de haber ganado la demanda por el uso de "el rey", la bodega sigue incumpliendo "absolutamente todo. Siguen distribuyendo el vino. Siguen haciendo merchandising, y lo de China lo acabamos de descubrir con Petit Secreto es un ejemplo de lo mismo. Ellos crearon un Secreto chico".

Entiendo que ahora ustedes acusan que ellos han usado las etiquetas del vino como papel tapiz de baño.

Usaron mi personaje del rey, que es el de los $380 millones, ellos lo convirtieron en un Viejo Pascuero. Hicieron una tarjeta de Navidad y le cortaron la cara. También hicieron una gigantografía y le cortaron la cara para que la gente se metiera adentro y se sacara una foto. Eso para mí es que me cercenen la cabeza.

Todo esto ha sido una burla. La gente que me quiere y que me sigue está a mi favor, porque se dan cuenta. Pero también están los haters (odiosos) que piensan que estoy aprovechándome y no es así. Yo no pedí esa cantidad de plata, fue la jueza la que lo dictaminó. Si a alguien no le parece, tiene que ir a hablar con la jueza.

Usted dice que esto le ha traído muchas repercusiones. ¿Cuáles han sido?

La obra de un artista es el artista mismo. No es lo mismo que un diseñador. Ese personaje que está allí en la etiqueta, soy yo. Entonces, al violarlo tantas veces es como si me hubiesen estado robando un pedazo de mi alma y corazón. En una obra siempre entrego todo mi ser. Es como una violación constante a mi derecho y mi persona. No solo al derecho de un artista, sino que también a una persona, porque como ser humano esto a mí me ha destruido absolutamente. Tal ha sido la gravedad de lo ocurrido que llevo un año sin pintar, y sufriendo una enfermedad de fibromialgia, que te produce un fuerte dolor. Por supuesto, también ha producido un dolor enorme a toda mi familia. Ha provocado también una baja económica considerable, porque los artistas no comemos, vivimos al día, sobre todo en Chile. Pero a mí me va bien. A mí no me produce ningún placer ganar esa tremenda cantidad de plata. Me podría dar una cierta tranquilidad, pero no me pueden devolver lo mal que he estado en un año y medio, y todavía falta. Es como si un pedazo mío lo tuviera otra persona. No puede ser que mis derechos que vienen del don que Dios me dio, fuera propiedad de otra persona.

En un principio, existía una relación de amistad con los controladores de la viña Viu Manent...

Sí, se fue complicando con el tiempo. Llegamos a un punto en que no hubo más diálogo y hubo que pasar a abogados y la cosa fue más allá de lo que quería. Yo quería un acuerdo conversado y la otra parte no lo quiso.

¿Qué lecciones saca de este episodio?

Ahora la gente la pensará dos veces antes de hacer daño, porque le puede llegar una demanda. Nunca dimensioné lo que estaba haciendo, hasta que salió la sentencia. Los artistas son muy poco fijados en la plata, y dije: chuta, parece que era más plata de la que creía. Eso es porque hay una ley en Chile que protege los derechos de autor, lo que pasa es que nadie la cumple. Pero doy gracias a Bernardita Dittus (abogada) y al estudio Carey que en todo momento no me han soltado la mano.

¿Se ha sentido apoyada por artistas chilenos que han seguido tu caso?

Sí. Hemos hecho reuniones con muchos artistas, muy conocidos. Nos hemos juntado con Gonzalo Cienfuegos, Benjamín Lira y Hernán Gana para conversar sobre nuestros derechos y también muchos han contado de las violaciones a sus derechos de autor que le han tocado y piensan tomar medidas.

Queremos también unirnos con otras organizaciones y dar charlas y decirle a la gente que no firme cualquier cosa. Yo lo firmé porque era mi amigo. Es como si tu hermano o hermana te diga: fírmame acá. Tú nunca pensarías que esa firma era para robarte todo. Además es inconstitucional, porque hay derecho de los artistas que son irrenunciables. Es como si te digan que no eres la madre de un hijo, cuando es un cuadro que yo lo parí. Puedo entregarlo en adopción, pero sigue siendo mi hijo. Lo mismo pasa con una obra.

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